La poesía de José Juan Tablada que aquí ofrecemos es tan amplia como diversa; transita de las formas tradicionales, propias del decadentismo y el modernismo, a las de vanguardia, como el caligrama, el simultaneísmo o el haikú. A pesar de las cambiantes formas y ritmos, sus temas siguieron siendo la observación de la naturaleza, la condición humana y la reflexión en torno a la mexicanidad. Incluimos también las diversas traducciones que hizo de poetas en lengua francesa, portuguesa, inglesa y japonesa.
No sintió las presurosas
pisadas de tu pie breve
la blanca estera...; ¡fue un leve
resbalar de suaves rosas
que dejó intacta su nieve!...
No sintió la fina estera
ni el fru fru de tu vestido,
pero yo quedé‚ rendido
cual si mi ser estuviera
a sus plantas extendido.
Y tal el encanto fue
de aquella profanación
que en el tapiz no se ve
huella; pero el breve pie
aún oprime un corazón.
Con ruedas de molino comulga
y tiene vanas curvaturas
es una virgen que se espulga
por pudor en un cuarto a oscuras.
Por la vida, como un sonámbulo
por el pretil de una azotea.
En el invierno sombrío
junto al río,
esponjado de frío
llora su nombre el tildío.
El rabihorcado casi inmóvil vuela,
silueta pueril a tinta china
sobre diáfano cielo de acuarela.
Como un corazón
reson-
arás,
oh caracol
con ruido de ol-
as.
Las nieves del Iztaccíhuatl
¡ay!
y el cerebro de Soto y Gama...
El lago de Xochimilco
¡ay!
y el impuesto del Centenario...
Chapultepec: tus ahuehuetes
¡ay!
y los coroneles borrachos...
Los crepúsculos de Chapala
¡ay!
y las sesiones de la Cámara...
Duérmete, nostalgia,
vuélvete a dormir ,
"toronjil de plata,
cuna de marfil..."
En esos viejos grabados
en que aún los japoneses y los chinos
eran algo greco-romanos...
Trancas de la Hacienda
alabado de los peones
próxima montaña.
Aulladero de Coyotes.
El express Saint-Louis-New York
detenido un instante en la noche de luna
¿oyó cantar al ruiseñor?...
Radiografía
de Mona Lisa
Gioconda,
¡sombría
sonrisa
más honda!
El gran paraván coreano
con profusas pinturas a mano
las dos cómodas japonesas
de negros herrajes y virgen madera
y la taza de vidrio chino
como tallada en un zafiro
que a contraluz en la ventana
está llena de vino ultramarino.
Después de recorrer toda la pauta,
buen artista,
de su canto el canario duda
y entonces lanza la menuda
interrogación de su flauta.
Desde que hay Chauve Souris
los ratones viejos de Arlequín
alegría que has matado
sagitario del Arco Iris
¡Airi! Airi Katinka
Jar Pliz - de gran vuelo zenital
serás el Sol
fragua
en la caverna de la Gran Noche Rusa
se forja para el mundo la Aurora Boreal
Hay cajas de Camotes poblanos
que la Gontzcharova ha pintado
luce
y hay un dibujo idéntico
en un ruso abanico
y en un botellón tapatío
Babí
heliotropismo - Flor
de Nochebuena y girasol
y de las coheterías mexicanas
el antropoide Sol caribermejo
el mismo de los papalotl
La tristeza en estupendo vol-plané
y al fin se volatilizó
sobre un magno tapiz de Samarkanda
el magro Caballero bizantino
Gaya filosofía
antitrascendental Saber
y la ilusión, Superficial, de la Mujer
Canto de la Revolución
venérea
en los escombros de la rancia Francia
venérea, avara, militar y triste
monjas ardientes
(thesaurus exoticorum)
flores Magenta y hojas de cardenillo
sobre fondo amarillo
cajas, de Camotes de Puebla
de los Ángeles, y de la Gontzcharova...
e pueril
Katinka muñeca floral infantil
Venus juguete de Jade coral y marfil
Katinkafrodita gentil
venid a escuchar
cantar a un pastel
del Siglo xviii
Alternativamente Venus y diosa hindú
aromas cálidos de flor
tiene tu boca cuando besa
mas modulando el verbo de tu razón espesa
cuelga y finge tu labio superior
la trompa elefantina de Ganesa.
Danzaba sus desesperaciones virginales
en camisa de noche al claroscuro lunático
de los pianos de Chopin
con ojos de lechuza en las noches sin luz
y oliendo en la serenata de los gatos
vagamente al Príncipe Azul.
Il lui apporta son coeur au bout d'une ficelle
trottant sur le trottoir
son coeur un petit chien un peu sale
qui tirait sa langue
Entre los pelos de aquel asno
habían brotado violetas y margaritas
y por las vidrieras de sus ojos asomaban
dos princesas cautivas y encantadas
los ventiladores de sus orejas
eléctricamente se movían
escépticos audífonos
que no disciernen nada teleológico
ni en el zumbido de los tábanos
ni en los mensajes inalámbricos
sus cascos eran cuatro guijarros
pulidos por las aguas de la Vida
su tardío rebuzno es su fervor poético
y su silencio su sabiduría
y entre la inefable suavidad de sus belfos
no saben los cardos si los deshoja el viento
del asno el rebuzno
asierra la pradera
en un zig-zag acústico
y crepuscular se dilacera
del silencio en la honda cisterna
nimbando con haces concéntricos
sobre el lomo del asno
por cada cardo hay una estrella
un domingo que como todos para el asno
fue Domingo de Ramos.
Instantes del albor de una sonrisa
minúsculos relámpagos
en el filo del devenir
instantes en que reina
el dios potencial que hay en mí...
Por las rendijas de la casa carnal
entre un viento de éter del plano astral
la sombra del hipercubo
incuba el telar sincrónico
del alba y del crepúsculo
en el minuto de infrarrojo
abrió mis ojos de ayer
en el transcurso de alguna
plus ultra dimensión
en las hojas del árbol está la raíz
en cubista kaleidoscopio
cruzo a lo largo de la rosa
Ángelus y crepúsculos
y durante unos ojos multiplicados
en aérea cristalización
los labios en progresiones plásticas
y en espejos fronteros
paralelos a un infinito reír
habrán de deshojarse acústicos
recreando un carmín sin fin
en ecos innumerables
hacia todos los rumbos cardinales
hasta el horizonte concéntricos
almizcle ubicuo y sutil.
Ojos y labios y tú crucificada
cenicienta de las Mil
y una noches con un pie en el cielo
y una estrella por escarpín
geométrica porque eres de tierra
sublunar sombra de marfil
de tu etéreo cuerpo de luz así
como el círculo es sombra de la esfera
en el hiperespacio o en el astral confín
auroras boreales de un eón del Polo
en la plúmula del colibrí
llanto de todo un ciclo venturoso
en el joyero de la ostra vil
Tú
en el superespacio
y Yo
atados a las tres dimensiones
y al tiempo... los dos!
"Después de una comida mineral
mándame la fotografía de tu vientre
en rayos X..."
Le pide a su novia Don Juan.
"En el laberinto
de tus intestinos
lloraría perdido
Cupido."
"Ya que de tu faz no quedó nada
más que una muela orificada
y francamente negra
en la penumbra de la calavera."
Para soñar más allá de la vida
la pasión ideal nunca sentida...
Otro amor, sin sombra ninguna
sin retórica y sin ironía
de aromas y rayos de luna
e inmune a la radioscopía!
Y miro unirse entre floraciones abstractas
a los hombres teosóficos las mujeres exactas
unos por fin y otros tiéndense cordial mano
triunfantes redimidos de haber pensado en vano
un gran orangután a su manera estético
de la Verdad abraza el diamante sintético
cuyas facetas son una y otra edad
fundidas en el gran crisol de la Unidad
y del hombre en las manos de asbestos el Crisol
deposita por fin: el Crisol que es el Sol.
Son gotas de agua reflejando al Sol
y el ruido del mar, en el caracol
Estaba hechizado, prisionero
de su celda; era rey sin saber que lo era
y en el jardín estaban sus lágrimas de niño
y los suspiros de su pasión primera
y las huellas profundas de su tacón
estaban llenas de hojas otoñales
luminosa y clara al aparecer
el astro Afrodita que nace en la espuma del mar
Con palabra mendaz que punza y muerde
he de ponerte verde!
Tú luego te pondrás blanca de ira
y al fin por reacción congestionada...
Placer del patriotero que te mira,
oh mujer verde, blanca y colorada!
Ciudad-Sirena
Sorella de la Luna
Venezia-la-Bella
Sybaris de Europa Saturnia Regna
Fóscolo
con una rosa en la mano
y una súplica en los ojos!
Gentil dona —
Mereceré la cárcel tres veces al día
y todos los días
las Islas Marías.
¿Dónde está el aeroplano que no cesa en su vuelo
dónde el elevador para subir al cielo
el que no se detiene nunca?
¡Ay,
sólo hay
el Subway!
¡Como sereno trágico el crepúsculo
enciende las estrellas
mientras los campanarios
cantan avemarías!
Aquí vivió Don Juan Manuel
un coro de ángeles al vuelo
ahorcáronlo con un cordel
y luego haláronlo hasta el Cielo.
Una infantil ingenuidad exhala
tu juventud en flor, amada mía,
y entre un fresco candor de colegiala
parece que tu alma se extasía...
