El espacio se define como un concepto relacional pues establece el movimiento, la posición, postura o ubicación de un objeto con respecto a otro (Talmy 1983, 1985, 2000; Langacker 1986; Jackendoff 1990; Svorou 1994; Levinson 2003). La figura —el objeto que se ubica o mueve—, puede localizarse sobre, cerca, arriba, abajo, dentro, fuera, hacia o desde la base o fondo —el objeto que sirve como referencia para la localización. Al contacto, traslape, inclusión, proximidad o distancia de la figura con respecto al fondo se le conoce como relaciones topológicas y éstas, entre otras relaciones espaciales, han sido estudiadas como parte de la tipología semántica (Brown y Levinson 1993; Pederson et al. 1998; Li y Gleitman 2002; Newman 2002; Levinson 2003; Levinson y Meira 2003; Levinson y Wilkins 2006; Ameka y Levinson 2007; O’Meara y Pérez Báez 2011; Bohnemeyer et al. 2014, por mencionar algunas referencias básicas).
Los estudios pioneros sobre relaciones espaciales han demostrado que las lenguas difieren en términos de las estrategias lingüísticas que utilizan para describir locación y postura. Así, una cláusula locativa básica responde a la pregunta ‘¿Dónde está X?’ y la respuesta típicamente involucra un elemento predicativo locativo, una frase nominal que introduce la figura y una frase oblicua que introduce el fondo; la marca de oblicuo puede ser un afijo de caso, una adposición o un adverbio. Los hablantes pueden elegir distintas expresiones lingüísticas para describir una situación locativa. Por ejemplo, ‘la taza está en la mesa’, ‘la taza está puesta en la mesa’, ‘la taza está encima de la mesa’, ‘hay una taza en la mesa’, todas describen el estímulo en donde una taza (figura) está ubicada en relación con la mesa (fondo):
Ameka y Levinson (2007) proponen una tipológica de los elementos predicativos que pueden aparecer en cláusulas locativas básicas. La propuesta parte, primero, de la ausencia/presencia de una cópula o un verbo pleno y, segundo, de la presencia de verbos de postura o disposición contrastiva. Las cópulas suelen tener poco (o ningún) contenido léxico y, en consecuencia, requieren de otros elementos para predicar una situación (#‘Juan es’ vs. ‘Juan es alto’). Las cópulas pueden ser verbos, afijos, pronombres u otras partículas, y pueden cumplir varias funciones sintácticas; ‘be’ del inglés y ‘ser’, ‘estar’ del español son verbos copulativos. Un verbo pleno recibe morfología gramatical, contiene información léxica y expresa una situación o evento particular; ‘correr’, ‘ver’, ‘sentarse’, ‘cansarse’, ‘regalar’ son verbos plenos.
Una cláusula locativa básica puede carecer de núcleo predicativo (Tipo 0); en saliba (1), la predicación locativa se interpreta a partir de la información de la frase que introduce el fondo. El inglés (2a-d) usa la cópula multifuncional ‘be’ para ubicar distintos tipos de objetos (Tipo Ia); el maya yucateco (2e) utiliza una cópula existencial/locativa (Tipo Ib). Algunas lenguas usan verbos posturales antropomórficos ‘sentado’, ‘parado’, ‘acostado’ y la selección de cada verbo está motivada por las características inherentes de la figura localizada (Tipo II); el alemán es una lengua de este tipo (3). En tseltal los elementos predicativos reflejan no solo las características de la figura, sino también su configuración espacial con relación al fondo (4); a este tipo de verbos se les conoce como disposicionales (Tipo III). A diferencia de los verbos posturales, que suelen consistir en un inventario pequeño (una docena de predicados), los disposicionales forman inventarios extensos.
Las lenguas de una misma familia pueden elegir distintos tipos de núcleos predicativos; compárese el maya yucateco (2e) y el tseltal (4), el inglés (2a-b) y el alemán (3). Además, una misma lengua generalmente permite más de una construcción. En esos casos, la cláusula locativa básica corresponde a la estructura que describe las situaciones locativas más típicas y canónicas (en lugar de ubicaciones excepcionales y temporales), que suelen aparecer en descripciones afirmativas (en lugar de negativas) y que son las más comunes y productivas en la comunidad de habla. Para establecer este tipo de cláusula, es necesario obtener datos de primera mano (en campo) con instrumentos especializados y con distintos consultantes en la lengua bajo estudio.
Las situaciones o eventos donde interviene una parte del cuerpo como el fondo (eventos de vestimenta) pueden utilizar los mismos núcleos predicativos que se documentan en las cláusulas locativas básicas, o bien, pueden usar un vocabulario nuevo y distinto (el sombrero está sentado en la cabeza vs. el sombrero está colocado/fue puesto en la cabeza). Además, los eventos de vestimenta tienen una contraparte incoativa (el hombre se puso un sombrero, el hombre se quitó el sombrero), además de una causativa (la mujer le puso el sombrero al niño, la mujer le quitó el sombrero al niño); estos eventos pueden estar orientados a la meta (eventos de colocación) o a la fuente (eventos de remoción).