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Colección Bitácora de Retórica
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del ISHR
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Obras fundamentales
de la tradición retórica occidental
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Colección Bitácora de Retórica
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Helena Beristáin. Alusión, referencialidad, intertextualidad.
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Helena Beristáin (compiladora). Lecturas retóricas de la sociedad.
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Helena Beristáin (compiladora). El abismo del lenguaje.
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Helena Beristáin y Gerardo Ramírez Vidal (compiladores). La dimensión retórica del texto literario.
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Grupo M. Figuras, conocimiento, cultura. Ensayos retóricos .
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Mauricio Beuchot. Retóricos de la Nueva España
México: UNAM, 1996, 89 pp.
ISBN968-36-5234-8
Se presentan aquí algunos ejemplos del uso de la retórica en la Nueva España, mismos que exponen la evolución y giro final experimentado por dicha disciplina entre los siglos XVI y XVIII.
"...Y es entonces cuando la retórica realiza todo el giro, cumple y llena todo su ámbito. No sólo para la persuasión religiosa de la fe y de la vida conforme a la fe una vez que se ha aceptado, sino también una retórica abierta a múltimples usos, más profesional, más abarcadora y dotada, no sólo para enfervorizar el templo, sino para alabar, para defender casos, para enardecer en los asuntos políticos. Trata de llevar la consabida argumentación —la participación de lo lógico— y el ornato del lenguaje —la cercanía de lo poético—, a numerosas aplicaciones diferentes. Hasta encontrar a Córdova, que no sólo expuso la oratoria en las aulas, sino que la usó para mover a los chiapanecos a unirse a los otros mexicanos que proclamaron la independencia."
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Rubén D. Medina. La otra cara de la revolución: hacia una explicación retórica de la risa.
México: UNAM, 1996, 62 pp.
ISBN: 968-36-5142-9
El propósito primordial de este trabajo es ahondar en un aspecto: la idenificación de las estrcucturas que, procedentes de distintos planos y niveles, interrelacionadas, concurren en Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia a producir un sentido global de comicidad, y a interpretar este elemento como parte de la visión del mundo que aporta el sujeto de la enunciación en el relato. Para esto se identifican los elementos de cuya presencia y de cuya combinatoria se desprenden efectos graciosos:
"Jorge Ibargüengoitia pensaba que ser humorista era una condición inalcanzable para él. Sobre todo, si se considera humorista a quien cuenta chistes con mucha gracia o, preferentemente, a quien los inventa. Él, decía, no era capaz de hacer reír con un chiste: olvidaba siempre la parte principal, mucho menos era capaz de inventar uno. Sus obras, según su propio juicio, intentaron dar cuenta objetiva de la vida; 'si la gente se ríe, peor para ella'."
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Antonio López Eire. Esencia y objeto de la Retórica.
México: UNAM, 1996, 220 pp.
ISBN 968-36-5724-9
"...El propósito de este trabajo es examinar la rehabilitación de la retórica y el privilegiado lugar que ocupa entre otras ciencias que por ella se interesan, atendiendo especialmente a las íntimas y muy fructíferas relaciones que mantiene con la lingüística y con la ciencia de la literatura o poética". |
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Artemio López, Ángeles Lara, Anne Carlson, Arnulfo Herrera, Ana María Martínez de la Escalera y Ana Goutman. Retóricas verbales y no verbales.
México: UNAM, 1997, 203 pp.
ISBN 968-36-6183-1
Este número cinco de la Colección Bitácora de Retórica responde a la idea de pluralidad e interdisciplinariedad que compartimos los fundadores de nuestro equipo de trabajo. Por ello hemos seleccionado investigaciones que ejemplifiquen la presencia o interacción de fenómenos retóricos en los discursos verbal , pictórico, musical, cinematográfico, filosófico y teatral.
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Rubén López Cano. Música y retórica en el Barroco.
México: UNAM, 2000, 264 pp.
