Page 190 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          ornamentación y al decorado, otros factores que


          no son la eterna hoja de acanto de los capiteles o


          la cara de león de la gárgolas clásicas, ni el

          bestiario monstruoso o la intrincada vegetación


          de la época ojival.


                 Gracias al ejemplo naturalista de los


          japoneses, los artistas de nuestro mundo han


          visto la gracia y el encanto que tiene una flor de

          amapola elevándose sobre su tallo sinuoso, junto


          a la cápsula deshojada que, estremecida por el


          viento, riega sus negrísimas semillas; o en un

          campo apaisado la armonía de una rama de


          almendro o de durazno florido y la gracia


          decorativa de un insecto, una araña en medio de


          su tela reticulada, un coleóptero entreabriendo


          sus metálicos élitros, un longicornio alargando

          sus articuladas y vibrantes antenas.


                 Y de ese ejemplo fecundo y glorioso han


          surgido los artistas que hoy en el gran arte o en

          las artes aplicadas, expresan mejor la belleza. En


          Francia son, remontándose al romanticismo, los






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