Page 171 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata
talladas que desesperarían a los aurifabristas
bizantinos y a los lapidarios medievales.
Pequeñas esculturas representando cortesanas
del “Yoshiwara”, dignas de competir con la
breves estatuillas de Mirrina y Tanagra o con las
“figulinas” de Palissy... ¡Un murciélago tallado en
ébano cuyas alas se transparentaban a la luz; una
paloma que esponjaba sus plumas de marfil,
hinchaba su blanco buche lleno de arrullos y
cuyos ojos eran dos granates y cuyas sonrosadas
patas eran dos estrellas de coral!... Vimos una
tortuga de “Seimin”, el artista descendiente de
una familia de broncistas que durante cuatro
generaciones sólo han esculpido tortugas... Y el
quelonio que teníamos ante nuestros ojos era
algo prodigioso: la concha de escamas
poligonales, como sucias por el légamo del
pantano; la breve cabecita viperina de cuello
arrugado y granuloso, las patas con sus agudas
uñas y sus membranas interdigitales; todo estaba
representado con verdad asombrosa... Luego
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