Tu blanco seno late como el ala
de torcaz alba que volar ansía,
y alza tu frente, que a la nieve iguala,
hostia de matinal eucaristía.
Vives de la inocencia en los jardines
junto a la límpida fuente que se estanca
reflejando azucenas y jazmines...
Sólo a mi amor un pésame le arranca
mirar bajo el tacón de tus botines
el estertor de una paloma blanca!...
Suspiro... porque cierto
es el fatal mañana, amada mía!
Porque yo estaré muerto
cuando tú serás joven todavía...!
Porque florida y juvenil te miro
y yo, me siento ya mustio y deshecho...
Por eso mi pesar se hace suspiro
y brota del abismo de mi pecho.
Como una flor azul, tierna y jugosa,
que se doblega allí donde se posa
tu talón de carmín, tu pie de plata,
así, mi pobre amor se desbarata
como en la tempestad la mariposa!
Adorada, divina, bendecida,
pienso que me consumo en adorarte
y que es triste tener sólo una vida
y un solo corazón que poder darte!
Yo soy una hoja seca; tú, rocío;
tú empiezas a vivir y yo me muero;
yo soy la felpa negra de un joyero
adonde brillas tú, diamante mío!
Son tus amores rosas en las cruces
de mi existencia lóbrega y liviana;
ya yo me inclino como los saúces
y tú brillas, ¡oh Sol de la Mañana!
Vano el rumor de tus sedosas faldas
aunque recelen cármenes y lises!
¡Ángel, quiero besar en tus espaldas
de tus alas de ayer las cicatrices!
No equivoques, arcángel, mis delirios;
mi pasión es ardiente, mi amor puro,
y hace mi beso que lo más impuro
de ti, florezca en perfumados lirios!
Tiemblo de amor y celos si te miro,
tengo celos de todo, hasta del tul
que te adorna... Por eso mi suspiro
desde el negro pesar en que deliro
sube hacia a ti como una flor azul!
Písala con tus pies, ¡oh vencedora!
Písala, mi bacante, con furor
sagrado... Soy la tarde y tú la aurora,
yo soy la sombra y tú eres el Amor!
Mañana tú te irás, divina y pura,
cual lo dijiste ayer... La mariposa
de tu beso, se irá... Pero en mi fosa
yo pensaré en tu honda sepultura!
Libre y desnuda de carnales velos...
Con qué intenso placer así te miro!
Entonces ya tú no me darás celos
ni habrá en mi pecho un trágico suspiro!
Entonces nuestras almas, flores bellas,
se darán besos con el polen de oro...
Entonces serás tú lo que yo adoro
y han de ser nuestras almas dos estrellas
allá en el cielo de zafir y oro!
Son mis armas un ramo de almendro florido
sobre un cielo azulado después que haya llovido.
Un cuervo croa y vuela.
Pasan uno, dos y tres,
como en una acuarela
de Buntcho el japonés.
Mi esposa al plenilunio suele
cantar, al son del yukalele,
hasta que el oído me duele...
No he escuchado mujer alguna
que arme tal zambra moruna
para celebrar la luna.
Sobre las piedras de una cerca
el yukalele toca terca,
ella lejos... ¡El ruido cerca!
Al cantar We have not bananas,
al orfeón se integran las ranas,
para la ocasión hawaianas...
La guitarrilla de Hawai
me hace decir ¡caray, caray!
Y al fin gritar ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay!
Y, aunque muy tarde, me percato
que mi mujer ha sido gato
de esos que mayan sin recato
al plenilunio... ¡Y me arrebato!
Tras largo navegar, el Hombre, solo,
en su bajel Razón llegó hasta el Polo;
la brújula marcar miró, en su anhelo,
no al Norte, como antes..., sino al Cielo;
y ante ese inútil navegar en vano
transformó su navío en aeroplano.
Ciencia, déjame solo como un niño
de alma atónita y pupilas asombradas
en la Dimensión Ultra de los Cuentos de Hadas!
¡Oh, Ciencia que te arrastras en un plano
unidimensional, como un gusano!...
Déjame en medio de mi mundo astral,
entre los arco-iris de su esfera de cristal:
Mi arco-iris, escala de Jacob
que une este mundo con la Cuarta Dimensión!
Lavándula
que perfumas las ropas en las arcas
de madera blanca
eres inocente aun siendo de Houbigant
tu alma como tu cuerpo es de cristal
perfumas mejor que la toronja
mejor que la alhucema
que se quema
en combustiones místicas de monja
más que la curandera yerbabuena
eres la última resonancia
del Ángelus en la tarde serena
la víspera de un día feliz
en la mansión cabal de la madre mejor
Te miro con ojos de niño
a través de un cristal de maravilla
lavándula lavándula lava mi frente
y deshaz este pensamiento
en que enterrada viva el alma siente
la ternura de haber sido inocente
desde el pozo cegado de su remordimiento
El perfume de Caron
le hace un alma de Dogaresa
cuando llega al cabaret
enjoyada bajo las pieles
las plumas y las sedas
como un caballo de batalla
cargado de trofeos.
Su mirada brillante es un relincho
su sonrisa un halcón
que va hacer presa
y sobre la alcándara ebúrnea
esponja las alas bermejas
Bajo las brumas y sobre las olas
del mar acerbo que de ti me aparta,
con el tormento de la ausencia a solas,
entre brisa glacial abro tu carta.
Tiembla el papel donde tu amor exhalas
como blanca paloma mensajera
que al fin entre mis manos abatiera
el fatigado vuelo de sus alas.
Del mar entre el monótono murmullo
y el aroma de sal, de pronto siento
que se exhala el perfume de tu aliento
y que surge tu voz como un arrullo...
A ti vuelve mi anhelo como a un nido,
la triste ausencia nos aleja en vano;
y hoy como ayer, de amor estremecido
late mi corazón bajo tu mano.
Mientras en un concierto que me asombra,
pues parece un clamor del pecho mío,
sobre tanto pavor y tanta sombra
ulula la sirena del navío...
¡Búdhica fe que redimiste un día
del anhelo sexual mi sentimiento,
con amargura de renunciamiento
y lasitudes de melancolía!
En el silencio de mi pensamiento,
sobre la paz de tu sabiduría,
trémula de pasión el alma mía
oye otra vez el cálido lamento...
Ya me adormece el hatchis de unos ojos,
me turba un cuerpo juvenil y bello
y la promesa de unos labios rojos...
¡Oh Fe!, lanza en mi sombra tu destello
si a caer vuelvo trémulo y de hinojos
con el yugo carnal sobre mi cuello.
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Escena: el Cigarral de Buenavista, Toledo, 1588.
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DOMENICO THEOTOCOPULI ("El Greco")
¡Por fin se oculta ese orbe rojo y suena
el Ángelus! ¡Ave María de gracia llena!
Escuchad el repique de vuestro sacristán...
Para las vigas de Santo Tomé
la campana es muy grande he dicho a su mercé...
¿Nuestros cantos de Creta os parecieron
tristes el otro día?... Quizás tenga
Ibn Erza más alegres. ¡Zus! Que venga
pronto al jardín con su laúd el mozo
y toque un son morisco de risa y alborozo,
ese que el Señor Cura de Illescas nos cantó.
A mi gusto complace un canto más austero,
fúnebre y penetrante como glacial acero,
recordad, Don Andrés, que soy "el Griego" yo.
Por eso entre humanistas coloqué tu figura
prestigiando con ella mi maestra pintura.
¡Adonde Don Gonzalo Ruiz, el Señor de Orgaz
desciende a su sepulcro, oh Paleólogo, estás!
¡Adoro de Toledo las callejas, los muros,
las albas misteriosas en los cerros oscuros
las neblinas deshechas por el sol. Un amigo
o dos para charlar, y un buen fraile testigo
de cosas de Indias o países herejes, de torturas
extrañas, flora y fauna de un país encantado
y hechicerías en las regiones oscuras
donde el nombre de Cristo jamás ha resonado!
¡Amo de esta ciudad los milagrosos
claustros y celdas adonde Jesús
en pies y manos a los religiosos
marca con los estigmas de la Cruz
y oran monjas y frailes suspendidos
o velan por demonios perseguidos!
Amo ir en las tardes del verano
con Hortencio o con Tirso de la mano
a la vera de las huertas nocturnas
admirando esos bellos mármoles y las urnas
que nuestro grande Cardenal legara,
discutir los de Grecia, por el Rabino enviados
palimsestos, o el torso y la moneda rara,
a nuestro Covarrubias para ser confirmados
y lee mi Valdivieso, tornando a casa luego
de Jorge y de Gerónima avizorar el juego
en la terraza donde aguarda mi buen vino
de Esquivias, en el vaso cristalino,
licor que por lo seco os tiene que agradar,
¡salud! Ahora podremos de negocios hablar.
¿Don Andrés, el litigio pendiente se ganó?
DON ANDRÉS NÚÑEZ DE MADRID; CURA DE SANTO TOMÉ
¡Sí, por fin! Del Primado trajo el correo ayer
la orden que el legado sostiene. El Canciller
declara por lo tanto que pagar debe Orgaz
las rentas adeudadas por su señor y en más
los viejos intereses. El suceso es feliz
y ya contar podemos nuestro maravedís
tal cual otra parroquia de la ciudad lo hiciera,
vinos, gallinas, granos y madera
en primicias traerán los habitantes
de Orgaz. Restauraremos cuanto antes
nuestra iglesia y también de buena gana
se os pagará.
