Imagen del mural <">El retorno de Quetzalcoatl<"
viñeta con forma de polilla esotérica

Corrientes

Por corriente entendemos un conjunto de doctrinas, representaciones, objetos, prácticas y discursos relativos a lo esotérico que se articula a partir de un periodo de tiempo determinado y cuyo desarrollo a nivel diacrónico es susceptible a mostrar continuidades (al mantener la presencia de ciertos elementos) y discontinuidades (al dejar de lado otros y/o al incorpororar nuevos).

En el caso de las corrientes del esoterismo en la modernidad, y de especial relevancia para la hispanósfera, encontramos ejemplos como la masonería, el espiritismo y la teosofía.

 

Tópicos

Albedo

Segunda parte del proceso alquímico, una vez transitada la fuerte y dolorosa etapa de Nigredo, el alma o los metales están limpios y comienza el complejo camino de ascenso, de prueba y error para iluminarse o transmutarse completamente. Se representa con varios símbolos cromáticamente asociados al blanco como el cisne, el lirio o la leche materna.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

 

Imágenes seleccionadas por: Lic. Ana María Mancera Rodríguez 

Alma (en el espiritismo)

El alma en el espiritismo es definida como el ser inmaterial, que está cubierto por el cuerpo durante la vida, y que luego de la muerte sobrevive para seguir su camino en el proceso de evolución y de reencarnaciones. El alma constituye el principio vital que se encuentra en todo ser orgánico y en los humanos es la que los provee de la inteligencia (alma intelectual). Para Allan Kardec, codificador del espiritismo francés, en El libro de los espíritus, el alma y el espíritu hacían referencia a lo mismo:

—¿Las almas y los espíritus son, pues, una misma cosa? 

—Sí, puesto que las almas no son más que espíritus. Antes de unirse al cuerpo, el alma es uno de los seres inteligentes que pueblan el mundo invisible, y que toman temporalmente una envoltura carnal para purificarse e ilustrarse.1 

Lic. Ana María Mancera Rodríguez


Kardec, Allan. Libro de Los Espíritus. Robinbook, Ediciones S.L., 2021.  

Aporte

Manifestación física espontánea de los espíritus que consiste en aportar o trasladar objetos de un lugar a otro en el que no existían con anterioridad. Se considera un fenómeno espírita de carácter benigno, pues generalmente se transportan flores, frutas, alhajas y dulces. Para obtener fenómenos de esta clase se requiere la conjunción de médiums sensitivos, dotados de facultades mediúmnicas de expansión y proyección del fluido para lograr la materialización y el traslado de los objetos, con espíritus dispuestos a dicho trabajo. Es un suceso poco frecuente; como otros fenómenos físicos, su propósito es llamar la atención sobre la existencia del mundo invisible y de una potencia superior al hombre.

Dra. Dulce Adame González

Cascarón astral

En la teosofía, esta expresión se emplea para referirse al conglomerado de "deshechos" o despojos de lo que constituyó la "personalidad" contingente de algún ser humano y que permanece todavía por cierto tiempo —dependiendo de su grado de apego al mundo— en una dimensión sutil llamada "kamaloka". Antes de su desvanecimiento final, los "cascarones" constituyen una copia de la forma física, emocional y mental de la personalidad, de modo que, cuando un médium invoca al supuesto "espíritu" en una sesión espiritista, se "revitalizan" dichos restos y se posibilita su "manifestación" física. El fenómeno presentado carece, sin embargo, de toda naturaleza espiritual, es sólo una ilusión o forma vacía, una proyección de los anhelos de quienes lo han "conjurado" y prestado su propio cuerpo astral para ser parasitado.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Clarividencia

Facultad de ver sin intervención de los órganos de la vista. El espiritismo la considera como una capacidad inherente del alma, que le permite ver incluso a través de cuerpos opacos o largas distancias. Aunque no está limitada por obstáculos materiales, sí depende del grado de perfección al que ha llegado un espíritu. También se considera un fenómeno del sonambulismo, tanto natural como provocado o magnético.

Dra. Dulce Adame González

Crisopea (chrysopoeia)

En la alquimia, el proceso general de transformar un metal en otro más noble es llamado transmutatio, pero el proceso específico de generar oro, como uno de los objetivos materiales asociados con los alquimistas; proviene de los términos griegos chryson poiein (literalmente "hacer oro") y a menudo es acompañada de su menos común, por menos lucrativa, argyopoeia, la generación de plata. 

Se suele rastrear el origen documental de esta práctica hasta el siglo III, con Zósimo de Panópolis, quien unió a prácticas metalúrgicas una visión holística griega de origen presocrático y quien citaba otras autoridades como antecesoras de su objetivo central, la transmutación de metales. Aunque se piensa que escribió más de veinte libros, la mayoría están perdidos; no obstante, los fragmentos conservados permiten rastrear una composición bipartita de la materia: una no volátil que él llama "cuerpo" (sōma) y una parte volátil llamada "espíritu" (pneuma). Al usar el fuego, Zósimo pensaba que podía separar los espíritus de los cuerpos y, al unirlos de formas diversas, podría lograr un nuevo metal.

Durante el siglo XVIII, de acuerdo con Allison P. Coudert, la crisopea ya era identificada como una actividad fraudulenta, mientras que la química se definía como una ciencia que analizaba y sintetizaba sustancias; por otro lado, también la parte espiritual de la alquimia se distanció cada vez más de las prácticas de laboratorio hasta que la crisopea fue desacreditada por completo.

Dra. Karen Anahí Briano Veloz

Cuaternario inferior

De acuerdo con el modelo teosófico de la constitución septenaria del hombre, el "cuaternario inferior" se refiere a los cuatro componentes que conforman la personalidad contingente en cada encarnación, a saber, stula-sharira (cuerpo físico), prana (energía vital), linga sharira (cuerpo astral) y kama-rupa (cuerpo de los deseos). Una vez muerto el cuerpo físico de la personalidad en cuestión, el resto del cuaternario, de naturaleza cada vez más sutil, permanece suspendido cierto tiempo en otras esferas de existencia hasta su eventual disolución.

El cuaternario inferior está vinculado a su vez a la "triada superior": manas, buddhi y Atman, que conforma la individualidad imperecedera y reencarnante, de naturaleza espiritual.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Cuerpo astral

En teosofía, uno de los siete componentes del ser humano, correspondiente sobre todo al elemento emocional. Sobre dichos componentes, hay clasificaciones más o menos distintas, que sin embargo coinciden en establecer dos bloques: una tríada superior (Atma-Buddhi-Manas) y un cuaternario inferior (cuerpo físico, dos contrapartes energéticas o "pránicas" y una emocional o "kámica"). El cuerpo astral está, pues, siempre ubicado en este grupo inferior y perecedero. A veces se le llama el "doble astral" asimilable al doppelgänger. En todo caso, tendría una materia más sutil que la física y es susceptible de separación del cuerpo material en determinadas circunstancias.

Dr. José Ricardo Chaves Pacheco y Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Devachan

Es un término tibetano adoptado por la teosofía moderna; significa "tener la naturaleza de la felicidad". En la tradición budista, se refiere a un estado intermedio entre la muerte y la siguiente encarnación, y los teósofos, sobre todo H.P. Blavatsky y  A.P. Sinnett (en las cartas supuestamente recibidas de los "Mahatmas"), establecieron correspondencias con la doctrina del Libro Egipcio de los Muertos.  

El Devachan no es un lugar ("loka") o mundo, sino un estado de consciencia que se alcanza después de que el ego se ha desprendido de los cuatro principios inferiores y accede a un estado de beautitud de configuración personal, análogo al "cielo" cristiano, en donde la entidad desencarnada se recupera de sus sufrimientos terrestres y hace tabula rasa antes de comenzar una nueva vida. Según Sinnett, el estado devachánico debe entenderse en plural:

hay una gran variedad en los estados de Deva-Chan. Hay tantas variedades de bienaventuranza, como en la tierra hay matices de percepción y de capacidad para apreciar tal recompensa. Es un paraíso concebido y en cada caso hecho por el propio Ego, y henchido por él con el paisaje, apiñado con los incidentes, y atestado con la gente que él esperaría encontrar en una esfera semejante de beatitud compensatoria.1

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez


Las Cartas Mahâtma a A.P. Sinnett, p. 102, citado por José Ramón Sordo y Maritza Forgách (eds.), Vida después de la muerte. Devachan y los estados post-mortem por H.P. Blavatsky y Mahâtma Kuthoomi, México: Blavatsky Editorial, 2004. 

