¡Está lejos la noche todavía!
Esa explosión de luces es la aurora
es tu dicha y mi amor, amada mía,
que surgen de la noche aterradora.
Ya no vuelvas tus ojos al Pasado,
ahí están los crepúsculos sombríos.
Y en las llanuras del Invierno helado
ruedan como hojas secas mis hastíos...
Con tu frente inmortal y soberana
que corona de luces mi alegría,
¡avanza! ¡Que despunta la mañana
y está lejos la noche todavía!
Iremos a lejanos Paraísos;
tú, la reina triunfante y adorada,
y yo dejando mi alma desmayada
en el oro apagado de tus rizos...
Tú oirás cantar a muchos ruiseñores
y mi canción enamorada y loca...
Yo sólo he de mirar entre las flores
los ardientes claveles de tu boca.
Y en vano el Sol en la gloriosa aurora
hará estallar sus esplendores rojos...
¿Qué importa el Sol si el alma que te adora
sólo encuentra la luz entre tus ojos?
¡Luz es la de tus ojos de esmeralda!
¡La de tu cabellera que fulgura,
corriendo enamorada por tu espalda
para abrazar temblando tu cintura!
Luz es la que tú irradias, como un astro
es el amor que tu mirada irisa;
¡el nimbo de tu frente de alabastro!,
¡el reguero de luz de tu sonrisa!
Tú que eres luz, mi bien, que eres la aurora
y el deslumbrante Sol de la alegría:
¿Verdad que será eterno nuestro día?
¿Verdad que hay mucha luz? ¿Verdad que ahora
la noche está muy lejos todavía?