Es descendiente de españoles e ingleses. Su padre, Mateo Plowes y Sevilla se instaló en México en 1804. Manuel Plowes fue el primogénito y nació en San Blas, Jalisco, el 20 de enero de 1812. Desde joven se unió al ejército, donde hizo carrera. En 1823 se traslada a la Ciudad de México, donde tiempo después se casa con María Francisca Valero Sánchez (nacida en Barcelona en 1820). El matrimonio Plowes tuvo siete hijos, de los cuales resaltamos a Esther, la menor, nacida en León el 26 de diciembre de 1852, porque más adelante ella se vincula al movimiento espiritista (Sociedad Espírita de Señoras). En 1839 comienza a trabajar en las labores de delimitación administrativa de los territorios nacionales (especialmente los estados de Guanajuato y Michoacán).
Por cuestiones laborales se traslada a Guanajuato, donde se desempeña como supervisor de Obras Públicas, lo cual implicó labores de agrimensura, hidromensura, mecánica, arquitectura, ingeniería y la instalación del telégrafo1 en el estado; es decir, que Plowes fue un "modernizador" del joven México independiente. También formó parte del Cuerpo de Ingenieros del Ejército y del Colegio Nacional de Minería, aunque se separó del ejército en 1862, a los 50 años. Durante el Segundo Imperio, Plowes toma partido por Maximiliano (1832-1867) y trabaja como empleado de su gobierno, por lo que posteriormente, ya en contexto juarista, recibe un castigo político.
En cuanto a su relación con las corrientes esotéricas, se destaca, en primer lugar, su filiación a la masonería (Logia Escocesa), evidenciada durante la ceremonia de su inhumación el 22 de septiembre de 1875. De acuerdo con la investigación de José Esteban Hernández Gutiérrez, el diario El eco de ambos mundos publicó, en su sección de “Funerales”, lo siguiente:
Ayer á las 10 de la mañana fueron conducidos al sepulcro, los Sres. Francisco Salas y el general Manuel Plowes; el primero como decíamos ayer, joven apreciable por sus virtudes, y el segundo hombre de honrosísimos antecedentes: fueron acompañados en aquel triste y último adiós por sus numerosos amigos, por los miembros de las sociedades á que pertenecían, y por los masones del rito escocés que los contaban entre sus columnas.En el panteón del Campo Florido donde se enterró al Sr. Salas, nuestro co-redactor Gustavo Baz, pronunció un discurso a nombre de las logias escocesas de México; enterrado al Sr. Salas, la comisión siguió al panteón Francés, en donde algunos miembros del círculo espírita, dirigieron sentidas alocuciones, lo mismo que el Sr. Malda á nombre de los hermanos del Sr. Plowes.
Por demás es decir que los finados eran dignos de todas estas tan altas distinciones. 2
En segundo lugar, Manuel Plowes se vincula con el espiritismo en la etapa final de su vida. Hernández Gutiérrez atribuye la búsqueda de la espiritualidad en Plowes a los “momentos de vulnerabilidad” personal, económica y profesional que vivió como consecuencia del castigo político de “confinamiento por dos años”3 que le fuera impuesto a raíz de su colaboración con el gobierno del Segundo Imperio. Ya sea por esta razón, o por la progresión general de sus intereses ocultistas que lo habrían llevado "naturalmente" de la masonería al espiritismo a medida que transcurría la centuria, o por ambas, Manuel Plowes colaboró con otros espiritistas en la fundación de la primera Sociedad Espírita. Al respecto, el historiador Antonio Saborit afirma que
Manuel Plowes y Refugio I. González, generales, junto con el civil Santiago Sierra, fundaron en agosto de 1872 la Sociedad Espírita Central de la República Mexicana, redactaron su credo religioso y filosófico así como un extenso reglamento provisional y en enero de 1873 echaron a andar otra publicación, La Luz en México. El general Sóstenes Rocha los respaldó desde su periódico, El Combate, y lo mismo hicieron Gustavo Gostkowski y Alfredo Bablot desde El Domingo y El Federalista, respectivamente. Más aún, en marzo de 1873 se formó la Sociedad Espírita de Señoras, integrada por entusiastas como Esther Plowes, Soledad Manero de Ferrer y Amalia Domingo y Soler. Ya entonces la Ciudad de México contaba con diez círculos y sociedades espiritistas que reconocían a la Sociedad Espírita Central, y la villa de Tacubaya contaba con cinco, dos más que Guadalajara en esa misma fecha. Guanajuato, San Luis Potosí, Saltillo, Monterrey y Tampico contaban al menos con un centro, todos gobernados por un rito y, lo más importante, por el propio archivo del círculo.4
Con estas acciones y a tres años de su fallecimiento, Manuel Plowes dejó el camino allanado para la institucionalización efectiva de esta corriente esotérica en nuestro país.
Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez
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