Dios (en el espiritismo)

Es la inteligencia suprema, causa de todas las cosas, eterno, inmutable, inmaterial, soberanamente justo, bueno e infinito en todas estas perfecciones. 

En el espiritismo, se proponía la imagen de un Dios benevolente, cuya verdad revelaban los espíritus en las sesiones y que distaba de la imagen del Dios propuesto en el cristianismo. Era, entre los espíritus, el perfecto, y esto se hacía en medio del afán de racionalizar el pensamiento religioso. Así, se rechazó en el espiritismo la concepción de un Dios castigador o vengador. Por el contrario, se definió a Dios como "un padre bondadoso que sólo quiere el bien de sus hijos".

En la edición de abril de 1858 de la Revista Espírita. Periódico de estudios psicológicos, Allan Kardec define a Dios de la siguiente manera:  

I – Hay tres unidades primitivas, y de cada una de ellas no podría existir más que una sola: un Dios, una verdad y un punto de libertad, es decir, el punto donde se encuentra el equilibrio de toda oposición. 

II – Tres cosas proceden de las tres unidades primitivas: toda vida, todo bien y todo poder. 

III – Dios es necesariamente tres cosas: la parte mayor de la vida, la parte mayor de la ciencia y la parte mayor del poder; y no podría tener una parte mayor de cada cosa. 

IV – Tres cosas que Dios no puede dejar de ser: lo que debe constituir el bien perfecto, lo que debe querer el bien perfecto y lo que debe cumplir el bien perfecto. 

V – Tres garantías de lo que Dios hace y hará: su poder infinito, su sabiduría infinita y su amor infinito; porque no hay nada que no pueda ser efectuado, que no pueda volverse verdadero y que no pueda ser querido por un atributo. 

VI – Tres fines principales de la obra de Dios, como Creador de todas las cosas: disminuir el mal, reforzar el bien y hacer resaltar toda la diferencia, de tal manera que se pueda saber lo que debe ser o, al contrario, lo que no debe ser. 

VII – Tres cosas que Dios no puede dejar de conceder: lo que hay de más ventajoso, lo que hay de más necesario y lo que hay de más bello para cada cosa. 

 VIII – Tres poderes de la existencia: no poder ser de otro modo, no ser necesariamente otro y no poder ser mejor por la concepción; y en eso está la perfección de todas las cosas. 

IX – Tres cosas prevalecerán necesariamente: el supremo poder, la suprema inteligencia y el supremo amor de Dios. 

X – Las tres grandezas de Dios: vida perfecta, ciencia perfecta, poder perfecto. 

 XI – Tres causas originales de los seres vivos: el amor divino de acuerdo con la suprema inteligencia, la sabiduría suprema por el conocimiento perfecto de todos los medios y el poder divino de acuerdo con la voluntad, el amor y la sabiduría de Dios. 

Lic. Ana María Mancera Rodríguez


"A propósito del espiritismo de Arturo Prat: El Dios bondadoso detrás de esta práctica". Facultad de Ciencias Sociales e Historia UDP - Universidad Diego Portales, 2 de mayo de 2019, dispoinble en socialesehistoria.udp.cl/a-proposito-del-espiritismo-de-arturo-prat-el-dios-bondadoso-detras-de-esta-practica. Consultado el 21 de noviembre de 2023. 

Revista Espírita Periódico de Estudios Psicológicos1858-1861. Colección de Textos de Allan Kardec. Traducido por Fabricio Vásquez, Quito, Ecuador, Simoni Privato Goidanich, 1858.

 

Revista Espírita Periódico de Estudios Psicológicos1858-1861. Colección de Textos de Allan Kardec. Traducido por Fabricio Vásquez, Quito, Ecuador, Simoni Privato Goidanich, 1858.

 

Dios (en la teosofía)

Un concepto alternativo de Dios, no personal ni antropomorfo, vinculado con la naturaleza pero no restringido a ella, puesto que la antecede y la trasciende, es una marca distintiva de la teosofía moderna —cuando menos la de la primera generación: H.P. Blavatsky (1831-1891), H.S. Olcott (1832-1907), Subba Row (1856-1890), entre otros—. Este rasgo también se da en relación con la teosofía cristiana anterior de J. Böhme (1575-1624), como con la de las generaciones posteriores de dicha teosofía moderna, es decir, las de A. Besant (1847-1933), C.W. Leadbeater (1854-1934), C. Jinarajadasa (1875-1953), etc. o derivaciones como la antroposofía de Rudolf Steiner (1861-1925).

Blavatsky, en La clave de la teosofía, señala:

Rechazamos la idea de un Dios personal o extracósmico y antropomórfico, que sólo es la sombra gigantesca del hombre, y ni siquiera del mejor. Decimos y probamos que el Dios de la teología es un conjunto de contradicciones y una imposibilidad lógica. Por lo tanto, no tenemos nada que ver con él. [...] Creemos en un Principio Divino Universal, la raíz de Todo, del que todo procede y en el que todo será absorbido al fin del gran ciclo del Ser.1

En La Doctrina Secreta, aclara que

lo que se rechaza no es el Dios desconocido Uno y siempre presente en la Naturaleza, o la Naturaleza in abscondito, sino el "Dios" del dogma humano, y su "Verbo" humanizado. En su presunción infinita y en su orgullo y vanidad inherentes, el hombre le ha dado forma por sí mismo con mano sacrílega, haciendo uso de los materiales que ha encontrado en su propia y mezquina fábrica cerebral, y lo ha impuesto a sus semejantes como revelación directa del uno y no revelado ESPACIO2.

De hecho, poco más adelante, al establecer las tres proposiciones fundamentales de la doctrina esotérica, la primera de éstas afirma:

Un Principio Omnipotente, Eterno, Sin Límites e Inmutable, sobre el cual toda especulación es imposible, porque trasciende el poder de la concepción humana, y sólo podría ser empequeñecido por cualquiera expresión o comparación de la humana inteligencia. Está fuera del alcance del pensamiento, y según las palabras del Mandukya [Upanishad] es "inconcebible e inefable".3

Esta visión diferente de lo divino en Blavatsky se vincula no sólo con concepciones filosóficas asiáticas como el budismo y el Advaita Vedanta, sino también con tradiciones filosóficas occidentales (el neoplatonismo, el idealismo alemán e incluso la Ilustración francesa), como queda claro en otros escritos, como las Cartas de los Maestros (carta 10, por ejemplo). Para evitar la tentación personalista y antropomórfica, Blavatsky evita a veces en sus escritos el término "Dios", y escribe más bien "Deidad" (Deity) o "Divinidad" (Divinity), o expresiones como lo Absoluto, el Todo y similares. Esta perspectiva se perderá en la segunda generación, ya a principios del siglo XX, cuando se dio una cristianización del discurso teosófico, tanto a nivel interno —Besant, Leadbeater—, como externo —Steiner, A. Bailey (1880-1949)—, lo que si bien facilitó la recepción de la teosofía por el público occidental, también marginó uno de sus rasgos originales en su presentación de fines del siglo XIX.

Dr. José Ricardo Chaves Pacheco


Blavatsky, Helena. La clave de la teosofía. Buenos Aires: Kier, 1993, pp. 55-56.

