Page 114 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          pasivamente al ignorado advenimiento... Con el


          “frufrú” inquietante que oyó Edgar Poe, como


          una estrofa de su “Nocturno”, un gran cuervo

          bajo la bóveda muda, vuela de una rama a otra...


          Y siguen desfilando los troncos de tullas y abetos


          en interminable columnata, prolongándose como


          en las feéricas perspectivas que grabó Doré,


          mediocre dibujante, poeta magnífico y

          grandioso...





          La calzada llena de grandeza y de misterio, no ha

          sido más que la prolongada obertura del gran


          poema religioso que comienza a deslumbrarme.


          Para llegar a los suntuosos templos de la Shiba se


          necesitaba el majestuoso preludio de aquella


          calzada, grandiosa como himno, dolorosa como

          marcha fúnebre, instrumentada por los cedros


          centenarios en cuya armonía solemne vaga el


          perfume de las resinas balsámicas como una

          dulce y tierna melodía...










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