Página 27 - Julio Torri. Vouyerista desencantado2

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mí en
El Universal.
Me llamaba "el cuentagotas". De tiempo atrás,
tenía una mala impresión mía. Juzgaba que era, junto con Jesús T.
Acevedo, un juerguista. Tomábamos —decía— un poco de filosofía en
su casa y nos íbamos a divertir en malos barrios. En mi próximo libro,
si llega a aparecer, dedico varios textos —poemas— a la juventud de
aquella hora. ¡Ya verá! Los salones de baile —a los que se refería
Caso— se hallaban en casas elegantes y equívocas. En ellos —afirmaba
Acevedo— los jóvenes se curaban de la timidez y adquirían buenas
maneras. La sociedad mexicana de entonces era muy cerrada. No había
que despreciar ninguna ocasión de intimar con la mujer, la cual, en cual-
quier situación que la coloque la vida, es la misma redonda maravilla.
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Sin duda "La oposición del temperamento oratorio y el artístico"
constituye un ensayo terriblemente sangriento contra Caso. Lo tacha
de intrascendente, de efectista, de incapaz de sentir verdadera devoción
literaria, de acometer lecturas buscando buenas frases que le servirían
de citas; sin embargo, en 1920 publicó en
México Moderno
un artículo
elogioso en torno a Caso; y luego, el tiempo todo lo borra y de viejos
los hombres sensatos se tornan más comprensivos y humildes. En su
discurso académico, Torri restañó agravios al destacar las importantes
colaboraciones de su compañero ateneísta en la
Revista Moderna. °
El libro sobre su juventud no apareció nunca. Tampoco aparecieron
otros proyectos de los que hablaba. Torri no perdió su timidez algo
enfermiza. Adquirió modales refinados, si acaso antes no los tenía. Y al
comentar las razones por las cuales se le criticaba, aludió a las inquie-
tudes eróticas que, según Alfonso Reyes, eran causa que escribiera poco:
Ya apenas salía de la infancia Julio Torri, graciosamente diablesco, duende
que apagaba las luces; y luego, terso y fino, tallado en diamante con
las rozaduras del trato, no admite más reparo que su decidido apego al
silencio: acaso no le den tregua para escribir las "cosas de la vida",
como suele decirse, la tiranía de aquel "amo furioso y brutal" que tanto
nos hace padecer.
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El propio Torri le dictó la idea con una confidencia: ".. .yo también
he tenido mi espíritu esclavizado por la carne y por esto no escribo
más, aunque no dejo de hacerlo siempre".
p
1 5
Carballo, Emmanuel:
op. cit.,
p. 145.
0
Gracias a su talento, al criticarse mutuamente, no falseaban la verdad. Tal
vez la agudizaban.
1 0
Reyes, Alfonso:
op. cit.,
pp. 43-44.
p
Seguramente escribió numerosos textos que nunca entregó a la imprenta,
insatisfecho con los resultados finales. Esto se confirma tanto en su correspondencia
como en las escasas entrevistas periodisticas que concedió. Un ejemplo concreto
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