Poesía

La poesía de José Juan Tablada que aquí ofrecemos es tan amplia como diversa; transita de las formas tradicionales, propias del decadentismo y el modernismo, a las de vanguardia, como el caligrama, el simultaneísmo o el haikú. A pesar de las cambiantes formas y ritmos, sus temas siguieron siendo la observación de la naturaleza, la condición humana y la reflexión en torno a la mexicanidad. Incluimos también las diversas traducciones que hizo de poetas en lengua francesa, portuguesa, inglesa y japonesa.

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Compilaciones de poemas inéditos o aparecidos en publicaciones periódicas.
La feria. Poemas mexicanos
La feria

Algo de la feria de la vida nuestra, pero ritmada en su dinamismo, no ya por el Evohé juvenil, sino por la eutrapelia de la madurez, cuando ángelus y crepúsculos comienzan a insinuarnos la inminencia del propio declinar, el místico recogimiento para pensar en el más allá que ya vemos de cerca...

Algo de los sentidos perdura aún en esta "Feria", pero ya la ironía revela el desengaño... Abdicamos en favor de "El gallo magnánimo" el tardío donjuanismo.

De las sabrosas viandas de "El figón" saboreamos ahora, más que las especias, la alegría, esencia espiritual...

En el amor hacia los animales: "El loro", "El sapo", "Los pijijes", "El gallo habanero", uno que otro mínimo jaikai, es ya evidente la solidaridad teosófica con todo lo creado.

Quien espera ser ángel —todos los seremos, porque la tierra es escuela de ángeles— recuerda que fue animal en la Luna entre los animales en humano devenir...

Otros poemas rememoran la infancia: "¡Ja, ja, ja...!", "El pescadito de jabón", etc., por el eterno ahínco de vivir en el Tiempo integral, es decir, en el Eterno Hoy y no en la misérrima limitación de Presente, Pasado, Futuro, 0 + 0 + 0 de nuestro actual sensorio... Quizá también porque el hombre maduro o provecto al contemplar uno de sus retratos infantiles cree oír, conmovido, la Voz de Cristo: "¡Sed como los niños!"

En la plazuela donde se celebra la Feria hay una capilla de piedad y de fervor; en sus muros cuelga el "Retablo" a un poeta, como ex-voto no sólo a su venerada memoria, sino a la de todos los poetas que se fueron ya de la tierra patria y en honra de los que aún viven, crucificados por la vida bárbara como los leones de Cartago, o cegados para que mejor canten, como los ruiseñores chinos... Cuelga también en aquellos muros la "Oración a San Benito" que quizá irá a rezar "Antoñica", la lumia cachondona de vuelta del tripudio..., hermana simbólica de mi juventud, por quien más indulgente que contrita, ruega hoy el alma-monja...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¡Pero cuánta vana palabra...! Los poetas, la patria, yo... ¡Cuando patrias y hombres no son, no somos, sino polvo de átomos en la armoniosa vorágine que nos arrebata hacia Dios!



El alba en la gallera

Al alba los gallos norteños
cantan en sordina y en sueños.

Para el kikirikí
de los gallos del Sur
las estrellas del alba son granos de maíz
del cielo en la plazuela escampada y azul...

Clarinería. Clangor.
Por la clarinada superior
cada clarín porfía.

Diana de la Gallera
tempranero rumor
de un Regimiento de Caballería...

De noche cuando el último
castillo se ha quemado,
sentimos entre sueños
solferinos, azules y blancos
cohetes voladores
cuando cantan los gallos...

En tu insomnio, alma llena de feria,
¿no oíste cantar a aquel gallo
que arrojaba al cielo las onzas
del Siete de Oros?...

Yo miré ese nocturno albur y luego vi
cayendo en la negrura del espacio
en polvo de oro y bruma de topacio,
las cuatro notas del kikirikí...

Gallera sinfónica
entre tus clarines estridentes o roncos
se fuga un azorado relincho
como la estampida del potro.

Y domésticos o rurales
discurren los otros rumores
de la mañana pueblerina
leves, como el agua que corre...




El gran gallo tricolor

El gran mochiller triunfador
en el tapado y el capote,
es un perfecto gallo tricolor
mestizo de quetzal y zopilote...

(Pues como el atavismo oscuro
del sacrificador arcaico,
la cola de azabache puro
en la sombra de aquel mosaico.)

Hasta los valles, desde los oteros,
arroja con su canto matinal
los compases primeros
del Himno Nacional!

¡Oh gallo-prisma, apenas ha filtrado
tu música las lumbres matutinas
y la comarca entera se ha pintado
bajo un alud de cívicas fushinas,
de verde, blanco y colorado!

Épicos lauros vuestro canto siembre
¡oh gran Gallo patriótico, que hacéis
           de todo el año un 16
                   de septiembre!

Vuélveme trigarante el agua, el pan,
de mi amante la frente, de la luna el fulgor,
el Zodiaco y las nieves del volcán,
                    ¡vuélveme todo tricolor!

¡Cántame el Himno Nacional,
mi anímula gregaria alienta
y a la zaga del General,
marcharé con mi 30-30
más allá del Bien y del Mal!


El gallo magnánimo

Meditando quizás —"Por mí no queda"
gallo, tan viril eres
que quisieras pisar a las mujeres
y por si acaso..., les haces la rueda!

Tu orgullo de gallo
tenorio y garañón
haría un gallinero del serrallo
del mismo Salomón...

Audaz, ahogarías con tu grito
del "Canto de los Cánticos" el murmullo exquisito
y con la rapidez de los halcones,
bajo tu azul plumaje que se esponja y se agita
posarías al fin tus espolones
en las espaldas de la Sulamita!