GRECO
Muy bien, será mañana
mas recordad que es préstamo, no quiero
vender mis obras; de vuestro dinero
prenda son que recobro al liquidar.
DON ANDRÉS
Vuestra usual condición he de aceptar...
GRECO
Cristóbal y Gaspar, traed mis pinturas
a la terraza, a esta hora casi a oscuras
como las naves de Santo Tomé,
así quiero mostrarla a su mercé...
El Entierro de Don Gonzalo, ¡con cuidado,
majaderos, que está recién pintado!
Ahora Ibn-Erza, templa tu vihuela,
Don Andrés, de Galicia ama la escuela;
toca pues de Manrique los cantares,
aquellos del ausente y sus pesares...
DON ANDRÉS
¡Madre Santísima! ¡Esto es un tesoro!
Gonzalo en su armadura, llenos de oro,
bajando desde el cielo, Agustina y Esteban,
los santos milagrosos, al sepulcro lo llevan...
El Obispo con barbas de plata es una estrella.
Las mejillas de Esteban son de ámbar rosado,
vuestro Jorge señala de velludo arropado
y yo estoy con el libro y la capa pluvial
y nuestra Cruz y los caballeros y Juan Ruiz
revestido con la sobrepelliz...
¡Todos ellos sin duda estarán placenteros
de vivir en el templo los tiempos venideros!
¡Santo Tomé, patronos no te habrán de faltar
y lo afirmo, jamás hombre alguno ha pintado
tales negros, tal oro y tal damasquinado!
GRECO
¿Y los cielos?... ¿Los cielos...? ¡Decid Parenidad,
de ellos como Maestro, como teólogo hablad,
como el sabio que brilla y siempre brillará
en la docta Academia Trilingüe de Alcalá!
¿O evitaréis el tema que esta mañana sometí
al propio Inquisidor, Don Niño, aquí
cuando vino curioso a escudriñar por qué
las alas de mis ángeles tan grandes dibujé?
¿O si yo dudo acaso que son serafines
sólo espíritus puros; o si por ser afines
la hipótesis de Scotus y la creencia mía,
siendo el ente seráfico de esencia material,
con las alas más cortas no se levantaría?
Por respuesta le di más de un trascendental
problema. ¿Fueron para el de Aquino tales
espíritus sin cuerpo, por ser angelicales?
Scotus y Bernardo sostendrían que no,
ellos son "incorpóreos", tal el dogma afirmó.
Ergo: pintarles alas no fuera de rigor
humildemente opino, Señor Inquisidor!
Y se fue... Luego supe que provocó un debate
allá en los Carmelitas, tomando el chocolate
recién llegado de la Misión de Manila,
mas por ningún debate mi creencia vacila.
¡Mi credo está pintado! Digan ellos los suyos
con palabras sutiles y fugaces murmullos...
DON ANDRÉS
Doménico, parece que abrigáis el intento
de enseñar Teología...
GRECO
¿Por qué no? ¿El pensamiento
palabras tiene acaso por única expresión?
¿No puede hacer acaso mi firme claroscuro
de espíritus y mentes la propia distinción,
dándole alma a los cuerpos hechos de barro impuro?...
Ahora mis propósitos entenderéis mejor.
Ni en Valencia o Sevilla hay un pintor
que supere o iguale mi maestría...
Ved esta escena de la obra mía
que exactamente mi pincel tradujo
como cuando el milagro se produjo,
cuando traído hasta Santo Tomé
aquel cadáver inhumano fue
y los Santos bajando de la altura
con sus manos le dieron sepultura.
¡Las palabras no pueden pintar el
milagro que retrata mi pincel,
explicando por qué Toledo en duelo
del noble al sacerdote, a lo alto lanza
su ferviente mirada y en cielo
resignado coloca su esperanza!
Por qué Usted, Pedro, Antonio, Jorge y Diego
yo, los hidalgos y los frailes luego
estamos en el lienzo retratados;
con la fe con que los antepasados
cuyos ojos miraron el milagro
yo los identifico y los consagro
testigos, ¡pues yo he visto esa visión!
Como buen Griego hay en mi corazón
un algo de rapsoda que perdura...
Ahí la clara luz, la tinta oscura,
aquí el escorzo, allá el alongamiento,
acullá vaga sombra, aquí el preciso
trazo, el éxtasis muestran indeciso
o la certeza de mi pensamiento.
Mis antorchas alumbran las pupilas
que hacia el cielo dirígense tranquilas;
un ángel alza el signo de la Cruz
y alumbra nuestra ruta con su luz;
un querubín entreabre con su ala
la torva nube hacia donde se exhala
el alma de Gonzalo que ha nacido,
para siempre de penas redimido,
a la dicha de otra vida mejor...
Y de la Cruz al claro resplandor
un vuelo de querubes todo armonía,
prorrumpe en un hosanna vocinglero,
¡cual golondrinas que desde su alero
dorado por el sol, cantan al día!
¡Ved! Entre nubes y sobre la altura
Cristo destaca su imperial figura
su cuerpo es real, como resucitó
después que por nosotros sucumbió.
En su regazo está Nuestra Señora
de carne, aunque en el cielo... Ved ahora
¿por qué virtud de mi filosofía
aun el Bautista, en esta gloria mía,
tiene ese aspecto tosco y alargado
e incompleto, entre un fulgor helado?
Así también Apóstoles y Electo
aguardarán que la Resurrección
les conceda con un cuerpo perfecto
espiritual y sempiterna unión...
¡Ved qué macizas llaves Pedro aferra
entre el golfo del cielo y de la tierra!
Y todos toman forma, ¿lo habéis visto?
Por esa luz que les irradia el Cristo
de sus cuerpos mortales al través...
Quizás los pinte un día, Don Andrés,
menos pesados, ¡con menor escoria
de la que los abruma en esta gloria!...
DON ANDRÉS
Un hermoso evangelio has predicado
en verdad; pero de Santo Tomé
los feligreses en su ruda fe,
¿no hallarán este cielo muy helado?
GRECO
Puede ser..., pero ¿piensa el Señor Cura
que de Roma y Venecia la pintura
dejé para aprender, aquí, en Castilla,
el cálido color? La pacotilla
use de tal arbitrio...
DON ANDRÉS
Herir no quiero
al amigo Doménico y espero
que mañana señale a su pintura
el debido lugar.
(Aparte.)
Se me figura
turbio su cielo y lúgubre; ¡no importa!
(En voz alta.)
El viento de la tarde sopla y corta
y de Ánimas el toque va a sonar...
¡Maestro, hasta mañana!
GRECO
Antes de celebrar
vuestra misa, mi lienzo os mandaré enrollado.
Yo lo dejaré luego sobre el muro fijado
¡Tóbal, Gonzalo! Capas y espadas, con premura,
¡y antorchas! Escoltad al Señor Cura,
la Judería es por las noches atroz...
DON ANDRÉS
¡Dios quede con usted!
GRECO
¡Marchad con Dios!
Las cuatro
paredes de mi cuarto
se dilatan a veces
en el tiempo y en el espacio,
como espejos fronteros,
como relojes de música
de antaños y de ayeres,
como clepsidras convertidas
en ventosas, reabsorbiendo
el llanto que lloraron
por una muerta vida...
Entro
al locutorio de un convento;
las monjas a señas dicen: silencio!
Y yo que soy un niño endomingado
a quien al salir de casa persignaron,
abro una puerta de sacristía
y con el corazón palpitante como un pájaro,
miro a la Montespán, desnudándose de brocados
y de batistas, para la noche del Sábado!
"Odor di fémina"... y el estupro de mi alma
por aquella diosa en cueros, y en un suspiro,
como un espejo, hecha añicos
la inocencia del niño
que avaro de relentes femeninos se esconde
y llora en un rincón oscuro y evoca
entre inefables remordimientos, aquella boca
y aquellas carnes tibias, lisas y blancas
y aquellos duros senos y aquellas móviles ancas
que lo machacaron como piedras de un molino
obstinadas en exprimir la harina del rubio trigo!
Otra vez levantándose a oscuras y descalzo, sus ansias irán
a tocar en vano a la puerta muda de la Montespán...
Rubén Darío, hermano mío,
tu gran alma desencarnada
flota sobre el mundo sombrío
en inmarcesible alborada
hermano mío, Rubén Darío,
ruega por
José Juan Tablada.
(A un amigo mío, amante de México, de gran espíritu,
pero que como buen sajón, cree con Bernardo Shaw
que "el oro es la sangre del mundo".)
No, mi amigo sajón, no me conoces.
No será el metal tuyo mi tesoro,
soy de la raza que le llamó al oro
"El excremento de los dioses".
El chalchihuite, verdegay turquesa,
y con la pluma del quetzal, la flor,
fueron de aquella raza la mejor
presea y la más límpida riqueza.
El tolteca adivino
sospechaba en el oro algo divino
por poderoso y por siniestro, vil,
y le llamó "Tecuitla", profético y sutil.
Pupilas de obsidiana irónicas y frías
del sabio prócer de Palenque o Mitla
contemplando vuestras tesorerías,
templos de un dios plasmado en vil tecuitla.
Y al hijo de Israel, de rostro carneril
con misticismo de rampante agnostia,
comulgando contrito y tomando por hostia
una rodaja de tecuitla vil.
