Page 89 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata


          agonías sardónicas y aquél llora, sólo que para


          llorar no tiene más que dos pupilas y dos


          lagrimales, lo demás es hueso, el hueso de una

          calavera descarnada... Y aquellos rostros de


          pesadilla tienen trajes bordados que harían feliz


          a la querida de un rey! Túnicas de seda imperial,


          recamadas de oro puro y virgen, trajes cuajados


          de pedrería y perfumados de pecador almizcle

          tibetano y de azul y místico incienso...!


                 Más allá pilares revestidos con paños negros


          llenos de caracteres de oro... más allá, en lo que

          será el ábside, más oro arrojado por la mano


          febril y delirante de un artista amarillo y


          diabólico que fuera el Miguel Ángel de los


          ensueños siniestros! Las flores que una


          olvidadiza Primavera dejó en los húmedos y

          misteriosos campos nipones chorrean grasa


          después del banquete y están estrujadas,


          despedazadas por los pies de las mujeres chinas,

          pequeños y agudos como verdaderas pezuñas.


          Millones de cohetes han estallado durante el día






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