Pues tal parece que a los hombres has
tolerado sus concubinas
provisionalmente, dejándolos en paz
mientras no se te acaben las gallinas...

Por el copete sobre la cabeza
a modo de sombrero y por fondona
tal gallina, parece una jamona
presumida y francesa...

Y aquella polla que en falsete grita
zancuda y desgarbada,
recuerda a más de una señorita
en la precisa edad de la punzada...

El celo tus carúnculas colora,
tu pupila de ascua es toda uror,
¡pobre de Soledad la Cantadora
si fuera de la talla del condor!

La atraerías picando onzas de oro,
centenarios y aztecas,
sabiendo que a reclamo tan sonoro
sólo son sordas las gallinas cluecas.

¡Y tras darle de alazo
y marear haciéndole la rueda,
ya de tus alas presa en el abrazo,
te reirías de Júpiter y Leda!

Sacudiendo tu pluma pavonada
lanzarías un gran kikirikí
indiferente a la mujer violada,
como diciendo: "aquí
no ha pasado absolutamente nada!"

Y entonces, bajo el arco triunfal
de tu soberbia cola tornasol,
en medio del silencio vesperal
se pondría el Sol...


El gallo habanero

En el matinal gallinero
con rendimiento caballero,
en torno de su hembra enreda
el arabesco de su rueda
sin cesar el gallo habanero;

cual blanco albornoz el plumón
envuelve su fiero ademán;
por su cresta-fez bermellón
y el alfanje de su espolón,
el gallo es un breve sultán!

Junto a la gallina coqueta,
de pronto su blanca silueta
fija en soberbia rigidez,
como el gallo de la veleta
o el caballo del ajedrez...

Echando atrás el cuello empina;
y en enfático frenesí,
rasga la matinal neblina,
sobre el jardín que se ilumina
con su agudo kikirikí!


Los gallos de pelea

Los gallos paladines de soberbia feudal
vestidos siempre están para el torneo
heráldicos por la cresta, por la gola
y por los lambrequines de la cola...



Chole la cantadora

Tiene Chole la Cantadora
algo del gallo de pelea
en su altivez y su elación,
en la ardiente pupila negra,
en el rebozo tornasol,
en el pecho de tajamar,
en el firme gesto del pie...

Camisa blanca, negro traje,
equívocos, como un plumaje
jiro-prieto -seno: golilla
provocando al lance de amor
y plumas reales las guedejas
que del galán las ansias quiebran
como el acero de una hoz...

¡Alzo golilla para todos!
Van diciendo los claros ojos
de Soledad la cachondona
que a todos mira sobre el hombro;
y van diciendo el taconeo
y el brillo de las arracadas:
golpe de moza! A nadie temo
tapo y retapo... Vengan vales,
¡aquí hay pesos a cuatro reales!

¡Cuánto joven poeta anhelaría
con recónditos ímpetus charros,
hacerte su querida, oh Cantadora,
de las plazas de gallos!

Reteñir tus corales
con el zumo de sus filosofías,
anclar su nave de piratería
en tu garganta llena de canciones,
sonora y curva como tu vihuela,
cuya ola más alta es un sollozo
y donde el sol se quiebra en lentejuelas,
y entre magnolias deshojadas
se bañan a la luna las sirenas...

Unirse a ti en idéntico derroche
y andar de feria en feria por la vida
fuegos artificiales por la noche
y gallos, toros y rentoy de día...

Días entrecortados
por moles encendidos
y pulques aromados.

Y sobre la grupa del mismo caballo
tu rebozo y su sarape flotarían
con idéntico ritmo
al trote o al galope de la vida!


Desafío

El agudo cartel de desafío
que lanza con su canto el gallo
prolonga su fanfarrón brío
en el relincho del caballo...

Dilata la nariz del mozo
un femenino olor de axila
que a través de la seda del rebozo
en la atmósfera tibia se destila...

Y le causa sensual escalofrío
que del seno el vaivén acelera
a la hembra el aroma bravío
de cordobán de la silla vaquera...



Tianguis

Día de Plaza, día
de trabajo, pero de alegría...
Desde ayer, de la azul serranía
descendieron los indios marchantes
hasta los hondos valles...
Pobláronse las calles
de tropeles itinerantes...
Quedaron los polvosos caminos
como los viejos códices,
estampados con pies de peregrinos...

El Tianguis... Del convento arcaico
al Corral del Consejo
es, al solar reflejo,
palpitante mosaico...

De los indios contentos
en los rostros de terracota
la plácida sonrisa brota
de la Diosa de los Mantenimientos.

Cromática alegría de la plaza,
verde jaspe de los chilacayotes;
cinabrio de la flor de calabaza
y alabastro de los chinchayotes...

¡Toda la gama! Para hacer feliz
al ojo del pintor... Desde la negra noche
hasta el día... ¡Betún del huitlacoche
y oro del pródigo maíz...!

Los áureos chiquihuites
están llenos de chalchihuites.

Y aquella polifonía...
Del sinsonte la clara melodía;
hozar del cerdo; piafar del caballo
con el tema del canto del gallo
de puerta en puerta, hasta la pulquería!

Casa de adobes,
del barro del ceramista,
de la loza de Guadalajara,
del nido de la golondrina.

¡Guajolote, cólera absurda
carcajada inoportuna,
montón de plumas!

Un olor de copal que arrastra el viento
perdura como hálito fatal...
Es el vaho de ayer, es el aliento
del icono ortodoxo y el ídolo ancestral.

Y a su soplo en los rostros ambiguos
de los indígenas estoicos
lucen los antifaces pavorosos o heroicos
de los dioses antiguos...

Y bajo de la lumbre meridiana,
entre tanta esmeralda y tanta grana
va el ánima perdida,
hormiga que no halla la salida
dentro de una batea michoacana...