Blavatsky, Helena. La doctrina secreta. Buenos Aires: Kier, 1992,  p. 75

Ibid. p. 79

Escala espiritista

Uno de los presupuestos fundamentales del espiritismo es la clasificación de los espíritus en distintos órdenes, según su grado de perfección o de progreso. En la denominada escala espiritista se establecen tres categorías principales, con sus respectivas subdivisiones: en el nivel inferior o tercer grado se encuentran los espíritus imperfectos, en los que prevalece la materia, la tendencia al mal y a las malas pasiones; en él se incluyen seres que distintas culturas y religiones denominan demonios, genios malos, duendes, gnomos o espíritus golpeadores. En el segundo orden se ubican los espíritus buenos, considerados protectores y buscadores del bien; corresponde a los espíritus sabios y los prudentes. Finalmente, los espíritus del primer orden son los espíritus puros, los cuales han llegado a la perfección después de numerosas reencarnaciones; están despojados de la influencia material y poseen superioridad intelectual y moral, por lo que son considerados mensajeros de Dios; se les identifica con los ángeles, arcángeles y serafines.1

Dra. Dulce Adame González


Véase Kardec 1875. El libro de los espíritus, pp. 86-96; Yvonne Castellan 1962. El espiritismo, pp. 61-64.

Escritura automática

Modo de escribir sin la voluntad del que lo realiza y, en ocasiones, sin su conocimiento.

En el espiritismo, este fenómeno también se conoce como “psicografía” y se aplica generalmente en el contexto del trance que experimentan las y los médiums en una sesión de invocación de los espíritus.

El término adquirió popularidad a partir de la obra El Libro de los Médiums (1861) de Allan Kardec, donde designa la redacción que ejecuta un médium bajo la influencia de un espíritu que guía su mano mecánicamente o que le insufla pensamientos que el médium no necesariamente comprende. En el primer caso, se trata propiamente de un “médium mecánico o automático”, mientras que, en el segundo, de un “médium intuitivo o inspirado”.

En la literatura, varios escritores han experimentado con este modo escritural, como Goethe (1749-1832), Victor Hugo (1802-1885), Victorien Sardou (1831-1908), Marcel Proust (1871-1922) y André Breton (1896-1966). Este último, junto con Philippe Soupault (1897-1990), publicó en 1920 el libro Los Campos magnéticos que presumía haber sido generado a través de la aplicación sistemática de la escritura automática. Esto es un claro ejemplo de la secularización de una práctica que surgió en el campo esotérico y que, eventualmente, llega a la práctica estética secular. 

Dr. José Ricardo Chaves Pacheco y Mtro. Mircea Gerardo Lavaniegos Solares

Espíritu (en el espiritismo)

Si bien se trata de un concepto polisémico, variable según corriente esotérica, Kardec toma del latín el término spiritus (relacionado con el verbo spirare que significa “soplar”) para crear su propio concepto sobre la esencia de los seres tanto humanos como sobrenaturales y la relación de todos ellos con Dios. En su Libro de los Espíritus, el autor diferencia tipográficamente las palabras Espíritu de espíritu; esto es una con mayúscula y la otra con minúscula. Para él, la primera refiere a la individualidad de los “seres [extracorporales e] inteligentes de la creación” que “[p]ueblan el universo fuera de lo material”; mientras que la segunda se refiere al “principio inteligente del Universo”.1

Creados por Dios y sometidos a su voluntad, los Espíritus no son inmateriales, sino incorpóreos; es decir, están compuestos de una “materia quintaesenciada” tan etérea que resulta casi imperceptible a los sentidos. Por ello, la esencia de éstos se distingue de la materia, pero no quiere decir que no exista. De hecho, resulta una parte fundamental dentro del binomio materia-espíritu, cuyo intermediario es el “fluido universal” o periespíritu, gracias al cual puede adoptar varias formas dentro de la jerarquía de los Espíritus, según su nivel de desarrollo. Por ello, es posible equiparar el Espíritu con una “llama” o “chispa” vital que resplandece de acuerdo con su grado de purificación.

Lic. Ana María Mancera Rodríguez


Kardec (1875). El libro de los espíritus, p. 82.

Fluido magnético

Se conoce al fluido magnético a la teoría científica y filosófica propuesta por Franz Anton Mesmer (1734–1815), quien en su disertación de grado de Medicina en 1776 para la Universidad de Viena titulada  Dissertatio physico-medica de planetarum influxu, posteriormente publicada en Ginebra en 1779, como Mémoire sur la découverte du magnétisme animal (Memoria sobre el descubrimiento del magnetismo animal), planteó la idea de que todo el universo estaba atravesado por un fluido invisible al que denominó “magnetismo animal”.

En palabras del historiador Robert Darnton el fluido magnético era "una nueva ciencia basada en un fluido invisible que impregnaba el universo"(1)

Dicho fluido, semejante a un campo energético, unía a los planetas, la naturaleza, a todos los seres vivos, y circulaba por los cuerpos de manera semejante a la sangre o al aire. Las siete proposiciones más importantes del magnetismo animal son: 

1.     Existe una influencia mutua entre los cuerpos celestes, la tierra y los cuerpos animados.

2.     Hay un fluido universalmente difundido, continuo y sin vacío, cuya sutileza impide toda comparación y que, por su naturaleza, es capaz de recibir, propagar y comunicar todas las impresiones del movimiento, es el medio de esta influencia.

3.     El cuerpo animal experimenta los efectos alternantes de este agente; y es al infiltrarse en la sustancia de los nervios que los afecta directamente.

4.     En el cuerpo humano se manifiestan propiedades análogas a las del imán; se distinguen polos diversos y opuestos, que pueden ser comunicados, modificados, suprimidos o reforzados; incluso se observa en él el fenómeno de la inclinación magnética.

5.     La propiedad del cuerpo animal que lo hace susceptible a la influencia de los cuerpos celestes y a la acción recíproca de los cuerpos que lo rodean, manifestada por su analogía con el imán, me ha llevado a denominarla magnetismo animal.

6.     Este sistema aportará nuevos esclarecimientos sobre la naturaleza del fuego y de la luz, así como sobre la teoría de la atracción, del flujo y reflujo, del imán y de la electricidad.

7.     Se reconocerá, por los hechos y conforme a las reglas prácticas que estableceré, que este principio puede curar enfermedades.

De su correcta circulación dependían la salud y el equilibrio de las personas, mientras que su bloqueo o desajuste explicaba la aparición de enfermedades físicas o trastornos nerviosos. El papel del médico —o magnetizador— consistía, entonces, en restablecer la armonía de ese flujo vital, valiéndose de la imposición de las manos, la fuerza de la mirada, el uso de imanes o incluso de agua “magnetizada”.

En la práctica, Mesmer y sus discípulos “magnetizaban” a los pacientes mediante gestos y pases sin contacto físico directo, o bien los reunían alrededor de recipientes metálicos conocidos como baquets, que contenían agua y limaduras de hierro para concentrar y dirigir el fluido. Estas sesiones solían provocar convulsiones, trances y crisis nerviosas, después de las cuales muchos pacientes aseguraban experimentar alivio o incluso curación.

Aunque la existencia del fluido nunca pudo demostrarse científicamente —de hecho, en 1784 una comisión designada por Luis XVI (1754-1793), integrada por figuras Benjamin Franklin (1706-1790) , dictaminó en contra de su validez—, el magnetismo animal resultó enormemente influyente. Su atractivo residía en que ofrecía una visión integradora, donde ciencia, naturaleza y religión quedaban unidas por la misma fuerza invisible, al tiempo que presentaba una alternativa menos agresiva frente a los métodos de la medicina tradicional de la época.

Aun desacreditado en términos científicos, el magnetismo animal sobrevivió y se mantuvo en práctica durante el siglo XIX, inspirando nuevas corrientes tanto espirituales como científicas, entre ellas la hipnosis y el espiritismo. Más que un tratamiento médico en el sentido moderno, el magnetismo animal funcionó como una cosmovisión, que había tomado ideas de la alquimia, como de la influencia de la astrología en la medicina concebía al ser humano, a la naturaleza y al cosmos como parte de una red invisible de energía, en la que la enfermedad no era más que un desequilibrio en esa circulación universal.

Lic. Ana María Mancera Rodríguez


Robert Darnton, Mesmerism and the End of the Enlightenment in France (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1968), 4.

