Page 108 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada
frente a aquel pórtico de regia sencillez al mismo
tiempo que de absoluta elegancia!...
Nuestro kuruma, dejando atrás las bocacalles
de avenidas anchas y populosas, corre ahora a lo
largo de los muros exteriores del Palacio
Imperial.
Si de los simples muros que circunvalan a Tokio,
de sus enormes piedras cubiertas por líquenes y
musgos seculares, se desprende no sé qué
melancólica grandeza evocando el trágico y
sangriento pasado de la enorme ciudad, esa
melancolía majestuosa se agrava frente a los
muros que con doble valla rodean los jardines
palatinos y las misteriosas habitaciones del
Mikado. Separando la primera muralla, cuyo
terraplén corona una línea de pinos grandiosos y
venerables, de las espaciosas calles contiguas a la
regia morada, hay un canal de ancho cauce y de
sombría corriente, cuya tersura no turban más
que la brisa o los ruidosos aletazos de una garza
volando, a flor de agua. Aquellas piedras de un
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