El figón

¡Alegría, alegría
del jarro de horchata y el vaso de chía!
¡Alegría de las pechugas
de los pollos, dorados
entre verdes lechugas!
Alegría de los pulques curados
verdes como la savia y almendrados
y teñidos con tuna solferina...

Quien apura esos vinos
con perfumes de flores,
su patriotismo magnifica y siente
que ha bebido banderas tricolores
y el águila, el nopal y aun la serpiente...

Alegría de las enchiladas
en el platón, azul y blanco, de la China.

¡Júbilo del pescado en escabeche!
Delicia de los moles
que guisan las mestizas de Campeche
y en Puebla de los Ángeles, las Choles!
Alegría de los moles suculentos
verdes y prietos y el colorado
en cuyo adobo brilla reflejado
todo feliz advenimiento
y el áureo aljófar del ajonjolí
nebulosa del hondo firmamento...

Como en un marco del color
auribermejo del carey,
aún reflejas rendidos a tu ley,
oh guiso superior,
al Indio Emperador
y al hispano Virrey!

¡Júbilo de chiles en nogada
donde brillantes granos de rubí
y granate desgrana la granada!

Los dulces de alfeñique,
regalo del convento al Virrey-
do la gragea rizó un Agnus Dei
como un dedo meñique...
Dulces de coral y marfil
yemas y mostachones y el alfajor aquel
como la cera blanco y amasado con miel
del colmenar monjil...

Cajetas de Celaya
que hasta lo último se raspan
y saben a resina y a niñez.
¡Alegría de las cocadas
llenas de cabujones
de pasas, almendras y piñones
y a fuego doradas!


La ruleta

¡Oh dinamismo impar de la ruleta
cuya bola al correr se multiplica
engarzando un rosario de esperanzas!

Brocal de un pozo
a cuyo fondo
inclínanse los rostros
espiando el oculto tesoro...

Los tahúres dicen: "Es cierto;
aquí como en las casas donde espantan
unos hallan el oro
y otros el muerto..."


Un puesto del tianguis

El panal que al sol se derrite
en la virgen madera gotea
y entre el olor del "pápalo-quelite"
¡es de ámbar y oro la batea!


Otra ruleta

Cual si hubieran sembrado onzas de oro
en el fondo de un pozo
y llegara la Primavera,
los tahúres se asoman a la ruleta.


Otro "puesto"

Un gran loro en su jaula de hojalata
repite sin cesar: "¡Daca la pata!"
Y surgen infantiles gritos
del "Kindergarten" de los periquitos...


Una canción

¿Te gustan las rubias...?
Del sol a los rayos
se vuelven de oro
mis rizos castaños...
Y al sentir tu beso
más apasionado
bajo del zafiro
del cielo de Mayo,
se ponen azules
mis ojos en blanco!


Un poeta en la feria

No tengo el delirio vano
de querer ser universal,
ni siquiera continental,
me basta ser poeta mexicano...

Tal como el
rapsoda de "Corridos" populares
que lanza en la vihuela sus cantares
y en policromas hojas de papel.

Darle una voz a cuanto calla
en la múltiple patria
ímpetu de arte, gesta de batalla,
nuevo espíritu y vieja latria.

Conciliando las paradojas
del Amor extraviado en el gesto cruel
como abeja que saca cera y miel
de las flores más rojas...

Alma, rayo y estrella, que en idéntica arcilla
anima cuando arde
al demoniaco Pancho Villa
y al arcángel López Velarde...

Miseria y grandeza triunfal
en un alternativo brote;
paradoja del Zopilote
y del libérrimo Quetzal;

ángeles, centauros y lobos
hermanos en la misma grey,
resurrección de Huichilobos
contra la justiciera ley...

Lucha de Arimán y de Ormuz
en un relámpago constante;
tormento de no ver triunfante
al fin la Verdad y la Luz!

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Así lamentaba el destino
—no lejos de una pulquería—
un poeta que a "La Feria" vino
bajo el "smoking" neoyorquino
que enlutaba su nostalgía!


Jaikáis de la feria

Microcosmos

Aviadoras abejas arriba;
abajo, el hormiguero:
cuartel de infantería.

Chapulín

Atrio en la aldea cálida
chapulín volador:
abanico y matraca.

Culebra

¿Adivina mi teosofía
la culebra que se asolea
y no huye y en mí confía...?

Gorrión

¿Al gorrión que revuela atolondrado
le fingen un arbusto
los cuernos del venado...?



Canción de la mulata

Esos "que ven claro de noche",
                    ¡vengan!
¡Aquí hay candela!

Mi cuerpo es una hamaca
tropical con vaivenes de danzón;
mis labios tienen miel de níspero;
mi cuerpo es un jardín nocturno;
mis senos dos guanábanas;
mis ojos dos cocuyos...!

Esos que "mascan goma", vengan,
                    aquí hay candela!
De la Reina de Saba, Salomón
amaba la canela;
vengan; para encenderse el corazón
                    aquí hay candela!



El cartelón del circo

Hasta la noche, desde la mañana
incesante roncar de la tambora
que al olor del ocote se incorpora...
Tónica de la fiesta mexicana!

Estentórea y sonora
en la puerta del Circo
retumba la tambora...
Agolpa a los chiquillos
un frémito de trompas
y golpes de platillos

y en su salto mortal hacia el Ocaso
luce en el sol la cara del Payaso!



Versos del payaso

Con las enaguas encarnadas
de la China poblana
hace el nacionalismo novilladas

y la hierática Tehuana
de los senos erectos,
ha sido convertida en Don Tancredo!

(Las onzas de oro tiemblan en su seno
sollozante y moreno.)

