Pálida como el alba de la orgía
pisas del templo las sonoras piedras,
y cercan tristes tu pupila fría
las ojeras azules como hiedras...
Por lágrimas tediosas irisadas
cubre tu faz un velo de sollozos,
y pareces la virgen desolada
de los siete puñales dolorosos.
Sangra cruel tu boca encarnadina;
arden tus rizos de dorado electro;
un nimbo de madona te ilumina
y te anubla la sombra del espectro.
Ah! pero el ser de Montespán la impura,
tu misticismo y tu impudor integra
y en el sábbat extiendes tu hermosura
como un altar para la Misa Negra!
La cátedra del viejo Anakreonte
como un cáliz elevas; el Cabrío
brama de amor por ti, Satán bifronte
abre sus alas en tu lecho frío!
Tus ósculos, nocturnas mariposas
que en las almas infiltran sus venenos,
matan claveles en los labios rosas
y tronchan lirios en los blancos senos.
Tu sonrisa es un filtro de locura!
Tu boca es la mortal adormidera!
Tu cuerpo es una helada sepultura
que orna como un saúz tu cabellera!
La faunesa, el sucubo, la histrionisa:
todo en tu ser a la virtud injuria;
serás pronto un puñado de ceniza
en el auto de fe de la Lujuria...
Emperatriz de Amor, siempre los besos
que han brotado en tus labios, han vencido,
pero muy pronto crujirán tus huesos
en la Danza Macabra del Olvido!
Sigue manchando la virtud que finges!
Viste el manto de virgen que desgarras!
¡Sigue ocultando así, cual las esfinges,
bajo tus senos, de mujer, tus garras!
Yo, como el fraile en la "Leyenda de Oro",
anonado tu frente con mi planta
y anudo, ciego a tu doliente lloro,
un cilicio de odio a tu garganta!