Su obra se puede consultar en el acervo/repositorio: Hemeroteca Nacional de México
Fue el cuarto de los cinco hijos de Concepción Méndez Echazarreta, nieta del entonces gobernador de Yucatán, Santiago Méndez (1798-1872), y del prolífico escritor Justo Sierra O’Reilly (1814-1861). Ahí, en la ciudad portuaria de Campeche pasó su primera infancia e inició sus estudios, hasta que, en agosto de 1857, una turba iracunda contra don Santiago Méndez, su abuelo, por oponerse a la formación del nuevo estado de Campeche y pugnar por la unidad de Yucatán, irrumpió y saqueó su casa, ante los ojos azorados de él y de su hermano Justo (1848-1912). Presenció entonces una escena dramática: el incendio de la biblioteca familiar compuesta de archivos, obras inéditas, libros antiguos de gran valía y hasta textos mayas prehispánicos (aseguran algunos), además de una extensa producción literaria de su padre. A causa del ataque a la casa familiar, los Sierra Méndez huyeron de Campeche para establecerse en Mérida. Pero a pocos años de su llegada, en 1861 la muerte alcanzó a su padre, por lo que su hermano mayor, Justo Sierra, tuvo que migrar a la Ciudad de México.
En abril de 1863, el resto de la familia Sierra Méndez se traslada a vivir a Veracruz. La formación intelectual de Santiago será, sobre todo, autodidacta. En 1865 viaja por primera vez a la Ciudad de México, donde radicaba su hermano Justo. En la Capital del país, desde 1858, circulaba ya la publicación francesa Revue Espirite, fundada por Allan Kardec (1804-1869), que había despertado gran interés en el círculo de intelectuales y políticos entre los que se encontraban los hermanos Sierra.
Su estancia en la ciudad de México duró sólo nueve meses. A su regreso a Veracruz, Santiago se involucra en el trabajo editorial como corresponsal de periódicos republicanos, y también, de manera activa, en las logias masónicas con las que lleva a cabo proyectos periodísticos literarios y políticos. Según Ángel Fernández: “en el Estado de Veracruz, y desde el seno mismo de las instituciones públicas, los escritores y artistas noveles cumplirían funciones o comisiones en tenidas masónicas, en oficinas de gobierno o dentro del círculo del poder político, en cuyo control y preeminencia se ponía en juego el presente y el porvenir de muchos de estos actores”1. De manera que Santiago, se convirtió en uno de esos escritores noveles que asumió una suerte de “trabajo ideológico en el seno de las sociedades secretas como la masonería”2.
En 1868 sale a la luz su primer proyecto editorial veracruzano: La Guirnalda. Periódico de literatura y variedades. Además de Santiago Sierra, figuraron como redactores principales del periódico Antonio F. Portillo y José G. Zamora, y tuvo colaboraciones de escritores como Guillermo Prieto (1818-1897), Ignacio M. Altamirano (1834-1893), Juan A. Mateos (1831-1913) y Justo Sierra, hermano del editor. Un año después, en 1869, sale a la luz Violetas. Periódico literario, los redactores fueron Manuel Díaz Mirón (1821-1895), Antonio F. Portilla, Rafael de Zayas Enríquez (1848-1932) y, por supuesto, Santiago Sierra. En las páginas de este periódico veracruzano publicó las primeras versiones de una serie de relatos –cuentos y novelas cortas– que se sitúan en el umbral entre la literatura de inspiración espiritista y la literatura al servicio propagandístico de la doctrina de Kardec3. En la época en que se redactó el periódico, los hermanos Sierra estaban muy involucrados con la masonería, por lo que probablemente de sus vínculos con esa logia, Santiago recuperó motivos esotérico-ocultistas para nutrir sus primeras ficciones fantásticas. Ángel Fernández apunta que “el elemento aglutinador” del grupo literario redactor de Violetas —y de su antecedente, el periódico La Guirnalda (1868)— fue “la querencia ritual y la práctica efectiva del espiritismo [...] y, por supuesto, junto a estas inclinaciones esotéricas, y con el mismo empuje, también los identificó su activa participación dentro de las logias masónicas”4. El periódico Violetas sobrevivió sólo hasta enero de 1870.
