Page 79 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata


          fuerte... Al punto la fortaleza se rinde, se hunde,


          desaparece entre nubes de polvo...


                 Y ahí tiene voz la verídica historia de la toma

          de Santiago de Cuba relatada por un cohete


          japonés! (No creo que la refieran de otro modo


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          los Tácitos del porvenir!)



          16  El texto de “Sitios, episodios, impresiones”, de Revista Moderna, del
          que fueron tomados los capítulos anteriores prosigue con dos
          apartados más, bastante extensos, que fueron excluídos de En el país
          del sol. La firma “Yokohama, otoño de 1900” tampoco fue trasladada.
          Reproduzco los dos apartados a continuación:

          Una calle japonesa es el lugar más propicio para los estudios de un
          acuarelista. En el Japón, en Yokohama por lo menos, las calles están
          limitadas en ambos lados por los costados de los pequeños bloques o
          manzanas, y mientras las habitaciones forman la parte superior de las
          casas, los pisos bajos están casi invariablemente ocupados por tiendas
          de todos géneros, desde la joyería en cuyas vitrinas horizontales como
          pupitres se alinean las obras maestras de la plata repujada y del
          esmalte cloisoné, hasta la mercería llena de nonadas, hasta la tienda de
          curiosidades, donde se admiran los cascos, los sables, los férreos
          abanicos de guerra y las armaduras ecuestres de los daimios feudales y
          de los belicosos samuráis.* El que ahí entra, por indiferente que sea a
          las maravillas del arte humano, tiene que sentirse posesionado por el
          vértigo del bibelot. Cree uno haber visto en una vieja tela del non plus
          ultra de la tapicería o el más fino producto de laca, cuando instantes
          después el mercader socarrón y risueño, en medio de una serie de
          reverencias, os presenta otro bordado y otra laca que superan a las
          anteriores. Pero la maravilla no se encuentra precisamente en lo
          grande y en lo ostentoso, sino en lo escondido, en lo diminuto que el
          artista japonés ha fabricado durante meses, inclinado como un miope y
          paciente como un gusano de seda! Y en aquellas obras maestras
          minúsculas no es sólo la paciencia (la paciencia irritante del chino que
          grabó una máxima de Confucio en un grano de arroz) lo que tenéis que
          admirar, sino la inspiración, los gestos expresivos, los aspectos de la
          naturaleza tan verídicamente trasladados a un fragmento de oro o a
          una astilla de marfil! Así en un netsuke,** en una estatuita de dos


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