El coso es de azulejos
¡por supuesto!

En barrera las mantas del Saltillo
de tanto estar al sol pierden su brillo.
La cuadrilla es de charros
modelados en barros
tapatíos y levemente andróginos...

En las criollas melenas
clavan una intención de españolada
mantillas y peinetas...

Los ojos indios brillan de soslayo
y gritan teponaxtle y pandereta:
¡Viva Cuauhtémoc y Viva Pelayo!

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Sobre su tumba gigantesca y yerta
con ojos de heliotropo sigue al
astro, desde el volcán la Mujer Muerta
y el sol tras de los oros del chimal

dispara las saetas de sus rayos
que por la tarde silenciosa van
a cubrir con suavísimos desmayos
¡de xúchiles y rosas al volcán!



Jaikáis del circo

Ínsula del Castor:
Conejo-Robinsón.



El ídolo en el atrio

Una Piedra del Sol
sobre el cielo de la mañana
asoma en lo alto
el ancho rostro de basalto
a la orilla de un charco de obsidiana
y parece que su boca vierte
un reguero de sangre humana
y zempazúchiles de muerte...

Es del trigo del Sol
la gran piedra molar
que hace el pan de los días
en los molinos de la eternidad.

Piedra de las cronologías,
síntesis de los años y los días
donde se exhala en silencioso canto
el pertinaz espanto
de las viejas mitologías...

Los meses enflorados y agoreros
en ella ensartan luna de pálido tecali
así como los cráneos hueros
en el zompantli del teocali.

En torno de esa Tabla de la Ley
gladiatorios o místicos agrúpanse los meses
entre bélicos cantos y rumores de preces
como en torno de un Rey...

Y al final de los días rezagados
los "nemontemi"... Cinco enmascarados
con pencas de maguey...

Días en cuyas noches se derrite
la luna como turbio chalchihuite;
en que mancha de sombra luce el oro del Sol
como la piel del tigre o como el girasol...

Otros días sonoros y ricos
como el Trópico son y si ruge el jaguar
y vuelan las parvadas de pericos
parece que la Selva echó a volar!

Y el relámpago de las guacamayas
rasga el cielo —clamor y bandera—
como si el eco y el vislumbre fuera
de la legión del Dios de las Batallas.

Y en pleno día las caudas de los quetzales
suben y giran como fuegos artificiales,
cual si cayeran astros o volaran las flores,
o las minas de esmeraldas ascendieran en surtidores
y se abatieran en festones de saucedales...

El gran boa anaconda se mueve como río
de sinuosos rastros
y la espesura escalofría
su largo dorso tenebroso y frío,
taraceado de flores e incrustado de astros
en simétrica geometría.

Otras tardes inunda la llanura el salvaje
tropel de los bisontes
y sus gibas ondulan cual montes
o proceloso mar de móvil oleaje.

Y dejando a su paso todo roto
en terrible crujir,
se hunde en la Selva el terremoto
del Tapir...

Los macacos aúllan en el bambú empinado;
la iguana el tornasol de su iris cambió
y el armadillo se ha salvado
pues en su carapacho se escondió.

Contraído en su concha, hecho un ovillo,
rodó por la montaña noche y día
¡y salvo llegó al valle el armadillo!

El águila que lo perseguía
desde el azur adonde se cernía
lo dio por muerto...
¡Y a poco el armadillo al sol surgía
como un santo ermitaño del desierto!

Burló del águila la garra,
mas al fin convertido en guitarra
bajo la mano
llena de amor patrio
de un zapatista suriano,
de la Tierra de Promisión,
al pie del Ídolo del Atrio,
el armadillo canta la canción!


¡Yecán... Yecán...!

Ruedan las brujas bolas de lumbre
primero al ras del horizonte
                    y luego en la cumbre
                        del monte...

Qué triste es el Alabado
en las trancas de la hacienda...
viejo clamor desamparado
¡no hay quien te atienda!

Coyotes de largos ladridos
y ojos por el hambre encendidos,
¿no ven los hacendados ventrudos
cómo albean los dientes agudos
en los morros enfurecidos?
En su charco —parva laguna—
bulle el viscoso axólotl
y niega la esperanza de la luna
el vuelo aciago del tlacatecólotl.

En mitad de la llanura
hay una roca
que va tomando la figura
del gran brujo Tetzcatlipoca.

¡Y ciego será quien no vea
cómo su sombra tiende una
mano, para coger la luna
el lívido "espejo que humea"...!

"Justicia de los humanos",
con azogado gis
la luna escribe en los pantanos;
y un cadáver aprieta entre las manos
sendas mazorcas de maíz...

De la capilla desierta
la campana rajada
a la Llorona despierta
y no acaba de salir por la puerta
su queja desesperada...

Sufre y sufre
el saúz
deshebrando en mechas de azufre
sus ramas de amarilla luz...
¿No amanecerá nunca...?
Ladran a un falaz brillo
los coyotes de la espelunca
y no aparece el Dios Cariamarillo.

Sobre el alma gravitan
las sombras de los pájaros que van
por la tiniebla y gritan:
                    ¡Yecán... Yecán...!



Los zopilotes

Cuando sacrificaban en el Templo Mayor
las alas de los zopilotes
oscurecían el sol...

Y los remeros en sus barcas
no miraban a las alturas
si del lago las aguas zarcas
se tornaban de pronto oscuras.

Pues el pávido macehual
al presagio del zopilote
de la sangre miraba el brote
bajo el filo del pedernal.

Con envidia de los coyotes
volando, de la serranía,
sobre Tenochtitlán caía
muchedumbre de zopilotes...

