Page 175 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata


          pasmo ante los cartelones de furiosas líneas y


          ardiente colorido...


                 Ávido de tanta novedad halagüeña, hice mi

          entrada media hora antes que la función


          comenzara. Un vestíbulo destinado a contener


          los millares de zuecos que los concurrentes, uno


          por uno, van abandonando al entrar y


          lateralmente dos locales, uno lleno de dulces,

          frutas y pasteles; el otro de todos los bibelots de


          la cocina japonesa y ambos indispensables en


          una asamblea que no se disuelve en las doce

          horas de un día... Avanzando más, la sala de


          espectáculo: un hall inmenso con un patio en


          medio, dos gradas de pequeños palcos a los


          lados, y a su frente el proscenio, cuyos misterios


          cubría en esos instantes un gran telón en forma

          de cortina corrediza, fresca y deliciosamente


          pintada con una tumultuosa “marina”. Como


          detalles, cortando el “patio” a lo largo y

          prolongando el escenario, dos caminos como


          puentes, por los que entran y salen los actores






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