Page 240 - En el país del Sol
P. 240
En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada
Con las otoñales crisantemas, con la primaveral
flor del cerezo forma la regia trilogía en el poema
floral del Japón... Como los griegos las
“Antesterias”, como los latinos sus “Floralias”,
como la pecadora Niza contemporánea los
floridos combates, el Japón celebra las fiestas de
sus jardines. La vida social de este pueblo
refinado está regada de flores, está regida por un
ceremonial y una etiqueta donde las flores
enardecen sus tintas y exhalan sus aromas. Ellas
intervienen en los nacimientos, en las
“fiançailles” y en las nupcias; acompañan al
asceta que se despide de la vida y al paladín que
va a encontrar a la muerte; hay flores para la
cabecera del enfermo y para las canas del
anciano; otras riman el ritual de los sagrarios o
recelan en su corola una muda plegaria para
implorar de las divinidades agrícolas la lluvia y el
buen tiempo; hay flores que sólo deben ser
contempladas al fulgor de la luna, otras para las
fiestas de té, para los cinco festivales o para la
240