Y a las Danaes, esa multitud,
entregando su belleza divina
toda desnuda y en flor de juventud,
a un Júpiter... deshecho en colerina.
Y el angustiado lloro
de los huérfanos o el maternal
de quienes perdieron su tesoro,
padre, hijo o esposo leal,
en la Gran Guerra Mundial
a base de oro.
Amigo sajón, Polifemo
impera de las tesorerías
de Wall Street, alhóndiga de fiemo,
deletéreo establo de Augías
(que en sus doce trabajos el Hércules futuro
habrá de limpiar, de seguro).
No es por miedo a catarros o toses
que en el pañuelo mi nariz recato
si por allí transito; es que hiere mi olfato
el áureo estiércol de los dioses.
"Vade retro", mi amigo,
el afán de monedas no comparto contigo
sino las ansias de belleza, de amor
y de verdad. Déjame mi ideal
indo-latino, mi turquesa, mi flor
y mi joyante pluma de quetzal.
Acaso el dicho azteca no conoces:
"Las plumas son la sombra de los dioses".
La otra nieve
es una primavera
junto a ésta;
azucenas blancas
lentamente deshoja
y posa en los techos
palomas de plata
y mariposas de nácar
y llueve leves grumos
como los
pétalos del almendro en flor.
Ésa es otra nieve
es la arena menuda de los blancos Saharas
y pasa casi horizontal
por mi ventana en alas del simún boreal.
Es una dinámica neblina,
es una tempestad de sal
sobre la sombra neoyorquina
ulcerada de oro.
Por la Babilonia metálica
pasan rebaños de osos blancos;
las ráfagas
son coléricas zarpas,
cual si alguno de esos árticos
se sacudiera junto a mi ventana,
estréllanse en sus vidrios
con leve ruido mil chaquiras blancas.
Como un rengífero
bajo un témpano
alza una complicada cornamenta
el negro árbol de invierno.
Ni un polvo de los mágicos cristales
llega de las auroras boreales
que con sus alas apagara
el gigante albatros de la nevasca.
Las árticas ballenas,
como en los viejos planisferios,
descargan de sus fluidas antenas
el doble surtidor,
y el agua de nieve de esa lluvia
implacable diluvia
sobre Nueva York.
Un ejemplo sanfranciscano
mueve mi corazón de mexicano
al ver que los gorriones van,
en salto elástico y breve,
por la calle desierta, estampando la nieve
con dibujos de flores de San Juan.
En un barco de flores conocí a las mujeres
más bellas de Hainán; con largos alfileres
llenos de rosas y de banderolas
en los cabellos de charol...
El curvo barco sobre las elásticas olas
iluminado "a giorno", brillaba como un sol,
y en medio de las aguas policromas del río
era como un alcázar el puente del navío.
Hilaridad de la primera pipa de opio,
sonoridad de mis oídos musicales...
y cantando y ardiendo los cristales
de un tímpano y de un kaleidoscopio...
Y la voz nunca oída de las cosas,
la significación de los colores
y las hembras deshaciéndose en flores
que volaban como las mariposas!
Ah, por fin las mujeres eran todas de misterio,
almizclado y oblicuo, ebúrneo y gutural,
echando monosílabos en la red del silencio
como la Luna sus zapeques en el mar!
¿Y aquel lecho semejante a un ataúd
o a una manta-raya para mi juventud?
Y el desconcierto de mi flauta y su laúd?
Desde entonces en vano busca la vida mía
un placer más intenso que aquella inarmonía!
Desfloré todo el barco de flores como un vándalo
y salí con la aurora oliendo a opio y a sándalo.
Hainán! Vaso de jade donde todos los días
deja el alba su ofrenda de rosas peonías
y al suspirar las brisas un verso de Tu-fú
repican como crótalos las velas de bambú.
Mujeres, mujeres, mujeres
de aquella amarilla Citeres!
Inolvidables huríes de Hainán,
que aún en mis médulas están
(paradójico talismán)
insolubles en salvarsán.
Mujeres, mujeres, mujeres...
Tarde en el Bronx. Jirafas y avestruces
hacen de su cabeza un ofertorio
ellos —bailarinas hawaiianas—
y ellas —telescopios—.
Antílopes y gacelas
que miran de soslayo,
¿quién no ha visto esos mismos ojos
abrirse en la penumbra del serrallo?
En las fiebres del África
la sedienta jirafa, poco a poco,
fue extendiendo su cuello hacia la luna
blanca, helada, redonda, como un coco.
El inmóvil rinoceronte,
en el charco donde se baña,
a la niñera suspicaz engaña;
pero los niños, lógicos,
lo toman por un monte.
¡Oh jirafa, te cubre desteñida
gualdrapa de archipiélagos canela;
con algo de payaso que anda en zancos
y algo de Don Folías
me llevas, al ritmo de sus trancos,
a infantiles jugueterías!...
Atalaya de los paisajes,
antes que elefantes y cíbolos
miras surgir entre celajes
el Sol, la Luna y los velívolos.
Los inalámbricos mensajes
cuyo arcano no desentrañas,
al dilatarse por el cielo,
hacen que vibren las pestañas
de tus ojos de terciopelo...
Pero aquí, tu vana altitud
y tus verticales anhelos
a nadie admiran ni arrebatan,
¡aunque te empines, de Manhattan
no alcanzarás los rascacielos!
A tu sombra, oh jirafa, medité
en la vanidad de la altura
de que Einstein da fe;
pero, propicio a tu dulzura,
mi corazón en miniatura
es como el Arca de Noé...
En el agave y el nopal
la apariencia sólo es cruel
y la espina superficial
pues en uno la savia es miel
en el otro el fruto es cordial
y ambos en el fondo son el
justo símbolo nacional.
Buidas púas oponed
y espinas a la sinrazón,
mas a quien sufra de hambre o de sed
y a los que amantes de la patria son,
patrios magueyes y nopales, sed
todos dulzura y corazón.
Verdes pencas, blanco licor
espumante en la fresca jícara
y del cactus la roja flor...
la Musa callejera y pícara
os loa en ¡viva! tricolor...
Desde el queso de tuna al
ixtle y gusano de maguey os loa
por colonche y por tinacal,
en el hoyo de barbacoa
y sobre el techo del jacal!
De México símbolo fiel,
por fuertes y suaves, son
el recio agave cuya sangre es miel
con el nopal que brinda a flor de piel
la dulce tuna, como un corazón!
Oh cuitado Brumel, no es tu corbata
el nudo en la garganta...?
Basta para ver del mundo el ludibrio
un ojo solo bajo un solo vidrio...
¿La desesperación...? Que se retuerza
bajo tu alba camisa... de fuerza!
La flor en el ojal, a flor
del corazón...
¿Dar la mano? La moda es anticuada;
Brumel da el corazón o no da nada...
Cordial entraña que se oculta peca.
Mano a mano, no mano a quiroteca.
La cabeza es sólo perchero,
claro, para el sombrero!
(aunque a veces ayuda
a que el cuello postizo no se suba).
Sirven para tan poco los sesos
que hoy en día se llaman los esos...
Alas talares a los pies de plomo,
arte pedestre más con cuándo y cómo:
usa sandalias para echar raíz,
y no patines en la hora feliz.
Bajo una mala capa
tu copa —el corazón—
hurta a los vinos de la Prohibición.
El tiempo es curvo y el Destin-
o junta cuna y ataúd.
Medita, oh Brumel, la eterna virtud
de vivir el Principio del Fin!
Mujer y hombre las usan, no ambiciones
sino lo interno de los pantalones
y tu desdén decrete coz de mulo
al consonante vil del cachirulo...
(Vacilaciones, Op. N° 3)
Hoy he teñido a Nueva York
de verde, blanco y colorado,
los rascacielos decorado
con flecos de tule y sotol
y banderolas de papel picado!
Y en lugar del de Wall Street,
oro de México, oro de sol,
el sidéreo de Tonatiúh
colgué por la gala en su cenit
que de pardo volvióse azul.
Quité a su águila nacional
de la garra el rayo y el trueno
y la hice asir un nopal
para que sepa lo que es bueno,
penca espinosa y tuna cordial.
Deshojé amapolas en todo
Broadway y la Quinta Avenida,
perfumada lluvia florida
sobre oro, mármol, nieve y lodo...
Pintoresca como un retablo,
de júbilo y colores llena,
fue Nueva York una verbena
del Cacahuatal de San Pablo.
¡Ah mis chinampas, sobre el Hudson,
sabinos de Chapultepec
en búcaros de rascacielos,
mis volcanes... en el subway!
Se acabó la Ciudad-Imperio
y en sus murallas arrasadas,
ya en el hogar, por refrigerio
y donaire, y brujo misterio,
me guisé un plato de enchiladas
de tan suculenta bondad,
de tal aroma y tal cariz
que hinchó con gula su nariz
la Estatua de la Libertad;
golosa rechinó las muelas
y adulando mi patrio amor
robó astros y rojas telas
al crepúsculo... Y se hizo un castor
tachonado de lentejuelas!
El "jazz band" colgó del techo
un friso de máscaras africanas,
unas de marfil, otras de ébano.
Las mujeres pasaban,
rostros pintados y ojos en el cielo,
piernas y brazos en grácil arabesco
senos indóciles y graves traseros.