Cual gerifaltes en alcándara
sobre el zompantli se posaban
y adornando las calaveras
con morriones de plumas negras,

          solían saltar
          al brusco son
          de panhuehuetl
          o caracol...!



Parábola del sapo

Como el Sapo el Poeta
oculta un estelión en la cabeza.

Se ha de cubrir el Sapo de diamantes
el floripondio inverso lo verá
unirse en luz al surtido egregio
viajero de la estrella errante
con la golondrina por madrina,
el Sapo-pedazo-de-lodo
a lo alto regresará...

El Cristo negro de los indios
alzará los ajos entre las flores
de papel
y el copal y los oros voladores;
quizás el pueblo todo eche a volar con él.

Y por el Sapo humilde levantados
los ídolos de sangre salpicados
y los confesionarios roídos de pecados...
El Sapo inválido y gotoso
con gratuita fama de brujo
y gastado el inútil resorte de su salto.

Hermano de la Trapa
tan humilde que apenas adulto
excavó su mansión como sepulcro
con el hábito burdo y pardo
en su celda-hipogeo emparedado.
Espejo de trogloditas;
jardinero impecable y gris
y devoto de las "Florecitas"
como San Francisco de Asís...

Quasimodo de la Esmeralda-Rosa
a quien libra de todo mal,
voraz oruga o caracol;
paje de la violeta-Cenicienta
para quien, príncipe sombrío,
en la floresta matinal
hace el escarpín de cristal
con una gota de rocío...

Sólo el murciélago de trapo
es más lóbrego que el Sapo
pero en sus alas —hamaca de seda—
hace columpio en las estrellas
o ágil "looping the loop"; el Sapo sólo
se moldea en su celda-alveolo.

Mi fibra más sentimental
hiere el Sapo que a saltos se encamina,
ajeno a todo mal
al borde de la escuela vecina...

       ¡Hacia el probable auto-de-fe
       de la infantil Inquisición!

¡Pobre Sapo! Sólo quisiera
ese hueco de tierra en que se abisma,
ese agujero en que salvarse espera...
Mas de pronto la tierra misma
infiel a su depósito,
traiciona al candor animal
y arroja al Sapo como a un niño expósito
al camino real!



Puebla de los Ángeles

(Notas de viaje)

Puebla de los Ángeles, tus campanas al vuelo
levitaron mi júbilo hasta el cielo
tu polifónico repique
doró, como los batihojas,
de la Casa del Alfeñique
las blancas estalactitas y las paredes rojas...

¡Oh júbilo pascual
de tus campanas de cristal
de eclesiástico oro
y de bronce sonoro!

Mística Puebla arquitectónica y musical,
industriosa y simétrica,
inmune a los fonógrafos y a las cosas eléctricas
y a esa polvareda que pasará
de tanto borrego sin lana
que no ha enriquecido la
Biblioteca Palafoxiana...

Talladas como orfebres,
¡oh estanterías de milagro,
os salvasteis de ser pesebres
de Sánchez, el onagro...!

¡Ojalá que se rompan en tus muros
de preciosos esmaltes arabescos
los furores grotescos
de los Sánchez futuros!

Puebla, en tu ambiente cuaresmeño
mi niñez se levanta como un sueño.
El silbato de tus serenos
las medianoches raya con surcos de cristal
tal como si apuntaran las horas de sus velas
en un pizarrón negro con blancas paralelas...

En el aire glacial,
mientras en la sombra te arrebujas,
fúgase por tus barrios desiertos el Nagual
y tus cúpulas ciñe la ronda de las brujas
en claroscuro de grabado antiguo
que se borra, si me santiguo...

Con el fotógrafo López Escalera
estuve una mañana... ¡Quién pudiera
pasar un mes entero
en casa de Padierna, el Alfarero
Mago de la poblana Talavera!

Aquella mañana
policroma y peregrina,
aunque muy mexicana
fue un viaje al País de la Porcelana,
a la maravillosa China.

Pues con arcilla plástica y tierna
y los esmaltes minerales
renueva el tlachichique Padierna
de Nanking y Kuantón las obras inmortales!

Puebla, tus campanas musicales
parece que hacen danzar
hieráticas y rituales,
a tus torres en baile singular
de salomónicas espirales...

Campanas que gritaron la victoria
después de que rugieron los cañones
en las fulguraciones
épicas de tu historia...

Mas, oh urbe, perdona este ímpetu ancestral
de patriótica latria
a quien se va alejando de la patria
¡rumbo a la Internacional...!

¡Oh Puebla, en la futura patria veo
tu más pura y más alta cruz
en manos de Tolstoi y de Jesús,
únicos socialistas en que creo!

Entretanto miro esa luz,
entretanto..., tus tardes melancólicas
sobre el oro del cielo y el lázuli del monte
esmaltan, entre cúpulas de joyantes mayólicas
a Bagdad en el horizonte!

Mi asombro es un altar de Churriguera
profuso, complicado y sutil
que cintila y florece con las mil
llamas de una dorada Primavera...

¡Mas, oh Puebla, son vanos mis afanes
intentando decirte
el pasmo azul y blanco de los cuatro volcanes
que a tu valle se asoman para verte y oírte!



Los pijijes

Visten hábitos carmelitas
los ánades veracruzanos;
y como dos frailes hermanos,
en actitudes estilitas,
sueñan lagunas y pantanos...

Así parados en un pie,
con el rojo pico escondido
bajo el ala negra y café,
y con el cuello retorcido
como el tubo de un narguilé,

dejan pasar las noches tétricas
y los días primaverales,
en ensimismamientos iguales,
en sendas posturas simétricas
inmóviles y ornamentales...

En la noche su instinto vela;
y a un ruido insólito en el folio,
el ánade grita y revela
ser tan eficaz centinela
como un ganso del Capitolio.

