Page 75 - En el país del Sol
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POEMAS EN LA TINIEBLA





          Aquella noche del 4 de julio, el carruaje duende,


          el raudo cochecillo de laca negra me llevó frente


          al mar. La inmensa bahía de Yokohama me


          saturaba con sus salobres ráfagas frías. Detrás de


          mi espalda se amontonaba la multitud nipona:

          musmés de trajes multicolores, obreros de largos


          kimonos, pescadores y marineros casi desnudos,


          y más allá, en las terrazas de los hoteles a la

          moda, la población europea; burgueses sin más


          color que el de su traje, moneymakers que del


          fondo de sus tiendas salían para celebrar la


          independencia de la nación yankee. Aquellos


          elementos banalmente europeos y agriamente

          mercantiles infiltraban su palmaria fealdad en mi


          pura sensación de arte; pero al fin el arte pudo


          más que ellos...

                 Una banda de música, que atacaba los


          primeros compases de cierta marcha de


          “Lohengrin”, distrajo mi atención en los instantes
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