Los erotógenos perfumes:
chipre, ámbar, origán
envolvían el vaivén hawaiano
y el kuchi-kuchi muscular.
A veces una flauta suspiraba:
Amor es inefable sentimiento;
pero luego perfumes, colores, ritmos
decían con el trueno del tambor:
Amor es una sensación!
Grité con voz que nadie oyó:
¡Soy el Sultán Scharriar,
me he bebido las Mil y Una Noches
en esta corola de cristal!
Tristes madrugadas
en que los relojes andan hacia atrás...
Los abanicos vuelven a sus estuches
y los violines a sus parvos ataúdes...
Las mariposas regresan a sus crisálidas
para cambiarse en orugas...
El automóvil Rolls-Royce
es vieja silla de postas
por interminable cuesta pedregosa.
Y los galeotes en sus celdas
están vestidos con las sombras de las rejas.
Notario de las bajas emociones
de la más crasa humanidad,
a tientas en las Intersecciones
¡pon el laurel de tu inconformidad...!
Crítico, pensador sombrío,
sin duda pescar puedes,
¡pero más allá de tus redes
pasan el Poeta y el río!
Galeote inocente, la cebra
viste uniforme a rayas
tras de las rejas.
¿Cuál cóncavo espejo
estiró de la cebra el cuello?
¡Las crestas de espuma
de las olas rotas!
¡Tórnanse gaviotas!
Dan vino a los soldados
antes de la batalla...;
¿por qué no, de una vez, inocularles
el virus de la rabia?
A F. C.
El general no sabe leer
ni es honrado, ni sabe trabajar
pero... ¡mató por propia mano
a veinticinco mexicanos!
¡Y cree que él y otros varios
son la Nación!... No, general,
¡ni el Gobierno es la Patria
ni Dios es el perrero
de Catedral!
Oh falsas Libertad y Democracia,
en el futuro os veo
junto a la Teoyamique y Coatlicue
en los salones del Museo.
Y dirán los catálogos:
"¡Produjeron más hecatombes
que Huitzilopochtli y que Tláloc!"
Me sentí feliz y me cubrí de pájaros cantores y de campos en flor
y de cada uno de mis poros, cuando me sentí feroz
surgió embistiendo un cíbolo y rugiendo un león
mi tristeza fue un desierto bajo una noche interminable y negra
y largas tardes otoñales expresó mi melancolía
llorando sobre las hojas secas incesante llovizna...
Un ímpetu de amor abrió las puertas de todos los serrallos
hondos como los templos y de alhucema saturados
al zureo de las palomas del Canto de los Cánticos
verdes vírgenes y bermejas odaliscas suspiraron
hasta que brotaron violetas en torno de sus ojos en blanco
así lluvias áureas de polen en las noches estivales
abrazan toda una floresta y ponen ósculos de oro en cada cáliz
viajero, navegué con los argólidas, los fenicios y los piratas
fui a Catay y a Cipango pasando por las Islas del Oro y de la Plata
nuestro bajel sobre el dorso de la Gran Serpiente Marina
y en alas del Demonio tifón pasó su zozobra por las Islas...
Tengo tatuados en el cuerpo los nombres de los millares de mujeres
entre patrióticas sirenas de azul pólvora, ancla y corazones traspasados
y si cierro los ojos todo un mundo de gigantesco cosmorama
cubre con anuncios de Barnum los decrépitos muros de mi alma
entre cocos labrados en las cárceles e incoloras fotografías
de paisajes exóticos y rostros borrados como en los sueños
en mi baúl de viaje he dado con un viejo catalejo
todas las horas de mi vida rebotan entre sus vidrios encantados
ya distinguir no puedo el presente del futuro y el pasado
siento que me levanto como un globo y tripulante de mi propio corazón
veré todo integrado y simultáneo, desde la cuarta Dimensión!
Botellón de Guadalajara
con las banderas desplegadas
de las únicas fiestas patrias
y la palmera y el venado
con las esencialidades
de las mujeres a quienes has amado.
Las prostitutas
Ángeles de la Guarda
de las tímidas vírgenes;
ellas detienen la embestida
de los demonios y sobre el burdel
se levantan las casas de cristal
donde sueñan las niñas...
Y la diosa se echó a temblar
como el reflejo de la luna sobre el mar.
Tienen las hojas de los arces,
verdes, purpúreas, amarillas,
gratas al poeta Maples,
cromatismo otoñal estridentista.
De cada hilo de lluvia
cuelga un hongo o un sapo.
¡Por quién canta el arroyo?...
¡Oh la Ninfa invisible
a los carnales ojos...!
Canta y canta el arroyo,
tiene mil años de cantar,
las piedras ha excavado
(calla sólo en invierno).
¡Pero la Ninfa
tiene los ojos en el cielo!
Todas las cosas nos miran desde otro mundo
donde tienen un raigambre profundo.
¡Mujeres y hombres que pasáis por la Avenida,
sois íntimos pedazos de mi alma y trágicos instantes de mi vida!
Fue mi alma esa "flapper" que va como danzando por el frívolo sendero
y danzará en el cabaret toda la noche
buscando de su vida en el sensual derroche
los espasmos sin amor, la vanidad de las alhajas y el dinero.
Mi vanidad retórica tuvo una máscara pintada como ella,
aberración de vanagloria, vana, impura...
¡La mujer que su faz cubre de pintura
como el poeta su alma, que es un lirio o una estrella...!
Grave doctor que ante la galería
pavonea su audaz sabiduría,
así yo, ¡hasta el instante
en que al fin supe que nada sabía!
Del Doctor arrogante
me conmueve prever el salvador
momento en que descubra iluminado
que nunca fue Doctor...
Quien llegue a ese momento se ha salvado
pues en él ha entrevisto
la luz que nace de los pies de Cristo;
y siendo luz y aurora boreal
cuyo esplendor nos ciega y nos asombra
¡no es al fin sino sombra
de la luz integral!
Hombre lógico, hombre reacio
a lo que es tu fuerza, a la Intuición...
Los pies de Cristo en el Hiperespacio
se posan en la Cuarta Dimensión...
Y más vale dejar las cosas donde están
porque las cosas de este suelo
no son sino la sombra de las cosas del cielo.
Las paradojas de la luz en el Sendero
son axiomas en términos de Cuarta Dimensión.
Tus besos en la crin de los faunos borrachos
pegáronse cual polen en los estambres machos
y rozando de Lesbos las sollozantes alas
fueron polen de las hondas corolas.
Andrógina y hondamente femenina
carne llena de bocas y de ojos
negros diamantes
carbunclos rojos
siento bajo tus abrazos
de la tenaz diosa los doce brazos
bajo tus manos tiernas
mis uñas como un harpa entre tus piernas.
¡Quinta Avenida al sol primaveral,
Atlántida de plata y de cristal!
Esta Primavera del hierro echa a las hembras
a la calle —faldas cortas, brazos desnudos—
sajonas ojos de vidrio
judías ojos de lámpara
latinas ojos de llama
negras bocas de entraña.
Asciende jubilosa mi alma —en la perspectiva
vertical. Apenas sujeta al cuerpo— como pue-
ril globo de gas.
Colibríes y libélulas de mi alegría
danzando en el aroma de las lilas!
Árboles instantáneos en manos de fakires. Cre-
cen los sones de los organillos
(Madurando en las almas
la fruta de un sollozo
con flores de suspiros)
Los gorriones se echan a reír —porque suben los
bonos de Bethlehem Steel. —Cruzan a la vez,
aeroplanos, automóviles, elevados y sub-ways
Broadway, Dragón de Oro
caído de la Vía Láctea
Hembras-vampiros y hombres-salamandras
—frotan en tus escamas-dólares sus deseos.
(Para su comezón del "más allá"
no todos tienen "rasca-cielos"...)
Unánimes dialogan —los Bancos y las Sinagogas.
El verde está de moda este año —en los árboles,
en los ómnibus y en los billetes de Banco.
Y en mi esperanza de que un día
mi alma saltará
del viejo trampolín de la carne mortal
hacia el azul,
de lo relativo a lo Abstracto
Looping the loop.
El Tío Samuel complaciente
nos manda en dos visitantes
su mejor equivalente
de los héroes de Cervantes.
¿No es Lindbergh como gentil
caballero de Ideal,
resurrección de un triunfal
don Quijote juvenil?
¿Y ese Will Rogers no alcanza
por práctico y chocarrero
el perfil del escudero
Panza?
¿Y es hasta por el sombrero
ancho
Sancho?
Lindy, genio americano,
consumó pueril invento
haciéndose un aeroplano
con un molino de viento.
Y jinete en un velívolo
nos dejó a los infelices
jinetes de toro o cíbolo
con un palmo de narices.
Y Will Rogers el sutil
por darle una broma al riel
hizo del ferrocarril
asno fiel
Y así llegó por el cielo
mexicano el Caballero,
y siguiólo por el suelo
su escudero!
Lindy, tu nave se inclina
hacia México y destellas
cual rauda y peregrina
saeta de Ilhuicamina
dorada por las estrellas.
Quijote joven, Quijano
que en esta resurrección
revives hermoso y sano
del mundo a la admiración,
te ve pasar el poeta
y al volar tal luz exhalas,
que cree ver entre tus alas
el Carro del Musageta.
Dejo, a pesar del espacio,
unido tu vuelo eolio
al mexicano Palacio
con tu patrio Capitolio.
