- Centre Esotérique Oriental (1908)
- Centro Esotérico Mexicano (1903-1904)
Con presencia tanto en el Viejo como en el Nuevo continente durante la transición del siglo XIX al XX, bajo diversos nombres, Alberto Santini Sgaluppi fue considerado "charlatán" por algunos, debido, en gran parte, a la espectacularidad de sus demostraciones, y "científico" preocupado por la psique humana, por otros. Durante sus múltiples visitas y estancias alrededor del mundo, se relacionó con grupos intelectuales tanto materialistas como ocultistas; dentro de estos últimos, en especial, con miembros del espiritismo y de la teosofía, al mismo tiempo que fundó publicaciones e instituciones importantes para el esoterismo.
Gracias a la exhaustiva investigación de Mauro Vallejo1, se sabe que residió en Madrid entre 1887 y 1892, en América de 1892 a 1906 —en especial, en Argentina, Perú, Estados Unidos y México—, Francia alrededor de 1907 y 1908 e Italia, donde falleció. Durante sus travesías, exhibió fenómenos considerados "prodigiosos" o, por lo menos "enigmáticos", tales como el magnetismo, la adivinación, la telequinesis, etc., apoyado de "pacientes o voluntarios", además de instruir a los espectadores sobre las virtudes terapéuticas del hipnotismo. Sus presentaciones gozaron de gran popularidad, al grado de que le permitieron codearse con monarcas, psicólogos y renombrados miembros de la élite intelectual de la época, aunque también tuvo detractores, entre los que destacan ataques de diversas trincheras, ya fueran desde el catolicismo, la medicina o la misma teosofía.
En España, por ejemplo, se involucró muy de cerca con grupos teosóficos, los cuales escribieron de él tanto a favor como en contra, como lo demuestran los periódicos Sofía, El faro de oriente, Zanoni y Hesperia. En un principio, Henry Steel Olcott (1832-1907) advirtió a la ST sobre las estafas del Conde de Das e, inclusive, señaló haberlo expulsado en dos ocasiones. Sin embargo, poco después de la muerte de Santini Sgaluppi, éste fue revalorizado en pluma de los pseudónimos Dr. Puelles y "Hermes", así como de Mario Roso de Luna (1872-1931) como una figura importante para la historia del esoterismo panhispánico. De hecho, su imagen de ocultista fue llevada a la ficción por Ramón del Valle-Inclán en su novela Tirano Banderas a través del personaje del Dr. Polaco2.
En cuanto a sus actividades en América Latina, en Argentina publicó en los rotativos La Hipnoterapia y Revista Popular de Conocimientos Útiles el artículo titulado "Hipnotismo y zoomagnetismo", al mismo tiempo que inauguró el Instituto Psicológico Argentino, cuyo consejo directivo estaba integrado por personalidades relacionadas con el espiritismo, entre ellas, Cosme Mariño (1847-1927), Felipe Senillosa (1837-1906) y Baldmar Doberich. A causa de los ataques de la Oficina de Higiene y de la Iglesia, el establecimiento fue obligado a cerrar sus puertas; sin embargo, a los pocos meses, con el auxilio de Osvaldo García Piñeiro, prosiguió sus labores a través de la Sociedad de la Luz, una de las ramas de la Escuela Teosófica del país.
Ahora bien, al respecto de su visita a México, la presencia del Conde de Das ocasionó una polémica entre dos bandos del ocultismo, manifiesta en el periódico La Patria, en aquel momento dirigido por Ireneo Paz (1836-1924). Por un lado, Ceballos Dosamantes (1850-1916) y su discipulo Gonzalo Peña y Troncoso (1873-1940), lo acusaron de charlatán, debido tanto a su falta de credenciales como conocidos fraudes en otros lugares3; y, por el otro, el Centro Esotérico Mexicano, liderado por Emilio Calvayrac, lo defendió argumentando que contaban con las certificaciones y otros documentos válidos de Sarak, resguardados en su institución con libre acceso al público4.
Mtro. Luis Adrian Linares Sánchez
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