Page 179 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata
Los agudos brillos de sus cascos partían como
saetas y las oblicuas sombras de sus cuerpos se
tendían como banderas abandonadas.
Marchaban, los guerreros, entre el duelo de
sus armaduras pavonadas de laca y el áureo
chispear de sus cascos damasquinados de oro;
eran sombra y luz, eran el día del Triunfo y la
noche de las matanzas, eran la muerte, eran la
Gloria...
El paladín de más alta jerarquía hablaba a los
demás sugestionándolos imperiosamente. El
actor que desempeñaba aquel papel debía ser un
gran trágico; la boca y la parte baja de su rostro
estaban cubiertas con la máscara de guerra; pero
a aquel hombre le bastaban los ojos para agolpar
en ellos como en un fanal condensador todos los
sentimientos de su alma. Indignado y conmovido,
como un caballero andante, narró una gran
injusticia, una suprema iniquidad y sus ojos en
blanco imploraron, y sus pupilas nubladas
sugirieron un llanto piadoso y aquellos ojos
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