Las asociaciones esotéricas en las que se inscribe son:
- Logia Aura
- Sociedad Teosófica (1911-1958)
Una de las figuras más sobresalientes de la teosofía mexicana, pues además de sus labores administrativas en distintos puestos de la Sociedad Teosófica (ST) local, fue notable conferencista, escritor de artículos y crónicas, y traductor de importantes textos teosóficos, lo que permitió a los lectores mantenerse al día con los nuevos autores posteriores a las grandes figuras "clásicas" como Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), Annie Besant (1847-1933), Charles Webster Leadbeater (1854-1934). Se involucró en el medio teosófico tempranamente, desde los tiempos de Francisco I. Madero (1873-1913) en 1911, según señala Joaquín Valadez cronista teósofo, cuando escribe que para ese año "vino a engrosar nuestras filas el hermano Adolfo de la Peña Gil, pleno de juventud y siempre caballeresco, quien acababa de abandonar los estudios seminaristas para abrazar la causa de la Teosofía"1.
Durante su puesto como Secretario General de la Sección Mexicana de la Sociedad Teosófica —tras las administraciones de Agustín Garza Galindo (1881-1942), José Romano Muñoz(1890-1967), Agustín Servín de la Mora y David Cervera—, se adquirió el primer inmueble para alojar a la institución en la calle de Iturbide 28 de la Ciudad de México, donde por muchos años estuvo ubicada la sede de la sección, desde su conformación en 1919. Por su clasificación jurídica, la ST mexicana no podía tener en propiedad bienes raíces, por lo que tuvo que crearse un organismo civil que la representara, a saber, la "Fraternidad Universal A.C.", lo que permitió la administración de patrimonio material y la publicación de libros, entre otras actividades. Debido a "su evidente adhesión a la causa teosófica, su dinamismo, sus dotes de magnífico organizador y su total entrega al servicio de la Sociedad, mereció ser reelecto sucesivamente hasta el año de 1958, en que ocurrió su defunción" 2.
De la Peña Gil fue un gran traductor que vertió al castellano nuevos autores como P. T. Pavri y su libro Teosofía explicada, o libros desconocidos en español de viejos autores como C.W. Leadbeater, tal el caso de El perfume de Egipto y otras historias raras. Al principio las traducciones de De la Peña Gil se canalizaron por la cooperativa "Fraternidad Universal" de la ST, y después por la Editorial Orión, que se convirtió en la más importante editorial de temas teosóficos en México, sólo comparable al caso de la editorial Kier en Argentina, con la diferencia de que su catálogo incluyó nuevos e importantes autores teosóficos como Pavri, Sri Ram (1889-1973) y Geoffrey Hodson (1886-1983) (que no podían adquirirse en Kier) y a precios más accesibles. Un importante y novedoso título del catálogo de Orión que se añadió a la bibliografía teosófica en español en la segunda mitad del siglo XX fue Cartas de los Maestros K.H. y M. a A.P. Sinnett, con dos ediciones, la primera de 1968, hecha por los teósofos uruguayos Álvaro Araujo y Mario Méndez; la segunda de 1972, realizada por Salvador Tayabas y Sonia Pérez de Tayabas, miembros de la logia Aura, primera en ser fundada en México. Esto permitió de manera pionera la circulación de este texto fundamental en muchos países de América Latina, con lo que Orión, junto con la Kier, posibilitaron la circulación y renovación teosófica en la región, tras la caída editorial en España después del arribo de Franco (1892-1975).
De la Peña Gil tuvo un importante papel durante la visita de C. Jinarajadasa (1875-1953) en 1929 (inicios de julio a 3 de septiembre) a México. Este importante personaje teosófico había sido vicepresidente de la ST de 1921 a 1928, durante la presidencia de Annie Besant, y después fungió como agente presidencial itinerante y eventualmente llegaría a ser el cuarto presidente de la ST mundial, en 1945. En calidad de agente presidencial hizo un largo viaje a América Latina y España en 1929, del cual quedó como constancia el folleto por él escrito Un año de viaje por América Latina (1930). Jinarajadasa fue un hombre de gran cultura y sensibilidad, que conocía varios idiomas, incluidos el español y el portugués, por lo que sus giras fueron muy exitosas. En México, estuvo acompañado en su viaje por De la Peña Gil, quien escribió una serie de artículos al respecto bajo el título 6000 kilómetros de campaña teosófica, publicada en la revista México teosófico.
También De la Peña Gil jugó un importante papel durante la visita de J. Krishnamurti (1895-1986) al país en 19353, como parte de una larga gira iniciada en América del Sur (Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Perú), con dos breves paradas en Centro América (en Panamá, para conocer el Canal y en Costa Rica, para saludar a un entusiasta e insistente grupo de seguidores que había viajado desde la capital a la costa pacífica), tras haber cancelado las visitas formales en esa región central y en el Caribe. El recorrido sudamericano había estado marcado desde el principio por una cierta tensión entre los propósitos de Krishnamurti, ya liberado del aura mesiánica que los dirigentes Annie Besant y C.W. Leadbeater habían depositado sobre sus hombros, y las expectativas de su público latinoamericano, constituido en su mayoría por teósofos que seguían aferrándose a la vieja imagen cultivada por más de dos décadas de mesianismo esotérico. Esto llevó desde el principio de su gira a conflictos con dicho público, aparte de la presión exterior ejercida por católicos y prensa conservadora, que lo seguían presentando como teósofo, a pesar de que él rechazaba constantemente tal clasificación. Sus opiniones contra la ST y sus autoridades mundiales (Arundale y Jinarajadasa), contra su propuesta esotérica tradicional de maestros invisibles, reencarnación, sendero espiritual, libros sagrados y demás, habían asombrado, escandalizado y hasta enojado a algunos.
