Lo que se considera el espiritismo moderno tiene sus primeras manifestaciones en Estados Unidos de Norteamérica. En 1848, en el pueblo de Hydesville, de Nueva York, las hermanas Kate (1837-1892), Margaret (1833-1893) y Leah (1814-1890) Fox refirieron fenómenos sobrenaturales, como golpes y ruidos sin explicación aparente. Posteriormente, las tres hermanas, junto con su madre, establecieron una dinámica de comunicación mediante la imitación de los sonidos que, a su vez, eran replicados a modo de respuesta, con claves y códigos para descifrar los mensajes. De aquí se desarrolló un movimiento al que se conoció como “espiritualismo” (Spiritualism), fundado en esta clase de manifestaciones, además del levantamiento de mesas y la traslación de objetos, entre otros. Pero en el espiritualismo estadounidense no tuvo consenso doctrinal más alla de la posibilidad en la comunicación con los espíritus de los muertos y la creencia en Dios1.
La vida después de la muerte hizo parte de la creencia de los espiritualistas y como prueba de aquello presentaban las comunicaciones con espíritus como la evidencia de esto. Para figuras femeninas líderes del movimiento espiritualista como Emma Harding Britten (1823-1899) o Cora Richmond (1840-1923) el mensaje original de los espíritus entregados por los médiums era simplemente que la individualidad humana sobrevivía a la muerte y podía comunicarse desde el más allá, vale la pena aclarar que en las creencias cristianas de Estados Unidos la supervivencia del alma era una corriente de pensamiento ya consolidada, por esto, el espiritualismo no presentaba una ruptura total o definitiva con las creencias religiosas del contexto donde este movimiento se originó 2
Dicha doctrina llegó a diversos países de Europa, como Inglaterra, Alemania y Francia. En este último lugar, el profesor y pedagogo León Hipolito Denizard Rivail (1804-1869), posteriormente conocido como Allan Kardec, sistematizó los fenómenos y les otorgó una explicación filosófica, científica y moral en obras como El libro de los espíritus (1857), El libro de los médiums (1861) y El evangelio según el espiritismo (1864), además de asignarle el nombre “espiritismo” (spiritisme) para diferenciarlo de la acepción más conocida referente a la existencia del espíritu, como sustancia o esencia, más allá de los hechos físicos. En palabras de Kardec, “el espiritismo tiene por objeto las relaciones del mundo material, con los espíritus o seres del mundo invisible”3. La doctrina espiritista sustentaba la idea de Dios como inteligencia suprema y la existencia de los espíritus como creaciones de ese ser superior. De ahí, se deriva la concepción de un universo triádico conformado por un Dios creador, el espíritu y la materia, y como mediador, un cuarto elemento: el fluido. Junto a este principio, hay que señalar tres ideas esenciales: “Primero, que existen dos mundos, el mundo espiritual y el mundo material, los cuales pueden comunicarse entre sí; segundo, que la materia y el espíritu se comunican gracias a un intermediario, el “periespíritu”; y, finalmente, la ley “nacer, morir, renacer y progresar incesantemente”4. A estos principios, habría que añadir el elemento práctico, es decir, la actividad mediúmnica como la vía más directa de comunicación con el mundo invisible que involucra diversos fenómenos físicos y psicológicos.
Algunos historiadores5 señalan la presencia del espiritismo en nuestro país desde la década de los cincuenta del siglo XIX. No obstante, coinciden en que la doctrina comienza a tener una mayor presencia en México a finales de la de 1860, de la mano del general liberal Refugio I. González (1814-1892), quien fundó el periódico La Ilustración Espírita, en Guadalajara en el año de 1868, siendo trasladado a Guanajuato en 1869. La publicación gozó de una muy buena recepción en la Ciudad de México, donde tuvo dos etapas: 1872-1879 y 1888-1893, año de su desaparición. En 1872, González, en compañía de Manuel Plowes (1812-1875) y Santiago Sierra (1850-1880), fundó la Sociedad Espiritista Central, centro de organización y dispersión de la actividad espiritista nacional. Su rápida aceptación entre los liberales, la facción política predominante en la época, se debió a que armonizaba la creencia en un Dios todopoderoso con la libertad individual, sin intermediación de la Iglesia, el conocimiento científico y la moral, dirigidos al progreso humano.
En el ámbito panhispánico, los espiritistas emplearon el término "espírita" en sus publicaciones para referirse al espiritismo kardeciano, tal como se ejemplifica en la revista El Siglo Espírita o en el libro de Francisco I. Madero (1873-1913) titulado El manual espírita (1911).
Dra. Dulce Adame González y Lic. Ana María Mancera Rodríguez
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