Page 172 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          vimos tapicerías procedentes de las pagodas;


          porcelanas y “fayenzas” admirables; lacas áureas,


          negras o rojas; esmaltes “flambés” o “cloisonés”

          brillantes y sonoros...


                 Y cuando llegó el turno de las pinturas,


          admiramos las obras decorativas y grandiosas de


          los venerables Kano (“Motondri”, “Moronobri” y


          “Tanyu”); los “kakemono” hieráticos de los

          maestros primitivos que en oriente pintaban


          cuando en Grecia esculpían Fidias y Scopas; los


          ornatos de Korin; los animales de Sózén; los

          paisajes de Hiroshigué; los guerreros de Yosai; las


          mujeres de Utamaro y en fin, las escenas


          callejeras, paisajes, naturalezas muertas,


          bestiarios y gigantomaquias de Hokusai, ese


          genio único que fue a la vez el Leonardo da Vinci

          y el Rembrandt del Japón!


                 Quedamos abrumados, perplejos, exhaustos


          de la admiración y el entusiasmo derrochados

          durante aquella ostentación de maravillas










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