Page 76 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          en que un gran clamor de la multitud me hizo


          volver el rostro... El cielo oscuro de la bahía se


          inflamaba! Hasta entonces el mar de glaucas y

          espesas olas de intenso azul índigo y el cielo de


          un gris aperlado, no tenían en su sorda


          desolación más que los fulgores lejanos de las


          luces de situación ardientes sobre los buques


          anclados y rielando brumosamente en el agua.

          Arriba eran como vagas esmeraldas y turbios


          granates y topacios opacos, y el reflejo de todo


          aquello sobre el mar debilitaba sus colores,

          amenguaba sus tintas; la esmeralda, al reflejarse,


          era el vidrio de una botella, el topacio de un


          ámbar espeso, el granate sangriento no era más


          que un mate coral... Y he aquí que, simultáneos


          con el clamor de la multitud, todos los fuegos se

          avivaban, depurando sus brillos y acrisolando sus


          resplandores! Toda la bahía se incendió; en los


          más oscuros rincones hubo una súbita

          conflagración; todo irradiaba, todo era


          incandescente! En los mástiles de los buques






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