Page 116 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          aquilatar aquellas reliquias tesaurizadas durante


          centurias hay que hacer frecuentes visitas y


          examinar cada joya con dilecta calma. Sólo así

          podrá admirarse la pintura de los Kano, el marfil


          esculpido por Eshin, los crespones de seda y los


          brocados de muertos emperadores y difuntas


          princesas; el oro macizo y repujado por los


          aurifabristas primitivos de ese arte milenario!

          Sale uno de ahí ofuscado, acallando dolorosos


          entusiasmos, con los ojos deslumbrados y con el


          tacto exasperado por la caricia de las sedas que

          duermen como brumas allá en el fondo de los


          arcones de sándalo...!


                 Bajo un cobertizo cuya techumbre es otra


          obra maestra de la arquitectura nipona, cuelga


          una campana gigantesca, no de la figura de las

          nuestras, sino como un hueco cilindro, coronado


          por un casquete cóncavo; el badajo de aquella


          campana es un ariete que impulsado por el

          campanero comienza a oscilar hasta que en el


          máximum de su vaivén topa en el bronce






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