Fohat

Término supuestamente tibetano asimilado por la teosofía moderna. En su Glosario teosófico (1892), Blavatsky afirma que Fohat "representa la potencia activa (masculina) de Sakti (el poder reproductivo femenino) en la naturaleza. La esencia de la electricidad cósmica." Esta fuerza vital actúa como propulsor universal, principio animador o puente entre el Espíritu y la Materia, ya que interviene en el proceso de emanación, es decir, en la transición entre la voluntad (Logos) y la manifestación (estructura y movimiento). 

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez


Blavatsky, Helena P. The Theosophical Glossary. Adyar: The Theosophical Publishing Society, 1892, pp. 120-121. Traducción del inglés. 

Güija o ouija

Se cree que la palabra ouija proviene de la combinación de los términos del francés oui y del alemán ja; ambos extranjerismos, que en sus respectivas lenguas se refieren a la afirmación "sí". En el ámbito francófono se le refiere como planchette.

La güija o ouija nace de la sofisticación de los métodos espiritistas de comunicación con el más allá y se trata de una tabla de madera que, bajo la supuesta influencia de alguna fuerza o ente de otro plano (o, en versión secular, del inconsciente) en la mano del consultante, se mueve y deletrea mensajes señalándolos con su vértice. Su uso se remonta a la época de Pitágoras (570-490 a.e.c.), quien junto a sus discípulos, como Filolao (470-390 a.e.c.), utilizaban una especie de "mesa mística" que se movía y escogía ciertos signos, los cuales interpretaban frente al grupo de personas como "revelaciones" del mundo invisible.

Alrededor de 1853, este instrumento sirvió a modo de dispositivo auxiliar del médium en la comunicación con los espíritus. De hecho, fue mejorado a partir de un puntero en forma de dedo en el extremo estrecho y la sustitución de la tabla de madera por una plancha de cartón en cuya superficie se colocaban no sólo las respuestas "Sí" y "No" para responder a preguntas simples, sino también las letras del alfabeto para aquellas más elaboradas. Además, el puntero y el rollo en el vértice se reemplazaron por un lápiz introducido a través de un agujero perforado para formar la tercera pata.

La ouija es el objeto proveniente del espiritismo que más ha calado en la cultura popular. 

Lic. Ana María Mancera Rodríguez

Imagen seleccionada por: Lic. Ana María Mancera Rodríguez

Imaginación (en la teosofía)

En la teosofía de Blavatsky, la imaginación aparece vinculada con la intuición, pero funciona sobre todo a nivel creador, de generación de formas, y no tanto a nivel de conocer dichas formas. Mientras que la imaginación es co-racional, actúa junto con la razón para la generación y concreción de imágenes de forma ordenada, la intuición sería más bien meta-racional, pues funciona más allá de los límites de la razón. En contra de la tradición aristotélica, que ve en la imaginación/fantasía una forma de conocimiento intermedio entre los sentidos y el intelecto, muchas veces equívoco, Blavatsky separa la imaginación de la fantasía (a la usanza de los viejos románticos) y la define en su Glosario teosófico como “uno de los poderes plásticos del alma superior, y es la memoria de las encarnaciones precedentes, que si bien desfigurada por el Manas inferior, descansa siempre sobre un fondo de verdad”1. El teósofo alemán Franz Hartmann (1838-1912) agrega en esa misma entrada que “la imaginación es el poder plástico del alma, producido por la conciencia activa, el deseo y la voluntad”. En este vínculo fuerte entre imaginación y voluntad (el agente activo que focaliza y concentra) para la generación de formas, Blavatsky y Hartmann siguen la línea de Paracelso (1493-1541) y Éliphas Lévi (1810-1875) y, en general de la tradición neoplatónica, de Plotino (205-270) a Jámblico (245-325). En su primer libro, Isis sin velo (1877), la autora escribe:

Los materialistas confunden la imaginación con la fantasía; pero los psicólogos afirman que es la potencia creadora y plasmante del espíritu. Pitágoras la define diciendo que es el recuerdo de precedentes estados espirituales, mentales y físicos, mientras que considera la fantasía como el desordenado funcionamiento del cerebro físico. Desde cualquier punto de vista que examinemos el asunto, nos encontramos con el concepto que de la materia tuvieron los antiguos, quienes la consideraron fecundada por la ideación o imaginación eterna, que trazó en abstracto el modelo de las formas concretas. De no admitir esta enseñanza, resulta absurda la hipótesis de que el cosmos se fuera desenvolviendo gradualmente del caos, porque no cabe inferir en buen sentido, que la materia animada por la fuerza y dirigida por la inteligencia formara sin plan preconcebido un cosmos de tan admirable armonía. Si el alma humana es verdaderamente una emanación del alma universal, una partícula infinitesimal del primario principio creador, debe tener inherentes en mayor o menor grado los atributos del poder demiúrgico. Así como el Creador plasmó en formas concretas y objetivas la inactiva materia cósmica, también le cabe el mismo poder creativo al hombre que tenga conciencia de él. 2

Más adelante, en La Doctrina Secreta (1888), Blavatsky vincula la imaginación con el concepto indio de kriya-shakti, o “misterioso poder del pensamiento que, en virtud de su propia energía inherente, le permite producir resultados fenomenales externos, perceptibles”3.

Dr. José Ricardo Chaves Pacheco


Blavatsky, Helena. Glosario teosófico. Buenos Aires: Kier, 1977, p. 277

Individualidad

En la teosofía, se refiere al "ego superior" o "divino", que es la entidad que reencarna y que prevalece incluso después de la muerte de los aspectos contingentes que conformaron cada personalidad o encarnación (cuerpo físico, prana, cuerpo astral y cuerpo mental). Corresponde a la "mónada" espiritual y es impersonal. Se focaliza en un sujeto específico mediante la presencia del elemento mental o "manásico". 

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Intuición (Buddhi)

La intuición es una forma de conocimiento directo que opera sin mediación racional y que aprehende su objeto desde su raíz. Está relacionada con Buddhi, el segundo principio de la constitución humana, que, igual que el primero, Atma, son principios impersonales, esto es, no focalizados en una personalidad —que comenzaría a funcionar a partir del tercero, Manas, que individualiza y exterioriza la proyección de Atma-Buddhi hacia la manifestación y la diversidad—, por lo que su acción es total, directa y sintética. Existen diversos niveles de acción intuitiva, por lo que Blavatsky usa el término “intuición espiritual” para referirse a su acción más elevada, en tanto expresión de la mente universal trabajando a través de los principios de Buddhi y Manas, cuya unión ella denomina “ego espiritual”, y que conoce de forma directa, sin necesidad de experiencia, distinción o concepto. No tiene que ver con chispazos, corazonadas o percepción extrasensorial, que pertenecen al nivel personal de la conciencia (cerebro físico, emociones, mente concreta). En su artículo "El faro de lo desconocido", escribe:

Cada uno de nosotros posee la facultad, el sentido interno que se le conoce como intuición, ¡pero cuán raras son las personas que saben cómo desarrollarla! Sin embargo, los seres humanos podrán ver las cosas en sus colores verdaderos sólo mediante la ayuda de esta facultad. Es un instinto del alma que crece en nosotros, proporcionalmente al uso que hacemos de él, ayudándonos a percibir y entender todo hecho real y absoluto con mucha más claridad de lo que puede ofrecernos el empleo de nuestros sentidos y el ejercicio de nuestra razón. Lo que se define como cordura y lógica nos permite sólo ver las apariencias de las cosas, lo que es evidente a todos. El instinto al cual aludo, siendo una proyección de nuestra conciencia perceptiva, una proyección que opera de lo subjetivo a lo objetivo y no al revés, despierta en nosotros los sentidos espirituales y la fuerza para actuar. Estos sentidos asimilan en sí la esencia del objeto o de la acción bajo examen, representándola como realmente es y no como aparece a nuestros sentidos físicos y a nuestra razón fría.1

Dr. José Ricardo Chaves Pacheco


Blavatsky, Helena Petrovna. "El faro de lo desconocido" en La teosofía trascendental. México: Berbera Editores, 2002, p.8.

