La teosofía moderna forma parte de la variedad de ocultismos que se desarrolló a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Por ocultismo se entiende, en primer lugar, una manifestación de lo esotérico en tiempos de modernidad, con las correspondientes contingencias contextuales que esto supone. En segundo lugar, el ocultismo se refiere a la dimensión práctica de lo esotérico: el ocultista, mediante una purificación ética y el fortalecimiento de su fuerza de voluntad, puede desarrollar facultades ocultas
y practicar una serie de “ciencias ocultas” mediante las cuales puede tener incidencia en el mundo.
Ahora bien, la teosofía moderna no constituye una corriente monolítica, sino que tiene distintos momentos en su desarrollo doctrinal, con sus respectivas particularidades y discontinuidades. Algunos estudiosos2 proponen una división en términos de “generaciones”. La primera generación teosófica tiene como líderes a Blavatsky y al general Henry Steel Olcott (1832-1907) y su comienzo puede datarse en 1875, con la fundación de la Sociedad Teosófica en la ciudad de Nueva York. Esta primera generación sienta las bases doctrinales de la corriente, distinguiéndose conceptualmente del movimiento espiritista y proponiendo su propia explicación con respecto a los fenómenos producidos durante las sesiones. Asimismo, establece los objetivos principales de la Sociedad, en los cuales se evidencia su vocación ecuménica:
- Formar un núcleo de Hermandad Universal sin distinción de raza, credo, género, casta o color.
- Fomentar el estudio comparativo de la religión, la filosofía y la ciencia.
- Investigar las leyes no explicadas de la naturaleza y los poderes latentes en el hombre.
Un primer texto fundacional donde se expone la doctrina teosófica es Isis sin velo escrito por Blavatsky (con la ayuda de supuestos "medios ocultos") y publicado en 1877. El polo espiritual que funge como principal referente de este libro es el “neohermético”, con su correspondiente imaginario egipcio. Sin embargo, los intereses de los fundadores viraron hacia el Oriente, por lo que la sede de la Sociedad se trasladó a India, con el establecimiento del cuartel general en Adyar, cerca de Madrás. A partir de este momento, se acentúa el interés de los teósofos por las tradiciones filosóficas y religiosas del subcontinente indio, lo cual redundó no sólo en la recepción de sus contenidos temáticos (reencarnación, karma, cuerpos sutiles, ciclos temporales, etc.), sino también en un activismo en pos de la protección de sujetos y textos vinculados con dichas tradiciones en el contexto del colonialismo británico y sus políticas de evangelización. Dos ejemplos de lo anterior son el involucramiento de los teósofos (sobre todo Olcott) con la comunidad budista de Colombo, Ceylán, y la fundación de una biblioteca en Adyar, donde se dio resguardo a muchos textos asiáticos valiosos. La publicación en 1888 del libro La doctrina secreta, obra magna de Blavatsky, marca el viraje de la doctrina teosófica hacia el “polo espiritual” oriental.
Luego del fallecimiento (o "desencarnación", según la terminología teosófica) de los líderes de la primera generación y el comienzo de una ruptura al interior de la organización de la Sociedad, se perfila una “segunda generación teosófica” con un nuevo liderazgo en las figuras de Annie Besant (1847-1933), una oradora y activista británica vinculada al socialismo, al feminismo y al independentismo indio, y Charles W. Leadbeater (1854-1934), originalmente un clérigo de la Iglesia anglicana, institución que abandonó luego de interesarse por el ocultismo. Este momento del desarrollo de la teosofía está marcado, en primer lugar, por la “cristianización” de los contenidos doctrinales del movimiento, previa atenuación del orientalismo blavatskiano. En segundo lugar, tanto Besant como Leadbeater impulsan una directriz milenarista en la Sociedad, que tiene por objeto el posicionamiento mesiánico del joven Jiddu Krishnamurti (1895-1986), “descubierto” por Leadbeater, a través de su supuesta clarividencia, como el “Instructor del Mundo”. Para este propósito, los líderes de la segunda generación teosófica crearon en 1911 la Orden de la Estrella de Oriente (O.E.O.) en el seno de la Sociedad Teosófica en Adyar, asociación que tuvo una buena recepción entre los teósofos del mundo panhispánico.
En el caso particular de México, la institucionalización de la teosofía comenzó a darse a principios del siglo XX como resultado de la organización de algunos sujetos interesados en esta doctrina, quienes se nuclearon primero en el contexto de los círculos espiritistas, para luego conformar las primeras logias teosóficas en el país, entre las cuales resalta la Logia Aura, fundada en 1906 en la Ciudad de México. A inicios de la década de los veinte, se advierte la presencia de la vertiente krishnamurtiana en los círculos teosóficos mexicanos con el establecimiento de la O.E.O.
Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez
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