ISBN 968-36-8163-8
"...En esta obra se abordan desde los aspectos históricos del desarrollo de la retórica, su importancia para la cultura barroca y su relación con la música y músicos del período, hasta la exposición del funcionamiento de cada una de las secciones del sistema retórico en la oratoria, literatura y música. Además se incluye todo un estudio de estética comparada en la cual se exponen definiciones y ejemplos que permiten apreciar las coincidencias y divergencias entre las figuras retóricas musicales y literarias".
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Graciela Cándano. La seriedad y la risa. La comicidad en la literatura ejemplar de la Baja Edad Media.
México: UNAM, 2000, 331 pp.
ISBN 968-36-81-90-5
“...Nos encontramos ante la más grande de las tragicomedias: la de la vida, la del mundo; ahí donde el afán de ciertos estúpidos jefes de familia por hacerse respetar se estrella contra el muro de su propia ridiculez, o los esfuerzos de los gobiernos de cualquier época y lugar por presentar una imagen digna, predominante, del mandatario en turno, se han hecho añicos contra la risa sardónica de los ciudadanos cuando éstos hacen objeto de escarnio a quien han descubierto bribón, farsante o torpe, caricaturizándolo, por ejemplo, como un reo convicto o como un orate cautivo.
"Son colectivamente cómicos el paternalista gobernante megalómano, la estereotipada locutora de televisión, el jactancioso actor mediocre, la extravagante lideresa, el galán inflado y machista, la agria monja recalcitrante o el pedante intelectual; nada pueden contra el ácido juicio de la risa popular.” |
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Geoffroi de Vinsauf. La Poética nueva. Tr. Carolina Ponce.
México: UNAM, 2000, 74 pp.
ISBN 968-36-8393-2
En 1924 salió publicada junto con otras obras en el magnífico libro de Edmund Faral tan citado por los estudiosos de la literatura mediaval Arts Poétiques de XIIe et du XIIIe siècle. Antes de esa edición hubo dos del siglo XVII; pero después de ella parece que sólo es posible localizar la de Ernest Gallo de 1971 con traducción al inglés. De ser así, entonces esta edición es la primera española, con su traducción respectiva, del texto latino, en el que se ha tratado de corregir algunas erratas que hay tanto en el libro de Faral como en el de Gallo.
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Julián Arribas Rebollo, Juan Carlos Gómez Alonso, Gerardo Ramírez Vidal, Jamile Trueba Lawand. Temas de retórica hispana renacentista.
México: UNAM, 2000, 108 pp.
ISBN 968-36-8392-4
"Una publicación que contribuye a conformar el camino de la imprescindible colaboración investigadora entre distintos países, especialmente entre México y España, unidos por una lengua común, y en ese camino es manifestación del afán de desentrañar y estudiar los mecanismos de la retórica como técnica de la comunicación".
Tomás Albaladejo |
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Gerardo Ramírez Vidal. La retórica de Antifonte.
México: UNAM, 2000, 140 pp.
ISBN 968-36-8812-8
Se presenta aquí una valoración de la retórica de Antifonte y de su contribución al desarrollo de la disciplina:
"...El primer logógrafo ateniense y uno de los primeros maestros de retórica en Atenas, destacó particularmente como un experto en la confección de discursos; se hizo célebre por su habilidad para tratar asuntos judiciales difíciles, y fue especialmente reconocido por su inteligencia.
"Por sus excepcionales cualidades oratorias y por ser el más antiguo de los oradores del canon, Filóstrato afirmaba en el siglo III d. C., que:
'Antifnonte fue un orador muy persuasivo y tenía el sobrenombre de Néstor por su capacidad de persuadir con la palabra sobre cualquier asunto'." |
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Mauricio Beuchot y Helena Beristáin Díaz (compiladores). Filosofía, retórica e interpretación.
México: UNAM, 2000, 174 pp.