Kalpa

En la teosofía, este término sánscrito se emplea para designar un ciclo temporal equivalente a 4 320 000 000 años, correspondiente al "día" o "noche" de Brahma.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Kama-loka

En la teosofía, el kama-loka o "esfera de los deseos" se refiere al plano sutil en el cual permanece suspendido el kama-rupa o "cuerpo de deseo" de la personalidad difunta. La duración de dicha suspensión depende del grado de apego al mundo material generado durante la última encarnación. Finalmente, será desechado por la mónada, igual que el cuerpo material.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Kama-rupa

En la teosofía, el kama-rupa o "cuerpo/forma del deseo" es uno de los componentes del "cuaternario inferior" en el modelo de la constitución septenaria. Es decir, se trata de uno de los aspectos que integran la "personalidad" contingente que se adquiere en cada encarnación de acuerdo con los méritos del karma. Este cuerpo es de naturaleza sutil y se conforma a partir de los deseos físicos y mentales que se generan por la dimensión material del mundo. Después de la muerte física de la personalidad, el kama-rupa permanece por cierto tiempo en el plano sutil antes de su disolución final.

El concepto de kama-rupa es muy importante para entender el distanciamiento que la teosofía marca con respecto a los postulados del espiritismo: para los teósofos, los supuestos "espíritus" que se manifiestan durante las sesiones, pueden ser, entre otras posibilidades, el kama-rupa que se "reanima" al vampirizar los cuerpos astrales de los médiums o los asistentes.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Karma (en la teosofía)

También llamada ley de retribución, de causalidad o de causa y efecto. Corresponde al conjunto de los efectos de las diversas acciones (físicas, emocionales y mentales) generadas por un sujeto en un tiempo-espacio determinado y que se continuará posteriormente como resultado, en esa vida específica, o en las siguientes. En este sentido, suele ir asociada con la noción de reencarnación. No es equivalente a destino, pues no tiene un sentido fatalista y unívoco, sino que está sujeto al efecto de nuevas acciones, emociones y pensamientos, por lo que se encuentra en constante modificación. 

Dr. José Ricardo Chaves Pacheco

Kundalini

Término sánscrito proveniente de las tradiciones religiosas de la India (hinduismo y budismo), sobre todo en sus vertientes tántricas, que remite a la noción de cuerpo sutil y sus "centros energéticos" (nadi cakras). Está vinculado al campo semántico del "enroscamiento" o la "circularidad" y describe la energía que supuestamente se encuentra latente o "enroscada" a nivel del primer cakra (muladhara), en la base de la columna vertebral, representada metafóricamente como una serpiente. El concepto de kundalini y la creencia en su "activación" —que implica su paso por todos los nadi cakras y el despertar de una consciencia superior— está estrechamente relacionado con la práctica del yoga. La teosofía moderna (recelosa de la práctica yóguica y opuesta a la tántrica) asimiló este término, pero también insistió en que su despertar prematuro podría dañar el sistema nervioso y la mente, sobre todo si el practicante de las técnicas del yoga no poseía probidad espiritual y moral. En su Glosario teosófico, Blavatsky la define como la contraparte femenina de "Fohat": "El poder de vida; una de las Fuerzas de la Naturaleza; el poder que genera cierta luz en aquellos que asumen el desarrollo espiritual y de clarividencia. Es un poder conocido sólo por aquellos que practican la concentración y el Yoga."1

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez


Blavatsky, Helena P. The Theosophical Glossary. Adyar: The Theosophical Publishing Society, 1893, p.182. Traducción al español.

Luz astral / akasha

Para Éliphas Lévi (1810-1875), existe un agente que es natural y divino, material y espiritual; es decir, un mediador plástico universal, entendido como un receptáculo común de las vibraciones del movimiento y de las imágenes de las formas. Dialogando con la teoría decimonona del éter, este fluido se encuentra en todo, pues a modo de un rayo, parte del esplendor del sol y queda fijo por el peso de la atmósfera y por el poder de la atracción central.

Se trata, en resumen, de una especie de "éter electromagnético" o "calórico vital y luminoso"; noción que pronto fue adoptada y adaptada por la teosofía bajo el término de akasha. Dentro de la teosofía, el término akasha fue resignificado a apartir de su origen sánscrito con la denominación de "éter", "espacio" o "cielo", para referirse a esa sustancia primordial que todo lo permea, actua como causa primordial y establece relaciones entre todos los seres. De ahí que fuera útil para proponer el concepto de "registros akáshicos" durante el siglo XX.

Mtro. Luis Adrian Linares Sánchez

Imagen seleccionada por: Luis Adrian Linares Sánchez

Mahatma o maestro

En la teosofía, Blavatsky emplea este término sánscrito ("gran Alma") para referirse a sus maestros, quienes supuestamente habían alcanzado un alto grado de evolución espiritual, que les permitía operar de forma independiente a los principios inferiores -los de materialidad densa-, de modo que podrían manifestarse a voluntad en el plano astral. Estos maestros, que vivían en algún lugar del Tíbet, eran poseedores de un conocimiento superior y  fungían como garantes de la verdad de la doctrina teosófica, ya que, según Blavatsky, se mantenía en comunicación directa con ellos.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Materialización

Entre los fenómenos tanto psíquicos, como aquellos relacionados con la mediumnidad, se destacan las así llamadas "materializaciones espirituales"; en éstas, los espiritistas argumentan la aparición tangible de diferentes entidades. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, a partir de la incorporación de la fotografía en el espiritismo, se creía que la supuesta materialización de los espíritus podía documentarse a través del uso de esta nueva tecnología.

La materialización en el espiritismo se relaciona con el concepto de ectoplasmia, que remite a un espectro de posibilidades de "corporificación" de los espíritus, cuestión que fue tomada como una supuesta prueba "objetiva" de su existencia y que permitía tocar, fotografiar e incluso grabar la voz de las entidades contactadas.

León Denis en el Congreso Espiritista Universal de Ginebra, realizado en 1913, afirmó:

Algo que todos conocéis, pero es preciso recordar, es que el espiritismo no es ajeno a toda la serie de descubrimientos que se han sucedido desde hace treinta años, cuarenta años, y que han producido una auténtica revolución en el campo de la física y de la química. Sabéis que ha sido observando la materialización de los espíritus, estudiando el trabajo de la sustancia en acción en el punto en que se transforma en energía, como ha nacido la primera idea de la materia radiante. 1

Lic. Ana María Mancera Rodríguez


Edelman, Nicole. "Lo Oculto Y Las Terapéuticas Espiritistas Del Espíritu Y Del Cuerpo En Francia (1850-1914): De La Creencia Al Saber Y Vuelta." Dialnet. Last modified 2006. Edelman, Nicole. "Lo Oculto Y Las Terapéuticas Espiritistas Del Espíritu Y Del Cuerpo En Francia (1850-1914): De La Creencia Al Saber Y Vuelta." Dialnet. Last modified 2006. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2163808. [Texto académico] 

Chéroux, Clément. "EL CASO DE LA FOTOGRAFÍA ESPIRITISTA LA IMAGEN ESPECTRAL: ENTRE LA DIVERSIÓN Y LA CONVICCIÓN." Le troisième oeil: la photographie et l’oculte. Last modified 2004. https://reacto.webs.ull.es/pdfs/n4/clement_cheroux.pdf. https://reacto.webs.ull.es/pdfs/n4/clement_cheroux.pdf

Metempsicosis (en el espiritismo)

De acuerdo con su etimología, la palabra proviene de los términos griegos meta que significa “cambio” y psyché, “alma”; los cuales, en conjunto, se han utilizado en la filosofía y la religión para referirse a la “transmigración de las almas”. Este principio tiene su origen en Oriente, pero pronto fue adoptado y adaptado en Occidente gracias al orfismo y el pitagorismo. Durante la Antigüedad, algunas doctrinas y sistemas de creencias estimaban que el alma era capaz de dejar un cuerpo para animar a otro después de cruzar el umbral de la muerte y, de ese modo, continuar con su ciclo de diferentes existencias sin importar la "raza" o especie del cuerpo anfitrión; lo cual aseveraba la manifestación de una “simpatía” o “parentesco” universal entre los seres vivos.