Toda esta tensión acumulada estalló en México. El 25 de octubre de 1935, Krishnamurti, tras varios días en el país, y hasta con pláticas ya dadas, sostuvo una conversación privada con miembros de la ST, en la que les reclamó, sobre todo a De la Peña Gil, su supuesta animadversión a su principal acompañante, D. Rajagopal (1900-1993), con el argumento de que él, Krishnamurti, estaba siendo usado como un instrumento en sus manos para enriquecerse y atacar a la ST. Aclara a De la Peña Gil y a los demás que él no es teósofo, que su trabajo es opuesto al de la ST, que él está en contra de toda autoridad. Usó entonces una célebre metáfora: que él no podía dar con una mano el veneno (la organización, las instrucciones, los maestros), y con la otra el remedio contra el miedo, contra la falta de comprensión espiritual. Además, Krishnamurti se queja -sin fundamento, más bien como autojustificación- de la falta de organización de los teósofos mexicanos, y no duda en cancelar sus conferencias en otras ciudades de la República (Tampico y Guadalajara), con el mismo argumento usado en otras partes: que no existían las condiciones previas para una adecuada comprensión del público. Además, notifica la destitución de De la Peña Gil de su organización krishnamurtiana debido a sus preferencias teosóficas y anuncia su sustitución por otro teósofo de renombre, el Sr. Garza Galindo, lo que muestra que a Krishnamurti no le era posible, pese a todo, prescindir de los teósofos, pues estos eran quienes principalmente lo rodeaban (y financiaban).
Ante los alegatos de Krishnamurti, De la Peña Gil no se arredró, y respondió que más de dos tercios del costo del viaje habían sido donados por los teósofos o sus allegados, a los que, por supuesto, no les había gustado lo que ellos consideraron ataques contra la ST. De la Peña Gil reitera que Rajagopal tenía un profundo rencor hacia los dirigentes teosóficos con base en asuntos de dinero y propiedades. Afirma que tales ataques (de causa material y expresión supuestamente espiritual) habían ocasionado divisiones en otros países como Uruguay y Argentina, pero que en México el daño había sido menor, sin ninguna renuncia de miembros. Así, a pesar del conflicto generado en el país durante la gira de Krishnamurti y a diferencia de otras comunidades nacionales, la mexicana no se dejó abatir por sus críticas y mantuvo su cohesión. Los argumentos de De la Peña Gil resultaron convincentes para muchos teósofos mexicanos, a tal grado que siguió como Secretario General de la sección por muchos años, hasta su muerte en 1958.
El trabajo de De la Peña Gil corresponde sin duda al mejor periodo de la actividad de la ST en México, su "Edad dorada".
A continuación se reproduce la necrología publicada en la revista Dharma. Órgano de la Sociedad Teosófica en honor a de la Peña Gil, por el nuevo editor, el Ing. Arturo Vado Lopez:
A pocos meses de distancia de la desencarnación del hermano De la Peña Gil (como solíamos llamarlo), se escribe esta síntesis de la vida física del que fuera por más de 22 años Secretario General de la Sociedad Teosófica, Sección Mexicana.Nació en el pueblo de Mascota, Estado de Jalisco, el 25 de septiembre de 1882, siendo sus padres Doña Tomasa Gil y Don Antonio de la Peña. Desde muy pequeño sobresalió por su naturaleza sensible y emotiva además de su gran inteligencia. Obtuvo medallas en premio a sus estudios en el Seminario de Guadalajara. Todas estas cualidades le habrían de ayudar en gran manera a servir a la entonces naciente Sociedad Teosófica en México, ingresando a ella cuando todavía sus logias dependían de la Rama de Cuba.
Los Maestros antes de aceptarlo habrían de poner a prueba su valía y esto sucedió en 1917, dos años después de su entrada a la Sociedad, cuando casó con una bella señorita, quien le planteó el dilema de escoger entre la Teosofía y ella con su hijo. No cabe duda de la naturaleza de esta decisión que fue no tan solo trascendental en su vida, sino también para la Sociedad Teosófica en México, de cuya tremenda prueba salió triunfante, entregándose después de este gran sacrificio a la noble causa teosófica.
Se encaminó a la India. En Australia conoció al señor Leadbeater, a la Dra. Besant, Jinarajadasa, Krishnamurti y a otros grandes directores del movimiento teosófico. Su jira se prolongó tres años en los que estuvo muy ocupado recibiendo las enseñanzas directas de estos notables seres espirituales.
De regreso a México se dedicó de lleno a la Sociedad Teosófica. Fue Secretario General de la Sección Mexicana desde 1928 hasta 1935 y nuevamente en 1943. Casó con la Srita. Victoria Eustolia Hernández, hermana que ha consagrado también su vida al servicio y que fue una gran ayuda para el hermano De la Peña.
Es digno de encomio el afán de servir a la Sociedad Teosófica del hermano De la Peña, que empleaba casi 15 horas diarias en el trabajo, el cual sólo terminó en este plano al desencarnar, pleno de serenidad, a la edad de 76 años el 23 de noviembre de 1958, después de 43 años de infatigable labor.
El hermano De la Peña Gil contagiaba alegría al estar a su lado, la paz y serenidad de él hacía sentir su influencia benéfica en quienes lo trataban. Era amante de la música (tocaba el piano) y gustaba de las manifestaciones del arte.
Ya para acabar solo cabe desear felicidad a aquellos que se la han procurado a los demás, pues allí está la verdad. Como dijera el ejemplo viviente del Maestro Jesús: "El más grande entre vosotros será el servidor de todos". 4
Dr. José Ricardo Chaves Pacheco y Dra. Guadalupe Antonia Domínguez Márquez
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