Y que unidos por tus manos,
limpias de toda maldad,
marchen dos pueblos hermanos
hacia la fraternidad!
Tú que sirviendo a la Guerra
no has profanado tus alas
y por los cielos resbalas
sembrando amor en la tierra.
Que la Paz su oliva brote
en los combatidos suelos
a tu paso, ¡oh Don Quijote,
oh paladín de los cielos!
Pues mi pueblo indo-español
unánime mira en tu
alto vuelo a Tonatiúh
y al Caballero del Sol.
¡Viva tu audaz juventud
coronada de laurel!
¡Y viva Will Rogers, el
alcalde de Hollywood!
Que si tú en lo alto destellas
él, aunque de índole varia,
también tiene mil "estrellas"
en su Ínsula Barataria.
Lindy, en estos versos quiero
unir en rima sutil
con tu ardor de Caballero
la buena risa de Will
Rogers, tu fiel escudero;
mis versos en sus afanes
quieren, siguiendo tus vuelos,
ir desde tus rascacielos
hasta mis patrios volcanes.
Del amor universal
han surgido en el crisol
en nostálgico arrebol
y en mensaje fraternal
de tu Aurora Boreal
a mi Sol.
Ana Kelerman "de clavado"
sirenizada al hendir la piscina,
Afrodita resurge al otro lado.
Entre nácares se arrebuja
y el sol, gallo que le hace la rueda,
en las móviles ondas dibuja,
desplumándose, al Cisne de Leda.
Ya todo mi tesoro lo cargo adentro
ostra rugosa, carne y tierra.
Del íntimo joyero
es el astro la perla
que alumbra todos los misterios.
Ya no salgo al balcón
si pasa por la calle
con su música el batallón;
ya no vuelvo el rostro
si escucho a mis espaldas
el retintín del oro;
ya no sigo el perfume
de la lumia gachona
que ha doblado la esquina.
Ya todo mi tesoro
lo cargo adentro.
Avión tornasolado, menudo y vocinglero,
que como voladora cuchara de albañil
tras de rasgar los aires, tu nido en el alero
salpicas con el júbilo del celestial añil.
Luce tu dorso negro írises de abalón,
tu pechuga es de nácar mejor que de marfil
y eres por tu vuelo, tu brillo y tu elación
Príncipe Azul de la golondrina monjil.
Realismo que destella
Ideal... El anhelo
de besar a un estrella
con los pies en el suelo.
Diagonales hilos de lluvia
de Hiroshigué ciertas estampas surcan.
Las veo, en el recuerdo, como a través de un arpa;
y en el arpegio los colores cantan.
Mientras te miras al espejo
la Muerte, por detrás,
va raspando el azogue con el dedo.
Y sufrirás, mas luego
a través del cristal verás el cielo.
Orinegro día y noche eres, oh girasol,
y como su fiel símbolo mi espíritu te nombra:
por más que mires hacia el sol
la mitad de tu vida pasarás en la sombra.
Alma encarnada en flor,
ven a la cita
musicada en color.
Ven a mí, lluvia, rayo de sol,
pon tu arco-iris
en mi corazón.
Penetrará mi voz en ti,
cántico entre perfumes de jardín.
Yo girasol, tú alma
de un lis selenetropo,
aunados en la
espiral musical
de un caracol andrógino,
un anillo de plata
y un anillo de oro.
La primera nevada
me sorprende cuando abro la ventana.
¡Ha convertido el árbol
negro ayer en madrépora de acuario!
Con aleros de mármol
decora negros muros
y en luz lunar alumbra el claroscuro!
¡Que silenciosamente
cambia todo la nieve!
Las estatuas del Parque son, Pierrot
una y la otra la Mujer de Loth.
Desmenuza la nieve papelillos
como el Día del Armisticio.
Allá en los Elevados descarrila
largo convoy de harina.
Se arrebujan los próceres palacios
en un denso plumón alcanforado.
Hormigas por azúcares de nieve,
a lo lejos los hombres van y vienen.
El té humea.
Mientras la amada llega
será la tarde azul una pantalla
para mirar estampas japonesas.
Ocaso. En tanta nieve se clava rojo sol.
¿Abre la boca el Oso Ruso?
¿Asoma la bandera del Japón?
¡Sus millones de luces encienden Nueva York!
Las manos infantiles de la cortesana
abrieron el mirador como una jaula.
En el jardín el polvo de las dinastías
cuajó una primavera de azules peonías;
los murciélagos de la arboleda
colgaban en moños de seda
y el ruiseñor en el pentagrama del plenilunio
vibraba los cascabeles de un nocturno.
Entretanto, algo siniestro
sucede en el cuarto vecino.
La sangre de un crimen gotea
y el corazón golpea
como un martillo.
Pero no dice nada
el rostro de ídolo de la cortesana,
que tiene tatuada una estrella
como un lunar.
Mis ojos en la sombra
se salen de las órbitas
como los del buho y no ven nada.
Entre la niebla del río,
suena la sirena de un navío
y se escucha en la calle
un bárbaro tumulto de abordaje.
La casa se estremece. (Después supe
que la casa se hizo a la mar como un buque.)
Sobre la alfombra elástica
apareció una tripulación enmascarada.
La cortesana vestida de amarillo
y de silencio
encendió una lámpara de incienso
y de olvido,
abrió un libro de música y de misterio
y se tendió sobre un triclinio
gris y negro.
Voces lejanas: "¡Auxilio!, ¡auxilio!,
¡auxilio!, ¡auxilio!"
Con una mano rayos X, la cortesana
apagó la lámpara
y los gritos.
Les femmes aux gestes de madrépore ont des poils et des
lèvres rouges d'orchidée.
Les singes du pôle sont albinos ambre et neige
et sautent vêtus d'aurore boréale.
Dans le ciel il y a une affiche d'oléomargarine,
voici l'arbre de la quinine
et la Vierge des Douleurs.
Le Zodiaque tourne dans la nuit de fièvre jaune,
la pluie enferme tout le Tropique dans une cage de cristal
c'est l'heure d'enjamber le crépuscule comme un zèbre
vers l'île de jadis
où se réveillent les femmes assassinées.
A la orilla del río
las doncellas se bañan entre los lotos;
no se les ve desde la playa
mas óyense sus risas cuando estallan
mientras que en los peñascos, sus sedeños
ropajes, perfuman el viento.
Un gallardo jinete pasa cerca,
a una de las doncellas le salta el corazón
y encendida en rubor
corre luego a esconderse
en el macizo de los lotos en flor.
Cuando el viento murmura
a través del Palacio de las Aguas
tiemblan las flores del nenúfar.
Indolente divaga el Rey de Lú
tendido en la terraza de Ku-Sú;
frente a él Sy-Ché danza
y ondula con un ritmo
lleno de frágil gracia.
Sensual en su cansancio
y al final sonriente,
apóyase en el regio lecho de jade blanco
y mira hacia el Oriente.
Solo
sobre mi barca que se mece
bajo la luna del otoño...
Solo
y a la deriva en el Lago del Sur
veo las blancas flores de loto...
Arde mi corazón
por declararles su pasión,
pero, ¡ay!, mi bote se desliza
al azar y al capricho de las olas
y desfallece el alma pesarosa.
Nada es tan semejante a una iglesia
como el cuerpo de una cortesana.
Las mujeres honradas
son oratorios particulares;
pero las cortesanas son templos
abiertos
a todas las piedades.
Tienen vastas liturgias
y orgullosas arquitecturas;
los senos, aéreas cúpulas;
las piernas columnas
y las graves bóvedas del santuario sombrío
donde se esconde el Ídolo.
Siempre litúrgicas
viven entre perfumes y entre músicas
y joyas y brocados
y flores y pinturas
(arte superficial y profundo
para acendrar el culto).
En los atrios de las cortesanas hay niños
que imploran y tiemblan como mendigos
y ocultan sus pasiones humildes como llagas.
Y así en los cementerios,
fuegos fatuos de amantes sin ventura
y almas en pena, surgen de las tumbas,
en el recuerdo de las prostitutas.
Tatuajes sobre los brazos,
ex-votos en muros de mármol...
En los cuerpos venustos
noche y día arde el culto.
Y bajo el esplendor indumentario
vela insaciable y antropófago
el fetiche africano
(Calabozo-rosario
Bestia-Flor)...
Una noche de infancia en el dintel de un burdel
saturado de incienso,
sentí anhelo y congoja
como al entrar a un templo.
Y la ola de ternura y de horror
de la mujer infame y maternal
y breve furia hasta desalterar-
se con la sangre de mi corazón.
De aquel templo salí lleno de años
y tristemente sabio,
y en místicos deliquios me hizo estremecer
el pertinaz recuerdo perfumado
de aquella eclesiástica mujer.
Sobre el peñasco monocromo
la lagartija azul y plomo,
al sol de abril enarca el lomo.
El pájaro mosca que en la flor ahonda
zumbando y luciendo prosigue su ronda
como una esmeralda que lanza su honda.
Vino Bolívar a expirar
aquí, sobre la playa,
como el mar.
La humanidad que antaño tuvo miedo
a la muerte hoy le tiene miedo a la vida.
Ecuánime el indio examina
la casa de adobe de la golondrina.
Lávate pues los ojos con el llanto
del arrepentimiento.
Pradera del crepúsculo
parece que destellas
y que tus margaritas
reflejan las estrellas.
