Page 182 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada
quedó sola, después que un grupo de sirvientas
la rodeó con la lámpara veladora de papel, los
edredones, todos los accesorios para el sueño
japonés. Entonces a la izquierda del proscenio la
orquesta prorrumpió en una música inquietante,
mientras que a la derecha el coro, un coro como
el de la tragedia antigua, revelaba el misterio de
la matrona enigmática y la devolvía a la verdad
de un ser diabólico y malvado.
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El personaje semejaba una bruja partiendo
para el “sabbat”; su rostro iba perdiendo lo
humano y en todo su ser la felinidad se
acentuaba; hubo un momento en que sacudió la
cabeza y sobre sus sienes quedaron erizados dos
mechones grises como las orejas de un enorme
gato; luego con un sacudimiento resbaló el
primer traje y apareció un segundo que era como
la piel áspera de una hiena... Aquel ser tenía
entonces una dudosa ambigüedad y la mujer por
instantes iba transformándose en bestia... En
72 El texto de 1900 dice “su ser”.
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