Page 124 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          se abatían los cuervos lanzando un último


          graznido...


                 Entonces no pensaba que poco tiempo

          después volvería a uno de aquellos templos para


          presenciar las imponentes ceremonias de un


          funeral budista, y que en las esplendideces de


          aquel fabuloso teatro se desarrollarían,


          deslumbrando mis ojos y ensombreciendo mi

          ánimo con su grave poesía, los extraños ritos del


          misterioso culto.


                 Acababa de descifrar la ilustre firma de un

          hermoso kakemono, extraído por mi ávido amor


          a las obras de arte, de la polvorosa trastienda de


          un anticuario y me disponía a reintegrar la bella


          pintura en su funda de viejo brocado, cuando un


          criado nipón, risueño y reverencioso, entra a mi

          cuarto y me entrega una carta. A la luz del día


          que declinaba descifro el mensaje: El Conde


          Kuroda, presidente del Consejo privado del

          Emperador, había muerto, y Mr. L., un


          distinguido amigo mío cuya posición le daba






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