Oh Soberano, compañero de juegos
de Eros seductor y de las Ninfas
de párpados azulez y de la púrpurea
Afrodita, tú que recorres
las elevadas cumbres de los montes.
A ti te imploro, y tú benévolo
acúdenos a escuchar
nuestro ruego agraciado.
Sé tú de Cleobulo un buen
consejero, y que acepte,
oh Dionisio, mi amor.