En 1871 inicia la inmersión decisiva de Santiago en los misterios del espiritismo kardeciano. En una carta fechada el 31 de marzo de 1872 y dirigida al barón de Gostkowski (ca. 1840/6-1901), Ignacio Manuel Altamirano refiere que el hermano menor de Justo, en los últimos meses, había estado “entregado a las experiencias de Allan Kardec, y parece que con un éxito que le promete elevarse al pontificado de ese culto, que tiene, como todos, sus fanáticos y enemigos”5. En efecto, entre 1871 y 1872, Santiago se dedicó con fervor a la lectura de la obra de Allan Kardec. Y en agosto de 1872 funda, junto con Manuel Plowes (1812-1875) y Refugio I. González (1814-1892), la Sociedad Espírita Central de la República Mexicana, cuya pretensión fue la de sistematizar y regular el adoctrinamiento del espiritismo kardeciano en México, cuyas ideas ya circulaban en nuestro país, desde 1870, a través del periódico La Ilustración Espírita.
En septiembre de 1868 empieza a editarse el periódico La Luz en México, órgano oficial de la Sociedad Espírita, que alterna su circulación con La Ilustración Espírita, apareciendo los días 8 y 23 de cada mes. En el primer número de La Luz en México (8 de septiembre de 1872) se difunden, firmados por Santiago Sierra y los otros dos integrantes de la Sociedad, el “Credo religioso y filosófico de la Sociedad Espírita Central de la República Mexicana” y su “Reglamento”; al inicio del Credo se declara: “1o. No hay uno solo de sus miembros que no haya debido a las obras de Allan Kardec su instrucción espiritista”6. En el mismo “Credo” se expone claramente el compromiso que asumió Santiago de promover la doctrina de Kardec a través de “cuantos medios lícitos estén a su alcance”, así como el carácter pedagógico de esa misión, pues se proponían “explicarla, demostrarla y dilucidarla, empleando en esto los socios toda su instrucción” 7. A partir de ese año, 1872, Santiago Sierra firmará varios de sus textos bajo el seudónimo de Eleutheros, el nombre que adoptó como médium espiritista.
Dos años más tarde, en 1874, Santiago contrae matrimonio con Tarsila González, hija de su colega y principal divulgador del espiritismo kardeciano en México, el general Refugio I. González. Este vínculo familiar fortaleció su inmersión y compromiso con la doctrina kardeciana. Los años siguientes, Santiago Sierra se dedicó con fervor a la difusión del espiritismo por medios editoriales. En 1877 abre su establecimiento de imprenta y tipografía: “Santiago Sierra, tipógrafo”; entre las publicaciones que sacó se encontraba La Ilustración Espírita, La Época, La Libertad y El Mundo Científico. La imprenta cerró en 1878 ya que Santiago asumió una misión diplomática que derivó en un fuerte enfrentamiento con Leonardo López Portillo (1820-?). En apoyo de López Portillo, Ireneo Paz (1836-1924) inició con ataques a Santiago Sierra, mediante publicaciones en la prensa. Con tono satírico, Paz se burló, entre otras cuestiones, de la honda creencia de Santiago Sierra en el espiritismo kardeciano.
El fuego cruzado en la prensa por desavenencias políticas entre Ireneo Paz y los hermanos Sierra Méndez, especialmente contra Santiago, se recrudeció. El 27 de abril de 1880, en la Hacienda de San Javier, en Tlalnepantla, a las ocho de la mañana, tuvo lugar un duelo entre Ireneo Paz y Santiago Sierra. Ése fue el día en el que, según el espiritismo, el espíritu de Santiago Sierra desencarnó a partir de la muerte de su cuerpo, provocada por una bala de la pistola de Ireneo Paz.
Dra. Alejandra G. Galicia Martínez
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