ISBN 968-36-8483-1
¿Cuál es la relación entre la retórica y la filosofía? A veces se las considera hermanas; a veces se piensa que son enemigas. Sobre todo por parte de los filósofos, desde hace mucho se presenta el miedo de que la retórica se apropie de los temas de la filosofía, que acabe por devorarla y por perderla, hasta hacerla desaparecer. Tal vez no sea tan extrema esa inclusión ni esa disyunción entre ambas diciplinas. Tal vez haya que dejarlas ser diferentes, acaso complementarias. En todo caso, respetar la individualidad de cada una. A esto se han dedicado algunos trabajos que ahora reunimos, con el fin de que a otros interesados en el tema les sirvan para estimular su búsqueda.
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Luisa Puig. La realidad ausente. Teoría y análisis polifónicos de la argumentación.
México: UNAM, 2000, 117 pp.
ISBN 968-36-8505-6
Un libro que enlaza y deslinda los temas retóricos de los lingüísticos.
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Cicerón. El modelo supremo de los oradores. Tr. José Quiñones Melgoza.
México: UNAM, 200, 60 pp.
ISBN 968-36-8870-5
Con la presente traducción se persigue no sólo que Cicerón hable en español como si él mismo fuera el traductor (con mi cultura, con mis conocimientos, y dentro del ámbitode mi formación), sino que El modelo supremo de los oradores (del que hay solamente en español —por lo que sé— la traducción, hoy casi inconsegible, que don Marcelino Menéndez y Pelayo publicó desde 1879 en el primer volumen de la Biblioteca Clásica) sea más conocido en nuestro mundo hispano y sus enseñanzas, tanto retóricas (literarias) como traductivas, sean mejor aprovechadas.
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Helena Beristáin (compiladora). El horizonte interdisciplinario de la retórica.
México: UNAM, 2001, 325 pp.
ISBN 968-36-6749-X
Con la celebración del Primer Congreso Internacional de Retórica en México (Ciudad Universitaria, 20-24 de abril de 1998), se pudo constatar la enorme importancia que en los estudios humanísticos de Europa y América se otorga al fenómeno retórico, y a la diversidad de perspectivas, métodos y objetivos con que se aborda. El arte retórico es, hoy por hoy, una de las principales manifestaciones culturales de nuestro tiempo, y constituye una forma caraterística de actuar, de interpretar los actos humanos y de relacionarnos. Por ello, para evitar que el Congreso fuera sólo un acontecimiento rico en ideas pero efímero, nos dimos a la tarea de publicar en la colección Bitácora de Retórica la intervenciones que fueron hechas en esa ocasión.
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Helena Beristáin y Gerardo Ramírez Vidal (Compiladores), La palabra florida
Presentación de Gerardo Ramírez Vidal
Las imágenes de la sangre y de la guerra, las representaciones de deidades embarradas con la sangre de los sacrificados, los ídolos monstruosos y aterradores y las historias de las constantes luchas encarnizadas de los pueblos indígenas en la búsqueda del poder, dan una idea distorsionada y torcida del mundo antiguo mesoamericano, completamente opuesta a la representación idílica del mundo clásico y de la tradición que de él proviene. Ante las obras maravillosas de un Homero o de un Fidias, las manifestaciones culturales aborígenes de América son reducidas a la barbarie y a lo grotesco, por más que se quiera justificar que la carne humana es deliciosa y nutritiva.
En nuestro imaginario sobre nuestros antepasados sobresalen los castigos y los trabajos para los niños; el esfuerzo físico, el valor y el arrojo entre los hombres, la obediencia y la sumisión a los superiores y a los dioses, más que la inteligencia y el libre albedrío. Todo este imaginario colectivo es resultado de un proceso colonialista tan eficaz que todavía no logramos desembarazarnos de él, a pesar del esfuerzo de los estudiosos del mundo mesoamericano por corregirlo. Sin embargo, una evidencia que la conquista no pudo suprimir y que se encuentra todavía viva refuta lo anterior: el lenguaje. La elaboración y el refinamiento que alcanzaron, por ejemplo, el náhuatl y el maya, entre otros idiomas, constituye la prueba más objetiva del papel que jugaron y juegan los actos de habla en las sociedades aborígenes de antes y de hoy. No por nada una de las representaciones más conocidas del mundo antiguo mesoamericano es el de la palabra, a través de la célebre y plástica voluta empleada para indicarla, y que también aparecerá como signo fonético en los topónimos nahuas, como por ejemplo en el de “Cuauhnáhuac”. Ahora podemos saber también que la ascensión al poder y la legitimidad del poder en el altiplano en el México antiguo se basaba más en una política de vínculos matrimoniales que en la guerra, y asimismo deberá subrayarse que la palabra constituía el mecanismo por excelencia de las relaciones públicas y privadas, más que los golpes y las armas.