Mas desdeñando esa tarea
doméstica, de janitor,
nada a los ánades recrea
aunque su ojo que parpadea
distinga todo en derredor...

Glauca sombra de la tortuga
entre dos aguas, en el lago;
de los saúces temblor vago;
breve retracción de la oruga
en la hoja del Jaramago...

Eléctrica luz que en la bruma
sombría difunde en el vergel
romancescos claros de luna,
y a cuyo ampo no hay flor alguna
que no parezca de papel...

Pobres ánades vigilantes
que contemplan y sienten todo...
Fulgor de estrellas rutilantes;
roncar de sapos en el lodo,
o vuelo de aves emigrantes.

Sólo entonces, si el firmamento
crepuscular se torna gris,
y el cielo cruza un bando lento,
el ánade con ojo atento
sigue el vuelo libre y feliz!

Los dos ánades en un mismo
murmullo tenue y doloroso,
desde su forzado reposo,
dicen nostálgico atavismo
del hondo cielo luminoso...

Y —símbolo de estéril vida,
de inútil ilusión fallida—
mueven en vano el ala trunca,
¡el ala inválida y herida
que ya no habrá de volar nunca!


Tríptico del loro

Tríptico sentimental

I
El Loro

Loro idéntico al de mi abuela,
funambulesca voz de la cocina
del corredor y de la azotehuela.

No bien el Sol ilumina
lanza el loro su grito
y su áspera canción
con el asombro del gorrión
que sólo canta "El Josefito"...

De la cocinera se mofa
colérico y gutural
y de paso apostrofa
a la olla del nixtamal.

Cuando pisándose los pies
el loro cruza el suelo de ladrillo,
del gato negro hecho un ovillo,
el ojo de ámbar lo mira
y un azufre diabólico recela
contra ese incubo verde y amarillo,
¡la pesadilla de su duermevela!

¡Mas de civilización un tesoro
hay en la voz
de este super loro
de 1922!

Finge del aeroplano el ron-ron
y la estridencia del klaxón...

Y ahogar quisiera con su batahola
la música rival de la victrola...

En breve teatro proyector de oro,
de las vigas al suelo, la cocina
cruza un rayo solar de esquina a esquina
y afoca y nimba al importante loro...

Pero a veces, cuando lanza el jilguero
la canción de la Selva en Abril,
el súbito silencio del loro parlero
y su absorta mirada de perfil,

recelan una melancolía
indigna de su plumaje verde...

¡Tal vez el gran bosque recuerde
y la cóncava selva sombría!

En tregua con la cocinera
cesa su algarabía chocarrera,
tórnase hosco y salvaje...

El loro es sólo un gajo de follaje
con un poco de sol en la mollera!

II
Oración fúnebre del loro

¡Ha muerto el lorito real
de España y de Portugal...!

Anoche, desde el corredor hasta el patio
cayó, preso en su jaula de hojalata
y al ir cayendo, en ansia de naufragio
enmedio de la sombra gritó: "¡Daca la pata!"

¡Nadie lo socorrió!
Al estrépito se asomó
toda la vecindad a las ventanas,
mujeres en bata, niños y ancianas,
y dijo una voz:
"¡Es el lorito del 302...!"

"Si cayó de cabeza muere".
(Dice la gente
que cuando el pico se hiere
un loro muere irremisiblemente...)

Aquel decir tan zafio
fue el único responso del loro
que bien merecía un epitafio
¡tallado en esmeralda y con letras de oro!

"¡Sic transit...!" En vano esperé
que el loro resurrecto gritara: "¡Me bajé!"

La escena del siniestro quedó a solas
volvieron a sonar las victrolas...

Tal vez el viento en la sombra arrastra una pluma verde
que se confunde con la hoja de un árbol y se pierde
en esa sombra murió el loro
en la sombra agorera
donde un gato nocturno finge el lloro,
desesperado, de una plañidera...

III
Meditación teosófica

Yo fui loro en la Luna...
Me lo ha dicho la Teosofía
y aquella que fue una
alma inocente y gárrula, es hoy el alma mía.

Aún el recuerdo no se pierde
en mí de la Luna y el ave ancestral
y los dos flotan como un chalchihuite verde
dentro de una esfera de ópalo y cristal...

Tal vez en los dinteles del más allá, me espera
de los loros de México la tropa vocinglera;
en los planos astrales le darán a mi alma

la bienvenida..., y sublimando la voz
tenderán en cada ala la curva de una palma
¡y habrán de cantar como los ángeles de Dios!



El pescadito de jabón

Soap is a considerable article of traffic in Puebla, being
sent from thence to most cities of New Spain. It is       
made in the shape of birds, fishes, beasts, fruits...       
—Six months in Mexico
, by W. Bullock, London, 1824

Pescado
de colores y dorado;
pescadito de jabón
súbitamente evocado,
sin ton ni son...

Del recuerdo entre la niebla,
oh pez, tu silueta revive
y te miro flotar en el aljibe
angélico de La Puebla!

Pez volador en el pensil
encantado y profundo
de mi asombro infantil
cuyo kindergarten era el mundo...

Pescado de jabón
y de oro volador,
para mi total emoción
todo era una flor...

Mis hermanas eran flores:
María era jazmín, Luz maravilla
y entre el vibrante júbilo de tan lindos colores
mi madre era una rosa de Castilla!

Pez nadador de las tardes de lluvia
en que no había colegio y era
sobre el hondo jardín donde diluvia
maravilloso acuario de vidriera...

Mágico pez
de mi niñez,
útil eras, pero te hacía
juguete la hogareña economía;
y en tu oficio lustral
en la tina do era la jícara, piragua,
morías por sino fatal
como el pez en el agua...

