Todo se va al garete, la sífilis me mata,
ejerciendo en mí, Filis, su más fiero rigor;
mi polla no se aborla perdido su vigor
y una llaga pestilente mi noble lengua ata.
Treinta días sudé, hasta alma he vomitado;
jamás duraron tantos males de tanto horror,
un espíritu más fuerte ya habría ido al Señor,
pero mi daño acerbo nada lo ha consolado.
Ni tocarme se atreven mis mejores amigos,
yo mismo en este estado no me quiero palpar,
por bien joderte, Filis, me veo tan remal.
Muy merecidos tengo tan violentos castigos,
mas si otra vez, Dios mío, me otorgas pan y sal,
culos sólo -prometo- desde entonces follar.