Page 107 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata


          muros, allá en el fondo de bosques melancólicos


          y misteriosos. Casa del príncipe Konin, del


          marqués de Ito, del marqués Yamagata, los

          palacios se sucedían modernizados unos, de


          arcaica belleza los más pero todos marcados con


          un sello de noble sencillez y de suprema


          elegancia. Nada ostentoso, nada del superficial


          relumbrón tan caro al parvenu; el refinamiento y

          la aristocracia de aquella nobleza milenaria ha


          depurado el gusto y acrisolado las elegancias. Así


          la gran puerta del “Colegio de Nobles” es una

          maravillosa puerta de cedro impoluto con


          grandes clavos y aplicaciones de viejo cobre


          repujado y es indescriptible cómo se armoniza el


          tono de aquella madera virgen y la sorda pátina


          de los bronces, con el umbrío verdor de los

          abetos y el violeta oscuro de las murallas


          centenarias.


                 ¡Qué tête, la de alguno de nuestros

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          insuperables rastas,  esos Médici del Peluche,





          34  Rastacueros.


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