Te disolvías en tu propio elemento
en purificadora integración;
¡quién así se integrara a su íntima ilusión!

Y aquí se acaba el cuento
del "Pescadito de Jabón"...


Día de mi santo

(Walking-dream)

Despertar de un buen sueño
a un son de "mañanitas"
al pie de mi ventana
cuando comienzan a pasar los carros
llenos de verdura de Ixtacalco
y amapolas de las chinampas...
Oír "La Perjura" y "Sobre las Olas",
recibir tres regalos: un nuevo libro de los Goncourt,
un ramo de magnolias y un platón de cocada
llena de piñones y a fuego dorada!
Y que vayan llegando mis amigos
para el Mole onomástico:
Miguel Ajuria con su faz de luna llena
donde un gato y no un conejo reverbera;
Miguel Lerdo, juvenil y espectral;
Rafael López, mandarín de botón de cristal
en la "Selva de los Pinceles";
Ramón López Velarde, ponderado y doctoral.
Julio Torri, epigrama por breve y por jovial,
y el gran Genaro Estrada, su director espiritual;
Roberto Montenegro en crisis sempiterna...
Y Cabral y..., oveja blanca del aprisco,
asomaría el Marqués de San Francisco
entre otros rumiantes de laurel
conspicuos en la pluma y el pincel...

Aromas de epazote y de chile pasilla
anuncian como heraldos la sopa de tortilla.
Las garrafas ubérrimas de licor nacional
de todos los colores fingen un Carnaval,
pulques de apio, de almendra, de huevo, de tuna,
¡oh magníficos pulques donde vivas están
la regia alma de Xóchitl y la de Omar Khayam!

Porque será onomástico el día con su noche
alegres y cordiales a pie, a caballo, en coche,
siguen llegando amigos de José Juan Tablada
al mole y en la tarde para la tamalada.
Pues en cayendo el sol y en surgiendo la luna
habrá de ser la fiesta magnífica y rival
de las "Mil y una Noches", la noche será una!

P.D.
En los metafísicos banquetes con que aquí en el exilio se regala mi nostalgia están presentes todos mis amigos, los de ayer y los de hoy; nadie está excluido, pues aunque sea "in mente", mi egoísmo los congrega a todos. Así pues, los nombres citados no indican preferencia, sino que son simbólicos de todo lo que es amistad y dilección para mí.


Antoñica

¡Antoñica, si hubieras sido
como yo te imaginaba!
Yo había puesto en tu alma
todo lo bello de mi alma
de colegial intacto
donde aún perduraban
bajo las arideces aritméticas
fulgores de Cuentos de Hadas...

             Antoñica, rubia ramera
             de 1890...

Desde el parque frente a tu casa
te veía en el crepúsculo
palidecer y luego iluminarte
para el vivir nocturno...

             En tus cabellos brillaban
             las onzas de oro
             de la "partida" de Tacubaya.

Y en tus ojos violeta un alcohol
de veloces y azules flámulas.

             Hoy, ya muerta te identifico
             con las princesas
             de las miniaturas persas,
             por sensual y por fina y rubia
             con la Madona del Gran Duca.

De tus amantes nadie te amó como ese niño.
¡Ni el general, ni el banquero,
ni el banderillero
de Bernardo Gaviño!

             Como aquel niño ya poeta
             que divinizó tus pupilas
             como estrellas lejanas,
             suaves como violetas,
             y en su deliquio, cuando tú pasabas,
             extraño al sortilegio de tu sexo cruel
             temblaba sin saber por qué.

Y te veía alejarte, poniendo en tus espaldas
las alas de su Ángel de la Guarda...



Oración a San Benito

¡Pobre San Benito
se lo comieron las mujeres en vida
por negro y por bonito!
Más tarde Nietzsche diría:
"¡No hay más cruel desdicha
que caer en los brazos de una mujer lasciva!"

Pobre San Benito,
¡cuántas manzanas de oro
llenas por dentro de ceniza,
le amargaron la boca y la vida!

La Mujer del Eclesiastés
lo besó una vez y otra vez...
Conoció a la hembra incubo
de brazos y ventosas de pulpo;
Circé bajo su planta lo mantuvo
y los verdugones de las ojeras
le cundieron como lepra
hasta dejar su carne toda negra...

Por eso las mozas del partido,
urentes por el chulo preferido,
le rezan: "¡San Benito, San Benito,
o me traes a mi amante o duermes conmigo!"


Ja...! Ja...! Ja...! Ja...!

La reina de Saba - desnuda cual Lady Godiva - y crudamente pintada - como en las acuarelas infantinas - amazona peregrina - en un caballo de baraja - doctor en el "rentoy" - rumbo a los gallos de la Gran Feria de Lagos - (lagos de bermellón - surcados por garzas y patos - absolutamente paradisiacos) - noches tachonadas de fuegos artificiales - de todos colores - flores frutales entre zodiacos de plata - sobre la noche de negra laca

             Y en todo el horizonte crepuscular el brillo
             ¡único de una manta de Saltillo!
             Oh hemisferio
             de cóncavo júbilo y pueril misterio,
             Nao de China
             flotando en el agua de la tina
             de la hidroterapia sabatina;
             presea de mi niñez
             te llevará la testa mía
             como una fez
             a un futurista baile de fantasía;
             policroma fiesta
             yustapuesta
             a esta
             testa
             con tus animales
             de ojos angelicales
             tus venados azules
             y tus flores frutales!

Flora que kaleidos - copió - en sus dechados mi abuela y vislumbró - mi ojo infantil - al través de una almendra del candil...

