Poesía
Poemas dispersos [1888 - 1914]
Nirvanah

Para El Siglo XIX

A Carlos López

Al fin escapa, oh ciervo perseguido,
del negro bosque donde hiela y llueve,
aunque la sangre de tu flanco herido
salpique la blancura de la nieve!

Al fin, bufones: que el dolor reviente!
Que vibre al fin la queja dolorosa!
Y al arrojar el antifaz riente
enseñad vuestra máscara llorosa!

Al fin, con vuestras puntas aceradas
herid los corazones conmovidos:
Saetas de los arcos disparadas!
Dolores de las almas desprendidos!

¿Qué sufro? ¿Por qué lloro? En mi memoria
algo funesto y trágico diviso;
¿soy Luzbel a las puertas de la gloria,
o Adán en el dintel del Paraíso?

Sé que tuve alas y que se han plegado,
que al alma dije: Baja, tú que subes!
Que si fui Primavera estoy helado,
que si fui estrella me llené de nubes!

Soy el puñal que se hunde en su cubierta,
y el rayo que se hiere fragoroso!
Yo sé que soy la tuberosa, muerta
por beber en su cáliz venenoso!

Dolor que sobrevives al suicida
eres el huésped de mi alma, y siento
que acompaña la marcha de mi vida
tu fúnebre tambor, Remordimiento!

¡Oh Reina!, alumbrarás como la Luna
mi noche atroz. El porvenir distante
guarda la hora nupcial, y el palpitante
beso de amor que nuestros labios una?

Si como el sol entre la bruma pálida
surge el perdón en tu glacial orgullo,
verá la Primavera dulce y cálida
volar la mariposa en la crisálida
y reventar la flor en el capullo!

Si no llegas a mí, como lejana,
oh luna de mi amor!, no puedo verte;
con la llorosa Lévanah, mi hermana,
he de beber el vino de la Muerte
en la crátera negra del Nirvanah!


1893
El Siglo XIX, 29 de julio de 1893, p. 2.
Incluido en la sección "Poemas dispersos [1888-1914]" en Obras I Poesía (1971).