Sean maldecidos
esos ojos que sueñan
y hablan dormidos.
Por los vanos empeños
cifrados en promesas
dichosos en sueños.
Meditación,
del pensamiento
habitación.
El crepúsculo es una guacamaya
sobre los cocoteros de la playa.
Apacible jirafa que descuellas
cual si soñaras en pastar estrellas.
Rocío, flor
cocuyo...
Plural fulgor.
El alma de aquel niño
al morir, dejó el cuerpo
como un pájaro el nido.
Oh trágica batalla
del espíritu que nos une
y la carne que nos separa.
Memoria de un pasado
que habremos olvidado.
Del espíritu encarnado
bien decir se pudiera:
arcángel encarcelado
en el cubil de una fiera.
La estrella con su luz
rompe la nube
y el jardín la tiniebla
con su perfume.
Días
velados por nubes de orobías.
Mañanas Alacenas
de tempranas fragantes de alhucemas
campánulas para los eucarísticos manteles.
y repiques sin sol.
(Oh
no!
vuestras rosas mucosas
vuestras azucenas con ojeras
vuestros amores
de glándulas y secreciones...)
He de adorar a Cristo
con las rodillas
desnudas sobre las losas frías.
Al crepúsculo espera
en la mesa de virgen madera
con el arroz frugal
la leche y el pan blanco.
Y al final
el pecado venial
de la pasta de almendra
conventual.
La mujer que aparece, surge
en medio del apoteosis de un perfume
o escondida como una violeta
en el núcleo de sombra de la estrella.
Intermitente copo de espuma
en el oleaje de la música.
Vaso de champaña y nieve
en la sed de la fiebre
que nos hunde en la alberca tibia y clara
de una inmensa esmeralda
y nos abre en la aurora
los ojos que cerramos en la sombra!
Sus sendas balas
dan la vuelta a la tierra en un instante
y ambos caen por la espalda...
Lleva una pluma en el sombrero
como una pluma en un tintero...
Buen burgués: el tlaconete
es hermafrodita y tiene
más de 14,000 dientes!...
De lo único que creo no arrepentirme es de haber llamado "Intersecciones" a mis poemas. Título feliz que podría inscribirse también en el umbral de todas las peregrinaciones espirituales, extramuros del egocentrismo, nuestro viejo alcázar en ruinas que ya no puede abrigarnos. El alcázar del egocentrismo se alzó en medio de la Ciudadela de la Separatividad donde nos encerramos y nos fortificamos y creímos poder vivir sin necesitar de los demás.
"Yo soy todo", decía cada quien. Almacenamos cuanto creímos necesitar como para resistir un largo sitio. Pero llegó un día en que sentimos que dentro de nosotros despertaba algo que nunca habíamos sentido, algo que puede llamarse la conciencia espiritual. De pronto cuanto habíamos almacenado en nuestro alcázar se convirtió en cenizas y lo poco que subsistió cambió de significado. Descubrimos como el avaro que no podíamos comer oro.
De lo que poseíamos lo único que aquilató su valor fue aquello que podíamos compartir con los demás, moral o materialmente. Yo como un señor feudal arrepentido, salió [sic] de su alcázar fortificado y se fue caminando a pie, hacia un convento, sobre el mundo de las intersecciones.
Quisiera mi patriótica alegría
estos páramos neoyorquinos
estremecer con una letanía
de gritos septembrinos.
Viva el Bajío,
sus jaripeos y trovadores;
la rúbrica de la mangana
de la reata de lechuguilla
en la página azul celeste.
Viva Guadalajara
tan romántica en las noches de plata
Guadalajara que va a misa
ojerosa de serenata
Guadalajara
que ayer encantara
mi juventud y aún me encantará...
Fue un tanto extraña la aventura:
iba yo siguiendo a Lao-Tse...
Nadie puede ver, oh Lao-Tse,
sino la huella de tu pie.
Tras de su voz lejana
la huella está en la noche
la voz en la mañana;
se alza el incensario a tres metros del suelo,
para sentir su aroma hay que escalar el cielo.
¡Oh beldades a quienes ayer cubrí de besos
hoy deshechas en cabellos y en huesos!
¿De qué sirve ante otros el valeroso alarde
a quien en luchas íntimas es débil y cobarde?
De la belleza el secreto siempre ignoto,
¡ay!, reflejamos como espejo turbio y roto...
¡Eso no es el TAO!, me dije y desde entonces
(a pesar de los Grandes Ecuatoriales y sus bronces)
los Cometas siguen pasando
sobre una mano
tendida en vano.
Del 15 de septiembre en la parada
he de montar, cual rutilante charro,
bestia feroz de tricolor listada;
no me diga, compadre, que desbarro,
mi cebra es verde, blanca y colorada.
Pegaso junto a ella es un pollino,
figúratela, hermano, ¡qué divina
entre el vértigo de una crinolina
franqueará de mi lazo el torbellino!
Como arco iris o como bandera
bajo el sol, sobre el cielo recortada
relámpago será por lo ligera
y aurora boreal por matizada.
Con la salva de una ametralladora,
montada en la cabeza de mi silla,
y de cola y de crines esponjada
parecerá un cometa la malvada
mi cebra tricolor cola de ardilla.
Creo que se me han subido los colores
de mole verde, de tlachique y vino.
¡Viva la Patria! ¡Mueran los traidores!
¡Qué vacilón, compadre Zeferino!
Aquí en el mundo de la 3ª dimensión
soñó la oruga ser un faraón.
(No hay a una momia nada
tan semejante como una crisálida.)
Y aunque en el hiperespacio
sean momias y crisálidas
fragmentos de una misma intersección,
Psique de mariposa reflejará en su iris
el Ojo Cósmico de Osiris...
Allá, en la 4ª dimensión...
¡Dios guarde al cosechero
bendita la cosecha!
Nueces de Miraflores
que hoy llegáis a mi mesa,
don de la mano amiga,
anuncio de la Pascua Navideña,
¿por qué me hacéis sentir tan hondamente?
Palpando, en vuestra cáscara morena
la suavidad, recuerdo
la mano que os plantó, la sabia diestra
firme como el acero que guiara
y suave y delicada como seda.
Nueces de Miraflores, sois semillas
y así hacéis germinar en mi conciencia
árboles rumorosos, los recuerdos
de la Memoria en la profunda selva.
Nobles árboles son a cuya sombra
se llenan de memorias las praderas
brotando cual las flores campesinas
de la lejana tierra.
Bajo sus frondas y sobre la grama
danzan en ronda angélica
Ninfas y Musas, ¡ay!, las ilusiones
de nuestra juventud en primavera.
¿Es aurora o crepúsculo? Dorada
surge en Coyoacán la añosa iglesia,
los volcanes encumbran la blancura
de sus nieves eternas;
extiende el Pedregal la marejada
de sus olas inmóviles y pétreas,
Churubusco revive de otros días
la trágica epopeya;
del Ajusco la brava serranía
zafiro y lapislázuli remeda.
Y más allá tras de los arenales,
oasis al pie de la escarpada, surca
de Anáhuac la Venecia,
edén para románticos idilios;
del Imperio lacustre última perla;
Chalchihuite entre plumas de esmeralda
y del Valle de México la gema,
todo el azul del cielo Xochimilco
recoge en sus lagunas de turquesa.
Al declinar la tarde o romper la mañana
a pesar de las lluvias o de la nublazón
el canario desgrana
su canción.
Alegría del pájaro, optimismo sencillo,
si el sol no ha de brillar,
lleno de sol, el pájaro amarillo
del oro dará el libro
a su propio cantar.
Confínense al instante y su tormento acabe,
la tenaz inquietud que en la conciencia ahonda
y humilde, la cabeza bajo del ala esconda
como en su jaula el ave.
Y vencido y minúsculo el pensamiento acerbo
del ánima perdido en el misterio ignoto
émulo del canario deje pasar al cuervo
por el azul remoto.
Corre el ferrocarril.
El campo está encharcado
de pedazos de cielo
de cabezas de vacas antípodas
asómanse por ellos.
Dora sus romos cuernos
de la Luisiana el sol.
Sus fugaces cabezas
como talladas en turquesa
tienen ojos de girasol.
De niño jugué
con estos animales y estas casas
y estas cosas de Arca de Noé,
y mientras el tren vuela
regreso a mi niñez porque me desconsuela
esta gris realidad. ¡Más colores veía
los domingos en la juguetería!
La metafísica se aviene
con la Historia Natural;
de Dios nuestro espíritu viene,
nuestro cuerpo, del animal...
Hombre, árbol
superior,
tus brazos, las ramas
tus pies, las raíces
tu rostro, la flor.
Hombre Cavernario
que miras la huesa
abrirse: primera tristeza...
Hombre Cavernario
que al cielo levantas
las manos: primera plegaria...
Hombre Cavernario
en tus ojos que arden
reflejando el cielo
¡el primer espíritu
nace!
En un mar de vidrios glaucos y alba espuma
va jadeando el paquebote entre oro y bruma
al cielo gris las claraboyas
apagadas lunas recortan
sobre cubierta gestos
de hombres blancos y hombres negros
amordazado por su grueso pico
apenas puede hablar el perico
La guacamaya azul y azafrán
rayado blanco y negro ostenta un antifaz
Hay un mico
que silba como pájaro y llora como niño
y pieles de jaguar áureas y negras
con el sol y la sombra de la selva
Las monjas betlemitas
harán otra jornada en la gracia divina
Los mercaderes llenarán de oro
sus sacos de café. Los marineros
tendrán en tierra frutas y refrescos
Por eso el paquebote acompaña
con el redoble de su máquina
el canto de esperanza y de ilusión
del corazón
de la tripulación...
