Page 130 - En el país del Sol
P. 130
En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada
seda cuyos tiernos matices encantaban la vista.
Luego del grave y radioso grupo sacerdotal
venían los conductores del duelo y enseguida el
prolongado cortejo de carruajes, blasonados con
las armas de la vieja aristocracia nipona, o
conduciendo a los miembros del cuerpo
diplomático extranjero. Sólo entonces pudo
nuestro carruaje incorporarse a los demás
vehículos que penosamente avanzaban entre el
grueso valladar humano que con su respetuoso
silencio expectativo se asociaba pasivamente a la
majestuosa marcha fúnebre. Por fin alcanzamos
las amplias y arboladas avenidas que denuncian
la vecindad de la ciudad sagrada. Por todas
partes las masas del pueblo llenando las calles
inmensas y las avenidas sin fin. ¿De dónde salía
aquella multitud que durante los kilómetros
recorridos no dejaba ni un solo claro a nuestros
lados? Pero en fin, Tokio tiene cerca de dos
millones de habitantes y la muerte del Conde
ilustre había conmovido a la población entera! Y
130