Sin embargo, dentro del contexto modernizador y secular de la centuria decimonona, el espiritismo kardeciano sostuvo que los espíritus podían reencarnar en otro cuerpo físico sólo si favorecía su progreso, pero no su retroceso. Bajo esta lógica, era imposible que el alma de un ser humano se encarnara, tras haber pasado una temporada en el mundo espiritual, en el cuerpo de un animal, puesto que, para dicha corriente, la esencia del ser humano es el alma o espíritu; es decir, la “chispa” vital que le concede el sentido moral y la capacidad intelectual, a la vez que lo distingue de los demás seres vivos. Se introduce así el concepto de "evolución", aplicado al alma, y con un sentido de perfeccionamiento ascendente, vinculado con la noción de "escala espiritista".

Mtro. Luis Adrian Linares Sánchez

Necromancia

En sentido etimológico, significa la adivinación por medio de la evocación de los muertos (del griego nekrós: “muerto” y manteía: "adivinación"). Entre griegos y romanos, implicaba un descenso al inframundo con el propósito de consultar a algún muerto (como en las célebres catábasis de Ulises en la Odisea de Homero o de Eneas en la Eneida de Virgilio), más que su invocación a la esfera de los seres vivos.

En el espiritismo, se practica la necromancia a partir de médiums que, en estado de trance, reciben los mensajes que les envían al público los espíritus de los seres que han trascendido su envoltura material. Dentro de su doctrina, el evocador percibe al evocado a través del periespíritu de este último, que “preserva la forma humana, pero está emancipada de las debilidades humanas y que conserva su energía por las características especiales a través de las cuales la imperecedera individualidad de su esencia se manifiesta”1. En 1874, el escritor mexicano Rafael Gómez (1835-1908) publicó su libro La nigromancia resucitada: o sea el magnetismo, el sonambulismo y el espiritismo, donde valoró negativamente las prácticas espiritistas de comunicación con los espíritus, como también lo hicieron algunos miembros de la teosofía. 

En cuanto a la corriente teosófica, Mme. Blavatsky (1831-1891) asocia la necromancia con la hechicería y sitúa sus orígenes en la Antigüedad, tal como se aprecia en el Glosario teosófico. Asimismo, reporta el rechazo de esta práctica por los filósofos neoplatónicos (Jámblico, 245-325  y Porfirio, 232-304). El teósofo alemán Franz Hartmann (1838-1912), citado en la versión en español de dicho libro, lo define como "el arte de evocar los elementarios inconscientes de los muertos, infundiéndoles vida y utilizándolos para malos fines"2. En la entrada sobre espiritismo del glosario, en su versión en inglés, se afirma que

los que creen en tales comunicaciones deshonran sencillamente a los muertos y cometen un continuo sacrilegio. Con razón se la llamaba 'necromancia' en tiempos antiguos. Pero nuestros modernos espiritistas toman como una ofensa que se les diga esta sencilla verdad.3

Dr. José Ricardo Chaves Pacheco, Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez y Mtro. Mircea Gerardo Lavaniegos Solares


Spence, Lewis. An Encyclopaedia of Occultism. Londres: George Routledge & Sons, 1920, 291.

Blavatsky, Helena Petrovna. Glosario teosófico. Buenos Aires: Kier, 1977, 466.

Ibid., 201.

Nigredo

También conocido como "la noche oscura del alma", se refiere al primer paso del proceso alquímico, codificado cromáticamente con el negro. Implica la purificación tanto de los metales menos nobles, entre ellos el plomo,  como del alma del alquimista. Se representa simbólicamente con la muerte o con el sometimiento de la prima materia a torturas diversas (mortificatio, calcinatioputrefactio, disolutio) y, en las versiones cristianas, con pasajes de la Pasión de Cristo. Algunos emblemas relacionados son el cuervo, el cadáver, el cráneo y el sol negro.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Panacea

La medicina suprema que cura el cuerpo, los metales, el alma y la naturaleza. Se podía obtener de cualquiera de los reinos: vegetal, mineral o animal y se pensaba como un elixir infinito. El Corpus Jabirianum (siglos VIII al X), una serie de obras en árabe atribuidas a Jabir (a veces confundido con el latino Geber del siglo XIII) es el primero que contiene la idea de que la panacea al mismo tiempo que cura las enfermedades humanas, puede volver nobles los metales base. 

Dra. Karen Anahí Briano Veloz


Hanegraaff, Wouter (ed.). Dictionary of Gnosis and Western Esotericism. Leiden: BRILL, 2005, p. 22.

Periespíritu (en el espiritismo)

Del prefijo griego peri ("alrededor de"); y del latín spiritus. Se refiere al principio definido como "soplo", que en concepciones animistas se conoce como "alma"; es el principio de vida o la esencia de las cosas. En el espiritismo, el periespíritu es la sustancia sutil que reviste el alma humana y que constituye una especie de "materia intermedia" entre las dimensiones más groseras y las más sutiles del ser.

En El libro de los espíritus (1857), Allan Kardec (1804-1869) menciona que el espíritu está revestido de una sustancia lo suficientemente vaporosa para poder elevarse en la atmósfera y transportarse a otros ámbitos.1 Bajo esta lógica, el espiritismo propone que

la materia de los cuerpos está compuesta de una parte sólida y grosera y de otra sutil y etérea, y que la primera es la que sufre los efectos de la descomposición producida por la muerte, mientras la segunda persiste y acompaña al Espíritu. De este modo, el espíritu tendría una doble envoltura; la muerte no le despoja sino de la más grosera, y la segunda que constituiría el periespíritu, conservaría la huella y la forma de la primera, de la que sería como la sombra[...]. El periespíritu es al Espíritu lo que el periesperma es al germen del fruto. La almendra, despojada de su envoltura leñosa, encierra bajo la envoltura delicada al perisperma.2

Lic. Ana María Mancera Rodríguez


Kardec, Allan. Libro de los espíritus. Robinbook: Ediciones S.L., 2021, p.

 

"PERIESPÍRITU". https://kardecpedia.com/es/guia-de-estudio/890/manual-practico-de-lasmanifestaciones-espiritistas/1251/vocabulario-espiritista/periespiritu%EF%BB%BFkardecpedia.com/es/guia-de-estudio/890/manual-practico-de-lasmanifestaciones-espiritistas/1251/vocabulario-espiritista/periespiritu. Accedido el 21 de noviembre de 2023.

Personalidad

En la teosofía, la personalidad se refiere al "cuaternario inferior" (kama rupa, linga sharira, prana, rupa), es decir, al conjunto de cualidades, estados de conciencia, cuerpos —tanto material como sutiles—, recuerdos y características contingentes que conforman una encarnación particular. Todos estos elementos se van perdiendo con la muerte física, tras la cual, lo que sobrevive es la "individualidad" o tríada superior  (Atma-buddhi-manas) que se reviste con otros atributos en la siguiente encarnación. 

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Piedra filosofal

Del latín lapis philosophorum, se refiere, en alquimia, a la culminación del proceso de transmutación. Se consideraba que este misterioso objeto podía acelerar la transmutación de los metales innobles en oro y permitía a su portador alcanzar la inmortalidad. En la tradición griega, se pensaba que la piedra estaba formada por el perfecto equilibrio entre los cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra. María la Judía, una importante alquimista de Alejandría en los primeros siglos de la era común, la define a partir de su carácter ininteligible, como "(una) piedra que no es piedra, (una) cosa preciosa que no tiene valor, (una) cosa polimorfa que no tiene forma, (una) cosa desconocida que es conocida por todos"1. Durante la Edad Media los significados se ampliaron, ya que no sólo aludía al final del opus magnum, sino que se confundía con la panacea (o elixir medicinal) e incluso se consideraba un ingrediente adicional del proceso. A partir del siglo XV, las comparaciones entre la piedra y Jesucristo o el Santo Grial, se volvieron más comunes, al tiempo que se afirmaba que otorgaba la capacidad de volar o ser invisible.

Dra. Karen Anahí Briano Veloz


Hanegraaff, Wouter (ed.). Dictionary of Gnosis and Western Esotericism. Leyden/ Boston: BRILL, 2006, p. 25. 

