Tiempos de compenetración espiritual fueron los veranos inolvidables para el matrimonio Tablada en las montañas Catskill:
Todos los días, después de su trabajo literario, era para José Juan maravilloso descanso arreglar flores y plantas. El ambiente, el silencio, la amable tarea, bañaba de tranquilidad su espíritu.
En aquellos montes, en medio del selvático paisaje, me habló muchas veces del más allá, explicándome todo con claridad de iluminado. Vivíamos sin noción del tiempo, y sólo cuando mi esposo contaba los días que faltaban para que terminase la temporada, sentía que le oprimía el corazón la certidumbre de tener que dejar todas las delicias que le brindaba aquel agreste lugar, donde había encontrado algo semejante a lo que sintiera, en los tiempos de su juventud, al abandonar algún rincón del Japón [...] Tanto la primavera como el otoño en la montaña eran bellísimos. Recuerdo haber leído en La incógnita del hombre, de Carrel, que es más estimulante y más saludable para el cuerpo y para el espíritu vivir en un país donde se disfrute de las cuatro estaciones del año. Allá en la montaña esperábamos la llegada del otoño, que nos traía sus brillantes sorpresas. Día tras día veíamos los árboles cambiar su color en ámbar y azafranados purpúreos, con troncos altos y blancos como grandes columnas de mármol. Hubo unos días de bello sol sobre la melancolía otoñal de aquel admirable lugar. Recuerdo que una de aquellas tardes granizaba a la vez que el sol rompía entre las nubes. Y entonces vimos uno de los más hermosos panoramas: toda la montaña, con los pinos de la cumbre ya salpicados de nieve, y sombras de nube que caían sobre el paisaje.1
elv
Nina Cabrera de Tablada, José Juan Tablada en la intimidad, México, Universidad Nacional Autónoma de México, (Serie Letras, 15), 1954, pp. 79-80.