Desgraciadamente la concepción y la función de la palabra en las sociedades indígenas no han llamado particularmente la atención entre los estudiosos. Por ejemplo, entre los atributos del gobernante se mencionan el de ser cabeza del reino, capitán de los ejércitos, “principal oficiante de las ceremonias”
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o mediador ante los dioses para el buen logro de las cosechas, pero en general no se menciona un rasgo característico: el de ser el poseedor por excelencia de la palabra. Tal vez no se tome en cuenta porque la palabra se encuentra implícita en cada uno de sus atributos, es connatural a la propia función real.
La primera parte del libro que ahora presentamos tiene también como uno de sus propósitos superar esa torcedura de la cultura dominante, sin intentar justificarla o enmendarla, aun cuando se debe señalar que ese imaginario, donde lo grotesco aparece como la esencia de un pueblo, ha sido el producto de un mecanismo colonialista de carácter retórico muy efectivo y duradero. Desde mi punto de vista, la importancia de esta publicación consiste precisamente en poner en el centro del debate la naturaleza y la función del lenguaje en la tradición indígena, asunto que se aborda en la primera parte del libro.
Algunos de los estudios de esta parte tocan aspectos de lo que podríamos llamar “la retórica en la lengua”, esto es la potencialidad o las características retóricas inherentes que existen en los idiomas, como la riqueza del vocabulario y la flexibilidad para expresar la temporalidad, la diátesis y la modalidad. Otros, la mayoría, tratan aspectos de la “retórica de la lengua”, esto es, los actos retóricos, los usos particulares, las técnicas empleadas por los usuarios en su actividad comunicativa cotidiana, como el estilo, las figuras literarias, el orden del discurso y los temas, entre otros.
Para ejemplificar el primer fenómeno me limito a mencionar el texto de Paula Gómez sobre el asertor de registro formal característico del idioma huichol, que consiste en un morfema modal mediante el cual se resalta la importancia que tiene para el receptor lo que se dice, y que es un fenómeno modal comunicativo y retórico: el modo no manifiesta sólo la actitud del hablante (seguridad, posibilidad, necesidad o deseo), sino que también involucra al oyente. Así, en huichol se puede decir simplemente “llueve”, pero también se puede agregar un morfema modal que implica que el oyente debe atender al aviso que se está dando. En español tendríamos que utilizar una expresión que tal vez podría ser “no salgas que está lloviendo”. Johansson analiza también algunos rasgos de la lengua náhuatl, como el dinamismo verbal, ejemplificado en la palabra nanacaztlachixtihuitze, que debería traducirse por “vienen con prisa furtivamente viendo de un lado y de otro”, en referencia a los españoles.
En este campo hay mucho todavía por estudiar. En cambio, hay un avance significativo en los estudios sobre la retórica de la lengua. El mismo Johansson hace un recuento de diversos procedimientos retóricos, y en general así lo hace la mayoría de los estudiosos de la primera parte del libro, en que abundan las cuestiones de estilo, sobre todo el lenguaje metafórico.