Tambores de plata
redoblan las olas del mar
veranda del Hotel balcón del trópico
el malecón inmóvil y el tumulto del mar
y un éxodo de olas
que llegan de los rumbos cardinales
con rotos espejismos y evangelios indescifrables
olas de septentrión y olas australes
unas en la arena deshojan azahares
otras traen a la playa pieles de oso polar.
Tambores de plata
redoblan las olas del mar
mar que arroja a la playa botellas de naufragio
hechas añicos con frases del mensaje inalámbrico
que nadie recibió
si la tierra sufre sin cesar
es justo que llore el Mar.
Olas de la isla de Robinson; Árticas olas,
témpanos teñidos de azul por las alas de las gaviotas
mi corazón es un mirífico cristal
como la almendra del candil
a través de la cual
mi asombrada niñez miró las Mil
y una Noches y la Aurora Boreal.
Tambores de plata
redoblan las olas del mar
hemisférica diana sobre del mar sonoro
promulga la aurora de clarín de oro
en el Hotel hay un muerto tendido
que no oye esa diana que todos han oído.
Y en el horizonte van surgiendo las velas
de una armada magnífica
de rotundas y doradas carabelas
hechas de nubes que el viento hará flotar
al fin sobre la tierra y sobre el mar
por los zodíacos entre cuya luz
las anclas se transforman en un avión o en una cruz.
Tambores de plata
redoblan las olas del mar
PERO ALGUIEN HA CERRADO LOS OJOS PARA SIEMPRE
y el orgulloso bergantín
de raudas nubes que singla en el confín
se irá sin nosotros tripulado de espectros
que no encontrará ya lo sabemos
con su viejo astrolabio apagado
las ilusiones
de las constelaciones
quizá el muerto que yace tendido
toda su vida soñó que estaba vivo.
Tambores de plata
redoblan las olas del mar.
A Julio Torri
Enamorado estoy de la esbeltez
rotunda de una Reina de Ajedrez.
Pues revela en su arquitectura
(calipigia y juncal;
grupa enorme, breve cintura)
toda una entidad moral.
No sé si será tierna
(la Reina es sorda)
sólo tiene una pierna
¡pero tan gorda!
Lámpara (sin luz), quinqué trágico,
pero mística y prócer toda,
como un poste telegráfico
prisionero en una pagoda.
Aunque inmóvil, se dijera,
por sus enagüillas horizontales,
que es vertiginosa bayadera
girando en infinitas espirales.
(El General "post mortem" es ecuestre
en bronce o mármol. A su vez
tiene su busto, vertical, el caballo
en el Panteón del Ajedrez.)
(El que muere primero
y a granel es el peón,
víctima eterna del tablero
y de la Revolución.)
Pero a ti, Reina, la muerte no te inquieta,
tú renaces como las Margaritas
y eres más que María Antonieta,
porque mueres y resucitas.
Y miras a tu Rey senil,
blanco, negro o color ceniza,
a la postre tan infantil,
cual la necia torre maciza,
lírica torre de marfil.
Reina, me encantas porque eres
idéntica por cualquier lado
y afirmas así tu reinado
sobre las demás mujeres.
Eres tan sencilla
que sintetizas con el disco el anca,
y eres tan franca
que tienes por cabeza una perilla...
No eres tan opulenta como Róschil,
ni tu abolengo es tan azul que
eclipses a la Reina Xóchil,
nuestra Reina-Madre-del-Pulque.
Pero cual eres ha de ser
(algo sufragista
y más dadaísta)
la super-mujer.
Seré cómplice del Destino
y tras de maquinal combate
voy a servirte un jaque (mate)
filidoresco y Argentino.
Con mimetismos de azahar y de marfil
te asalto, triplemente inicuo:
1°-por chino, 2°-por oblicuo,
3°-por alfil...
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
LA REINA: Wonderful! It is
Sweet! Another kiss!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
En mi total placidez,
una duda me importuna
(no todo ha de ser ¡claro! de luna)
¿tuvo doncellez
alguna
vez
la Reina del Ajedrez?...
Francisco Monterde García Icazbalceta
es haijín sincero y cabal poeta;
gayo romero, fiel peregrino
que ama igual a la piedra y a la flor del camino.
El haijín es el poeta del haikai
que, disociando el panorama, ve
el trazo sutil del pincel de Hokusai
y el jocundo color de Hiroshigué.
En todo vierte su amor el haijín,
sabiendo que del sol a la célula
y del ángel a la libélula
el alma universal no tiene fin.
Fuera de Asís si no fuera de Budha;
la esencia del Logos, el haijín lo sabe,
duerme en la planta y en la piedra es muda,
perfuma en las flores y canta en el ave.
Por eso, optimista y jovial,
el buen haijín itinerante
canta en la gloria del instante
la flor, la piedra, el animal...
Aunque sediento, el haijín deja
intacta su taza de té,
en pasmo porque mira que
la luna en ella se refleja.
Y da valor a otro haijín
que la cigarra del estío
beba en la gota de rocío
todas las flores del jardín.
Máxima in mínima es humilde
lema en su rústico blasón;
quien de minúsculo lo tilde,
¿sabe qué es un electrón?...
Para el haijín no hay trivial cosa.
Todo un drama cabe en un grito;
la serpiente es un infinito
y Psiquis... ¡una mariposa!
Cuando el sol de la tarde quema
su brasa última en un vapor
embalsamado de alhucema,
el haijín cuelga su poema
del cerezo en la rama en flor...
Su talismán es la ironía,
platónica potestad,
forma jovial de la piedad
y flor de la sabiduría.
Va electrizando su emoción
con la chispa de la sorpresa,
dejando en cada cosa presa
el ansia de su corazón...
El aroma y la miel de toda
flor, destila como la abeja
y el cielo, el bosque y la pagoda
su pompa de jabón refleja.
y discierne del animal
y la flor las almas hermanas,
con esa armonía cabal
del paraíso terrenal
y las bateas michoacanas...
No será coronado el
haijín aunque el sol de Oriente,
como el azar, sobre su frente
ponga la sombra de un laurel...
No será académico, pero
lo reconocen como hermano
la verde rana del estero,
el floripondio del sendero
y hasta el sinsonte mexicano.
Porque ya en México hay
más de un rapsoda del haikai
que en nuestra tierra peregrina
y se funde armoniosamente,
como tanta cosa de Oriente
que nos trajo la Nao de China.
Saludemos, y yo el primero,
con Lozano y Rubén Romero
y Mendoza y Gutiérrez Cruz,
al nuevo haijín y poeta
Monterde García Icazbalceta
que regresa de Veracruz.
Mientras el tren vuela
regreso a mi niñez, porque me desconsuela
esta realidad gris... Más colores veía
los domingos en la juguetería
y de noche en mi caja de acuarela...
¡Oh las kaleidoscópicas pinturas
de la linterna mágica de ayer,
de Simbad, Robinsón y Guliver!
Andanzas proyectaba y aventuras
—antes que la mujer ensangrentara
con su vino mi vaso de agua clara—.
Las decalcomanías de misterioso oro
eran el único anhelado tesoro
singular maravilla
cuando bajo mi dedo brotaban sus primaveras
en las hojas del Libro de Mantilla
o en el cristal de las vidrieras...
Al pasar el tren por los cruceros
los timbres de alarma repican cascabeles
y detiénense carricoches y viajeros
sonámbulos al borde de los rieles...
Yo sigo volando hacia atrás:
Arcadia, Jauja, la Isla Misteriosa
itinerario espiritual.
En un río de Georgia contemplo en espejismos
los jardines flotantes de Xochimilco.
Estrambóticas ramas de árbol
rubrican el cielo de mármol.
El dinosauro de una nube
chupa las naranjas del Sol.
Del tiempo y el espacio en la mitad
va mi Ego en el Pullman reclinado
en un prodigio de elasticidad
y equilibrio inseguro,
pues mi cuerpo va hacia el futuro
y el pensamiento hacia el pasado.
El campo está encharcado de pedazos de cielo,
y cabezas de vacas antípodas
asómanse por ellos...
Dora sus romos cuernos de la Luisiana el Sol.
¡Cuán bellas son sus fugaces cabezas
como talladas en turquesas
y con ojos de girasol!
De niño jugué
con estos animales y estas casas
y estas cosas del Arca de Noé...
No marcial, sino lírico me añoro en el egregio
Chapultepec, entre ahuehuetes escondido
y de sus recias frondas en el solemne arpegio
por himnos imperiales y épicos mecido...
Que al generoso amparo y al calor de aquel nido
de aguiluchos y al fuego del ilustre Colegio,
la mente iluminada y el corazón ardido,
el hoy viejo poeta soñó su Florilegio...
¡Oh Bosque de las zarcas albercas, la diana
que al romper las auroras envolvía en su son
al Colegio entre sueños!... ¡De mi vida temprana
aún despierta el recuerdo con vivaz emoción
y en mis tardes enciende otra vez la mañana
y redobla latiendo en mi fiel corazón!