Raza-raíz

En las "cosmogénesis" y "antropogénesis" blavatskianas (que son desarrolladas en detalle en su libro de 1888 La Doctrina Secreta), el término "raza-raíz" se refiere a una de las grandes etapas evolutivas de la mónada humana (o de la humanidad en su conjunto) en la Tierra. En total, la mónada debe pasar por un total de siete "oleadas" de esfuerzo colectivo que se manifiestan en un arco de descenso en la materia y otro de ascenso en el espíritu y que se subdividen a su vez en siete "sub-razas". 

A pesar de las inevitables asociaciones con cuestiones étnicas o de fenotipo, en la teosofía moderna, el concepto de "raza" trasciende toda contingencia e involucra grandes ciclos de tiempo, cambios de continentes marcados por una catástrofe, y modificaciones de la forma y la conciencia humanas. 

Las siete razas-raíz son las siguientes:

1) Polar

Estado: etéreo, casi incorpóreo. Conformada por seres luminosos, andróginos, formados de energía sutil (cuerpos etéreos). Inicia el arco descendente.

Continente o lugar mítico: Shveta-Dvípa, en el extremo norte.

2) Hiperbórea

Estado: semietéreo. Continúa el arco descendente. Indica el paso del cuerpo etéreo a una materialidad sutil, pero más densa.

Continente: Hiperbórea, una región ártica templada antes de la supuesta inclinación del eje terrestre. Seres andróginos.

3) Lemuriana

Estado corporal: físico, titánico, gigantesco. Continúa el arco descendente. Se da la división sexual y desarrollo del principio mental (manas).

Continente: Lemuria (Pacífico e Índico).

4) Atlante

Estado: plenamente físico, alto desarrollo de la mente, de la ciencia y la magia. Continúa el arco descendente. El uso inadecuado del conocimiento lleva a un cataclismo.

Continente: Atlántida (Atlántico)

5) Aria

Estado: humanidad actual. Punto de inflexión entre el arco descendente y el ascendente. Equilibrio entre mente y espíritu.

Continente: conformación actual, supuesto origen en Asia central.

6) Futura

Estado: espiritualizada, más etérica (arco ascendente o espiritualización), desarrollará la intuición.

Continente: se formará gradualmente en América y algunas regiones del Pacífico.

7) Final

Estado: puramente espiritual, fin del arco ascendente y conclusión del ciclo terrestre. Retorno a un estado divino y transición a una nueva "ronda" evolutiva global. 

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez


Santucci, James A. "The Notion of Race in Theosophy" en Nova Relligio: The Journal of Alternative and Emergent Religions, Vol. 11. No. 3, feb. 2008, pp. 37-63.

Reencarnación (en el espiritismo)

Con el propósito de “purificar” y, así, mejorar a la humanidad, el espiritismo kardeciano sostuvo que el alma proseguía con su perfeccionamiento a través del “sufrimiento” y la “prueba” de una nueva vida posible, tanto en el planeta Tierra como en otros lugares más metafísicos; es decir, abogó por la reencarnación, entendida como el acontecimiento en el cual, tras abandonar su cuerpo anterior, el alma se une a uno nuevo. Desde una visión aspiracionista y gradual, pero al mismo tiempo con tintes soterológicos, esta doctrina consideró dicho principio como la vía de mayor eficacia para la transformación moral, afectiva e intelectual del Espíritu, mediante el número necesario de “envolturas” corporales.

En ese sentido, los Espíritus obedecen la “ley del progreso”, cuyo movimiento siempre avanza hacia adelante. Si bien pueden permanecer “estacionarios” por algún tiempo, no retroceden. En caso de no avanzar, su castigo consistiría en recomenzar en el medio más adecuado a su naturaleza y, en particular, a sus pruebas fallidas o aún por concretar; en cambio, si continuara su camino correspondiente, alcanzaría un punto máximo de desarrollo en la última existencia que, una vez vivida, convierte al alma en un “Espíritu bienaventurado” o “Espíritu puro”.

Además, Allan Kardec (1804-1869) aseveraba que era factible vivir estas cuantiosas y escalonadas encarnaciones no sólo en la Tierra, sino también en otros planetas. Dialogando con las ideas de Camille Flammarion (1842-1925) sobre la pluralidad de los mundos, creía que estos últimos, por un lado, eran solidarios entre sí y, por el otro, poseían un grado, a veces distinto, otras similar, al de los demás; lo cual permitía a los espíritus viajar de uno a otro. Entre todos ellos, la Tierra, a decir de Kardec, se distinguía por ser uno de los más materiales y alejados de la perfección.

Lic. Ana María Mancera Rodríguez

Reencarnación (en la teosofía)

La reencarnación es la doctrina del renacimiento después de la muerte en vidas sucesivas, hacia niveles de perfeccionamiento cada vez mayor. En este sentido, constituye el medio de "evolución" de las almas o de la "individualidad", al liberarse de sus cualidades contingentes. Es un concepto estuvo asociado al de karma o ley de causa o efecto (adoptado por los teósofos del hinduismo y el budismo), que determina las condiciones de vida de la futura encarnación según sus méritos. 

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Rubedo

Es considerado, en la tradición alquímica, como última etapa del proceso de transmutación que corresponde a la sublimación. Es el resultado de haber transitado correctamente las fases anteriores (nigredo y albedo), es decir, de haber sobrevivido a la putrefacción y la purificación de la prima materia. A nivel de lo cromático, alude al color rojo rubí, y a nivel de lo simbólico e iconográfico, se suele representar con la piedra filosofal, la aurora, o el surgimiento de un dragón rojo.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Séance o sesión espiritista

En el espiritismo, se refiere a la reunión de varias personas, presidida por un médium o guía, con el propósito de evocar el espíritu de los muertos y seres de otros planos, a través de distintos medios. Entre los más representativos se encuentran el uso de "dispositivos", como la ouija y las mesas giratorias; actividades, como la escritura automática; o movimientos, como los "pases" para manipular el "fluido magnético", y los golpeteos o "rappings", que constituyen un lenguaje en clave.

Entre los fenómenos supuestamente provocados durante las sesiones, se encontraba la "materialización" de los espíritus por vía del médium y su manifestación a manera de ectoplasma. La sesión debía cumplir condiciones específicas, como la presencia de la mesa, poca o nula iluminación y tomarse de las manos para formar "cadenas".

Según Allan Kardec (1804-1869), dependiendo del propósito de la sesión, se emplean ciertos médiums y se obtienen diferentes resultados. En este sentido, en su clasificación más general, las sesiones pueden ser "frívolas, experimentales o instructivas". Las primeras se componen de personas que buscan el lado complaciente de la experiencia, como el contacto con un ser querido que ha fallecido. Las segundas tienen por objeto la producción de manifiestaciones físicas, que pueden ser registradas o estudiadas con la ayuda del uso de tecnología, como el daguerrotipo. Y las terceras se llevan a cabo con el propósito de obtener verdadera enseñanza y guía moral.1 

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez y Lic. Ana María Mancera Rodríguez

Imagen seleccionada por: Mtro Luis Adrian Linares Sánchez


Kardec, Allan. El libro de los médiums. Brasil: Instituto de Difusión Espírita ,1996, pp. 128-135.

Sonambulismo

Del latín somnus "dormir" y ambulare "caminar", el sonambulismo se refiere al estado de sueño o duermevela, ya sea natural o inducido, en el cual ciertas facultades subconscientes toman el lugar de las conscientes en el cuerpo para realizar acciones erráticas o intelectuales, tales como caminar dormido o responder a preguntas y resolver problemas.

A esta condición, se le atribuyen tres causas: un temperamento nervioso predispuesto, una enfermedad particular considerada como un síntoma de crisis, uno de los procedimientos propios del magnetismo animal o resultado de alcanzar un elevado desarrollo físico, mental y espiritual.