             Oh crátera del super tinacal
             tinta en zumo de vides mexicanas,
             coróname las canas
             y disuelve mi esplín septentrional
             en cabal
             ímpetu Dadá
             ¡oh, la, la!
             ¡Ja, Ja, Ja!
             ¡Jícara de Olinalá!


Ex voto a López Velarde

1

Consagro a su memoria este Retablo:
un lucero nos guía hasta el establo
donde su numen —Niño Dios de cera—
junto al asno y al buey del Nacimiento,
que humildad y potencia diéranle con su aliento
de Reyes y pastores los tributos espera.

Pues las dádivas de monarcas y zagales
que timbraron sus versos, adornaron su cuna:
joyas y flores, oro y marfil, mirra y panales
hechos de sol y magas perlas hechas de luna!

2

Leyenda del Retablo: "No se ha visto
poeta de tan firme cristiandad.
Murió a los treinta y tres años de Cristo
y en poético olor de santidad.

"Fue en la vida el agreste actor de pastorela
que canta villancicos, todo música y miel,
y al fin cambiado en ángel, sobre el torvo Luzbel,
con un verso de oro entre los labios..., vuela!

"La Belleza le dio un ala; la otra el Bien,
viva así por los siglos de los siglos! Amén."

3
(Escolio)

Hermano cuyos éxtasis venero
cobijados bajo tu gran sombrero
negro y tímidamente mosquetero.
¡El olor de azahar y los cocuyos
dentro de las magnolias fueron tuyos!

Y tus metales que juzgaron vanos,
como engendros de luna, los insanos,
rindieron oro virgen en mis manos.

Y tu poesía que dijeron rara,
rezumando emoción es agua clara
en botellones de Guadalajara.

(Pues con sudor de su barro mortal
cuaja el Poeta prismas de cristal
para que el vulgo vea al triste mundo
irisado, misterioso y profundo.)

Fue tu barro también un incensario
ante Xochiquetzal; mas tu fervor
católico, ciñó el escapulario
y a la par desgranabas un rosario
perfumado con ámbares de amor...

Tus júbilos ingenuos sobre la pena están
cual sobre negro lucen, ardientes y sencillas,
azules amapolas y rojas "maravillas"
las jícaras que bruñe Michoacán.

Así en la laca nítida y brillante
de tus cóncavos versos turbadores
bebiendo el agua zarca, entre las flores,
¡mira su propio rostro el caminante!

4

Poeta municipal y rusticano,
tu Poesía fue la Aparición
milagrosa en el árido peñón,
entre nimbos de rosas y de estrellas;
y hoy nuestras almas van tras de tus huellas
a la Provincia, en peregrinación...

5

¡Gracias...! Porque alargaste hasta la cuna
rústica y pobre tu rayo de luna...
Y le pusiste letra al pertinaz
cántico de la fuente abandonada
que sintió los enigmas de tu faz
en su propio misterio reflejada.

(La fuente: compotera de azulejos
del silencioso patio de las monjas,
que los limones guarda y las toronjas
en dorada conserva de reflejos...

Y donde aún, tal vez, alma beata
para siempre golosa, en la oportuna
medianoche, hurga mieles con la plata
cómplice de los rayos de la luna.)

Porque brillo de séricos mantones
de Manila, tendiste en los balcones
de la natal casona, pobre y fea,
al paso de las lentas procesiones.

Y en la plaza polvosa de la aldea
despertaste un nidal de ruiseñores,
entre ígneas corolas de oro y plata,
dejando oír tu honda serenata
y encendiendo tus luces de colores.

Pues florece en jardines de esperanza
de la Patria la gran noche sombría,
cuando en ardiente cornucopia lanza
tu cohete de luz su pedrería!

Y al clamor de la gente pueblerina,
que anhelados prodigios adivina,
oros llueve, como si desde el cielo
por darnos luz el padre Ilhuicamina
arrojara los astros a su duelo!

Por los poemas que con miel de flores
amasó tu alma —monja en penitencia—
y como los monjiles alfajores
huelen a mirra y saben a indulgencia.

Por tus poemas tan sabrosos como
las mulitas del Corpus, que en el lomo
llevaron hasta nuestra niñez, en sus huacales,
fragantes y jugosas las primicias frutales.

Porque entre albas cortinas y entre flores
de tu jardín y germinada chía,
y naranjas con oros voladores,
encuadras tu sentida Poesía
en un altar de Viernes de Dolores.

Porque en tus versos armonizas y unes
con el afán de indígenas telares
copal de misas, ocios de San Lunes
y aromas de verbenas populares.

Porque colgaste de tus rimas rudas
y con pólvora sabia, hasta la escoria,
quemaste a la Retórica, ese Judas,
en jubiloso Sábado de Gloria...

Porque vestiste tu ímpetu, de charro,
y de china-poblana tu alegría,
y a nuestra sed en tu brillante jarro
de florecido y oloroso barro,
brindabas inebriante poesía...

6
(Jaculatoria)

Un gran cirio en la sombra llora y arde
por él..., y entre murmullos feligreses
de suspiros, de llantos y de preces
dice una voz al ánimo cobarde:

   "¡Qué triste será la tarde
   cuando a México regreses
   sin ver a López Velarde...!"


Epílogo

¿A qué obstinarse en proseguirla en vano...?
Ya terminó la Feria de la Vida,
a la paz y el estudio me convida
una luz al crepúsculo encendida
en el viejo Convento franciscano...

La plaza está desierta
y es triste la partida
sobre el crujir de la hojarasca yerta
al terminar la Feria de la Vida!

Del viejo templo voy hacia la puerta
al abrirla rechinan sus barrotes...
Como no hay en el templo sacerdotes
Jesucristo me da la bienvenida
de astros y flores entre nuevos brotes...!

¡Ya terminó la Feria de la Vida!