Page 151 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata


          guardarropa, tapicerías suntuosas, gasas que


          flotan con la tenuidad de una nébula...


                 Frente a esos encantados escaparates, las

          musmés y los niños rodean a un campesino cuyo


          ancho sombrero de paja imita el cónico techo de


          una choza. De los cajones que ha descargado de


          sus hombros se escapa una música de floresta,


          un rústico cascabeleo, un trino continuo y

          estridente. El campesino es un vendedor de


          grillos y cigarras que aprisiona en pequeñísimas


          jaulitas de bambú. Los japoneses de imaginación

          poética y poderosa, aman tener en su cabecera,


          en las noches, cuando el sofocante calor abruma,


          una de esas jaulitas de donde se escapa el


          cristalino estribillo evocando visiones de selvas


          húmedas y sombrosas, despertando ideas de

          frescas brisas y de arroyos murmuradores...


                 Y el japonés más inculto dice y siente que el


          canto del grillo es fresco, con el mismo aplomo

          con que Rimbaud mostraba el color de las


          vocales al escándalo burgués... Y es que el nipón,






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