Ahora bien, para identificar su origen, hay quienes designan al fenómeno con distintos nombres. Si el sueño tiene una causa fisiológica lo denominan "noctambulismo"; en cambio, si ha sido provocado, "sonambulismo hipnótico"; es decir, cuando su aplicación obedece a contextos mesméricos, hipnóticos o de sugestión.

Mtro. Luis Adrian Linares Sánchez

Summerland

Dentro del espiritualismo norteamericano, el término summerland fue utilizado para hablar sobre la región más elevada después de la muerte; es decir, el último círculo a donde se dirigen los espíritus luego de abandonar el plano físico. Aunque cada religión tiene una concepción equiparable para referirse al estadio último e idílico después de trascender lo físico, la denominación summerland se distinguió por concebirse desde una perspectiva edificante, cientificista y clasificatoria, propia del siglo XIX. Para Andrew Jackson Davis (1826-1910), lector de Emmanuel Swedenborg (1688-1772) e interesado por el mesmerismo, este concepto correspondía a la última de las esferas concéntricas y jerarquizadas que rodean la Tierra. En ese nivel de más alto desarrollo sólo habitan los espíritus más evolucionados y se vivía de forma armónica; en otras palabras, se trata de un espacio donde, a modo de la idea cristiana de paraíso, no existe el dolor ni el vicio, sino que todo lo rige la serenidad, el goce y la belleza. Ahí, en efecto, los momentos de regocijo experimentados por los espíritus mientras estaban encarnados hallan su realización más sublime y perfecta. Inclusive, tal lugar podía servir de antesala para la reencarnación, donde el espíritu podía habitar durante un lapso considerable de tiempo antes de encontrar una nueva “envoltura” corporal.

Mtro. Luis Adrian Linares Sánchez

Telepatía

Facultad de percibir o enviar pensamientos de una persona a otra sin que medie el contacto físico o los sentidos exteriores, en especial, aquellos relacionados con el habla; es decir, consiste en la transmisión de algún mensaje o contenido de un cerebro a otro por vías diferentes a las convencionales, inclusive, a distancia. 

Si bien esta capacidad psíquica, dentro de los estudios de la mente, es vista como una coincidencia inexplicable entre los estados psicofisiológicos de individuos; también ha tenido explicaciones desde el ocultismo y la parapsicología. Dentro de estos rubros, dicha habilidad ha sido diferenciada de la percepción extrasensorial y la clarividencia. Por ejemplo, William Crookes (1832-1919), dialogando con el discurso científico de su época, aseguraba que la telepatía se debía a que las moléculas del cerebro viajaban a partir de vibraciones físicas y, por lo tanto, eran capaces de actuar directamente sobre otras moléculas.

En la primera etapa de desarrollo de la teoría psicoanalítica, Sigmund Freud (1856-1939) sostuvo que la telepatía era el único fenómeno relacionado con el ocultismo al que no encontraba explicación científica, por lo que estaba abierto a la admisión de otro tipo de causalidad "oculta".1 Más adelante, incluso dedicaría al asunto un estudio titulado "Psicoanálisis y telepatía" de 1921 y la conferencia "Sueños y telepatía" de 1933.

Dr. José Ricardo Chaves Pacheco


Moreau, Christian. Freud y el ocultismo. Barcelona: Gedisa, 1999. 

Triada superior

De acuerdo con el modelo teosófico de la constitución septenaria del hombre, la "triada superior" se refiere a los tres componentes de la individualidad o ego imperecedero y reencarnante, a saber: manas (superior) o principio mental, buddhi o alma espiritual, que opera a su vez como vehículo de la intuición y de la  manifestación de Atman o espíritu universal. 

Todos estos componentes son de naturaleza espiritual, es decir, que trascienden la contingencia del "cuaternario inferior" que da forma a las manifestaciones temporales de cada encarnación.

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Uróboros

Dragón o serpiente que se muerde la cola. Símbolo de la muerte y resurrección o de la eternidad que ilustra todo el proceso alquímico. La representación más antigua aparece en una copia griega del siglo XI de un antiguo manuscrito egipcio de tipo alquímico, mejor conocido como el papiro de Ipuur. Ha sido incorporado en diversos sellos y emblemas esotéricos, por ejemplo, en el de la Sociedad Teosófica, donde representa el carácter cíclico de la manifestación cósmica. Otras tradiciones esotéricas y religiosas tienen símbolos equiparables.

Dra. Karen Anahí Briano Veloz

Viaje sideral

De acuerdo con el espiritismo, los espíritus, como seres incorpóreos, son creaciones de Dios que habitan los espacios y poseen ciertas cualidades como la ubicuidad; la irradiación o capacidad de proyectar el fluido, la posibilidad de reencarnar o de tener distintas existencias corporales y la capacidad de trasladarse de un lugar a otro. En este sentido, la antigua idea del viaje del alma se incorporó al espiritismo en conjunto con la concepción de la pluralidad de mundos habitados y la pluralidad de existencias. De este modo, los viajes siderales, cósmicos o celestes se explican a partir del proceso de desprendimiento del alma, ya sea por la muerte, el sueño o por estados como el sonambulismo, el trance mesmérico y, en una iteración más secular, la hipnosis. El viaje sideral es considerado como una vía de conocimiento, comprensión y progreso, pues en el trayecto, existe la posibilidad de que el espíritu conozca a los seres que habitan otros planetas, algunos más adelantados física y moralmente. 

Dra. Dulce Adame González

Yugas

Este término sánscrito proviene de la tradición hindú y significa "edad" o "era". Designa las grandes edades o ciclos de tiempo que rigen el devenir cósmico, terrestre y humano. La teosofía moderna asimiló y reinterpretó esta noción dentro de su propio marco hermenéutico, dotándole de connotaciones "evolutivas" y de "etapas de conciencia colectiva".

El hinduismo contempla cuatro edades o yugas del mundo que se repiten cíclicamente dentro de un Maha-Yuga (gran ciclo de 4 320 000 años). Cada uno de ellos marca una etapa de plenitud o decadencia de la espiritualidad y la materia:

1) Satya-Yuga (1 728 000 años). Edad de oro, verdad y pureza. Predomina la sabiduría divina.

2) Treta-Yuga (1 296 000 años). Decae la pureza; surgen los conflictos y el sufrimiento.

3) Dvapara-Yuga (864 000 años). División de la humanidad.

4) Kali-Yuga (432 000 años). Edad de hierro y oscuridad, materialismo e ignorancia. 

Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez

Asociaciones

  • Centre Esotérique Oriental
  • Centro de Estudios Filosóficos Cuauhtémoc
  • Centro Esotérico Mexicano
  • Centro Espiritista de Mazatlán
  • Centro Espiritista Lazo de Unión de Cienfuegos
  • Círculo Allan Kardec
  • Círculo Espírita Peralta
  • Círculo Espiritista Amor y Progreso
  • Círculo Espiritista de Cintalpa, San Luis Potosí
  • Círculo Espiritista La Luz
  • Congregación Espiritista de Buenos Aires, Fraternidad
  • Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal
  • Federación Anticlerical de México
  • Federación Espírita Mexicana
  • Iglesia Católica Liberal
  • Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas
  • Junta Central Permanente del Primer Congreso Nacional Espírita
  • Junta Permanente del Segundo Congreso Espírita de México y de la Federación y Confederación Espiritistas Mexicana y Latinoamericana
  • La Frateco de la Nova Vivo
  • Logia Aura
  • Logia Mercurio
  • Logia Sirio
  • Masonería masculina
  • Masonería Rito Nacional Mexicano
  • Orden de la Estrella de Oriente
  • Orden Martinista
  • Rito Mexicano Reformado
  • Sociedad de Estudios Psicológicos
  • Sociedad Espírita Central de la República Mexicana
  • Sociedad Espiritista de Matehuala, San Luis Potosí
  • Sociedad Espiritista de Tulancingo, Flammarion
  • Sociedad Parisiense de Estudios Espiritistas
  • Sociedad Potosina de Estudios Espíritas
  • Sociedad Progreso Espiritista de Zaragoza
  • Sociedad Teosófica
  • Societé Cientifique d’Etudes Psychologiques de París
  • The Copenhagen Center for the Study of Theosophy and Esotericism