¡Poetas y rimadores!
Vuestro arte la turba iguala
a la explosión de colores,
a los súbitos fulgores,
a las luces de Bengala.
Ved: el castillo se inflama,
arde la pólvora, y luego
mágica borda y derrama,
con arabescos de llama,
eflorescencias de fuego.
Forman sus varios fulgores,
en guirnaldas oscilantes,
búcaros de ardientes flores
con pétalos de colores
y cálices llameantes.
Después, en la noche oscura
en diamantes transformada,
tal parece que figura
la oriental arquitectura
de la Alhambra de Granada.
En estruendo fragoroso
rompe de pronto y estalla,
y un espejismo radioso
ilumina el cielo umbroso,
cuando el ruido se acalla.
Y se hunden los palacios
de calados minaretes,
de amatistas y topacios
cuando surcan los espacios
estallando los cohetes.
Y al mirarlos se diría,
en prodigioso derroche,
ver caer la pedrería
de una sultana judía
sobre el manto de la Noche.
Las chispas cruzan los velos
de la tiniebla, y, ¡cuán bellas
descienden en blandos vuelos
como pálidas estrellas
desprendidas de los cielos!
¡Breve fantasmagoría!
¡Mágico y fugaz derroche,
tu esplendor murió en la umbría,
en la pavorosa y fría
inmensidad de la noche!
Con resplandores iguales
surgen, y con vida igual
esparcen breves raudales
los fuegos artificiales
del fósforo cerebral...
¡Poetas y rimadores!
sin ver el fuego extinguido,
sembrad puñados de flores:
Rimas de luz y colores
en la Noche del Olvido!