Page 112 - En el país del Sol
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LOS TEMPLOS DE LA SHIBA
El eterno, el indispensable djinrichi corre por
anchas calles, dejando a un lado y otro mil
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pintorescas barracas, cubiertas de negras y
flotantes cortinas donde hormiguean en blanco
los caracteres insectos de la escritura japonesa,
barracas en cuyo “verandah” los frescos rostros
de las musmés asoman entre “aquariums” de
cristal llenos de peces de colores y macetas
azules que soportan cedros enanos; barracas
cuyos interiores desbordan sobre las banquetas
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maravillas del arte nipón: máscaras de atroces
gestos; lacas recamadas de oro; sederías
matizadas, avalanchas de frutas y de flores...
Al trote elástico del kurumaya el carruajillo da
vuelta describiendo un gran arco y la decoración
cambia de súbito. Al arrabal populoso, lleno de
ruidos y ardiente bajo el sol de la prima tarde
otoñal, sucede una calzada húmeda, silenciosa y
39 El texto de 1900 decía “umbrías”.
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El texto de 1900 decía “las maravillas”.