Pero no sólo las civilizaciones antiguas mesoamericanas habían creado lenguas eficaces y ricas que causaron la admiración de los europeos. También se desarrollaron teorías retóricas, aunque estas artes son más difíciles de estudiar, pues estuvieron más expuestas a la destrucción, como sucedió a la larga con otras artes, como la pintura, la orfebrería, la literatura. Miguel León Portilla hace una reconstrucción de diversos aspectos de la retórica náhuatl a partir de los discursos conocidos como huehuetlahtolli, o antigua palabra. Como es de lo poco que sobrevivió a la destrucción del arte de la palabra, representa un testimonio singular de lo que pudo haber sido ese arte entre los nahuas. Me permito señalar que el huehuetlahtolli no es un discurso que hubiera sido realmente pronunciado, sino que se trata de un modelo, pero más universal que los modelos que fueron elaborados en la Grecia clásica. En estos últimos se señala como debía decirse un discurso en una circunstancia específica, por ejemplo, qué tópicos debía emplear un acusado en un proceso por homicidio. En el caso del huehuetlahtolli se presenta también que podría decir una joven a sus padres, pero no se trata de un discurso ficticio como si realmente hubiera sido pronunciado, sino que ahí se desmenuzan las diferentes expresiones que podrían utilizarse en el caso específico; se presentan varias posibilidades argumentativas. La naturaleza didáctica de tales modelos es evidente a primera vista.
Esa naturaleza didáctica está corroborada por el hecho singularísimo de que en el Calmécac se enseñaba retórica. Los testimonios recogidos por Sahagún subrayan en particular los trabajos físicos en esa escuela pública, pero resulta sorprendente que la educación para el desarrollo intelectual casi esté ausente. De cualquier modo, queda claro que los principales puestos, desde los jefes de grupo y los directivos de la escuela hasta, ya fuera de la ella, el propio soberano, tenían como requisito indispensable para alcanzar las responsabilidades cada vez más altas la facultad de expresarse bien. A ello se debe que el título de Huey Tlatoani sea precisamente del “Gran orador”. Se trata de un hecho inusitado en la historia del género humano. En la cultura grecorromana la capacidad para hablar resultaba indispensable, pero hay una diferencia con el caso náhuatl, y tal vez mesoamericano: entre griegos y romanos la retórica servía como fin: se aprendía retórica para persuadir y tener poder; en el segundo era la causa: se persuadía y se era poderoso porque se tenía la retórica. La retórica entre los aztecas se empezaba a adquirir desde el seno materno. El pájaro no tiene alas para volar, sino que vuela porque tiene alas, decía nuestro querido Antonio López Eire en referencia al Sobre la corona de Demóstenes.
El huehuetlahtolli es estudiado por Lilian Álvarez para demostrar el carácter elevado y afectuoso y humano de esos textos, que no eran la coerción y la violencia de los mayores y los poderosos a los hijos y al pueblo llano, como permitiría pensar una sociedad rígidamente jerarquizada, sino el consejo sincero que podía o no podía seguirse. Obviamente existían las órdenes, el mando, esto es, la retórica como manifestación del poder. Varios artículos de este libro se refieren a este aspecto esencial de la palabra retórica, como sucede con la lengua suyúa; otros abordan su papel como cohesionador de las sociedades.
No es, sin embargo, mi propósito hacer reseña de lo que el libro contiene, sino de observar algunas de las líneas de investigación que en él se descubren, además de subrayar que se trata de una contribución, que muy lejos está de querer agotar el tema. Pero creemos necesario que este campo de estudios en el mundo indígena está abierto a los estudiosos y permitirá describir un mundo que no es el del horror y de lo horrendo, que es diferente a las imágenes impuestas o autoimpuestas. Es como si la Grecia clásica se describiera sólo por las gorgonas, los cíclopes, los dioses embusteros y libidinosos; por los infanticidios, las masacres y la homosexualidad, vista desde nuestros juicios y prejuicios.
La segunda parte del libro continúa enriqueciendo nuestros conocimientos sobre lo que fue tanto transposición de los modelos retóricos europeos como la alteración de esos modelos por causa de las nuevas condiciones: el público. Contiene contribuciones de gran interés, como el trabajo sobre las relaciones geográficas del siglo XVI, documento que se observa como producto de la tradición retórica, o un nuevo enfoque sobre la Retórica Cristiana de Diego Valadés, en que se analiza, desde una óptica cibernética, la nemotecnia ideada por el ilustre franciscano.
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