Page 169 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata
escanciado por el dueño del “yashiki” que lo
había minuciosamente preparado según todas
las intrincadas reglas de la ceremonia. Para
combatir el olor imperceptible del carbón, habían
ardido los perfumes entre cenizas calientes. Una
regla indeclinable de etiqueta nos obligaba a
cumplimentar al anfitrión sobre la belleza de los
innumerables accesorios del servicio del té. Y lo
hicimos sin recurrir a lisonjas hiperbólicas, pues
aquellas lacas enfundadas en brillantes brocados
eran venerables por viejas y por bellas; los
perfumes dignos de arder a los pies de una reina
y aquellas porcelanas estaban ennoblecidas con
las marcas ilustres de “Janzan”, “Awata” y
“Rakú”... A poco el anfitrión nos dijo que iba a
hacernos los honores de su tesoro artístico...
Chamberlain, uno de los más sabios escritores
que del Japón se hayan ocupado, dijo que: “el
japonés aristócrata, bajo el nombre general de
'Cha-no-yú', o 'ceremonias del té' cultiva todas
las artes que puedan producir el placer
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