Page 152 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada
artista ingénito, percibe naturalmente, ayudado
por su acuidad sensitiva, lo que el esteta
occidental no distingue sino con esfuerzo...
Dejando atrás al eglógico mercader, se llega a
una tienda donde los bronces lucen sus pátinas
oscuras como la caoba, estriadas con verdores de
cardenillo, brillantes como ónices o negras y
mates como el terciopelo... Más allá se ha
instalado un vendedor de aves y bajo la
iluminación que imita las claridades diurnas, la
pajarera trina, gorjea, con una vibración
constante y sonora como en los bosques al
despuntar la alborada, mientras que entre el
enrejado de las jaulas se adivinan fugazmente los
plumajes suntuosos de las aras y de los faisanes
dorados...
Después de la medianoche el festival declina;
los mercaderes cansados hacen más raros sus
pregones; las bandas de musmés antes risueñas,
desfilan en silencio, sin agitar sus abanicos,
sonando sobre las losas sandalias de madera.
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