Page 132 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          centenarios... En una de las esquinas se había


          instalado un “buffet” y las aguas minerales y los


          refrescos se escanciaban en medio del calor

          tórrido que secaba las gargantas. Pronto aquel


          lugar, la sala inmensa en cuyas triples alfombras


          se ahogaba el rumor de los pasos, se vio


          henchido por una multitud de “elite” donde se


          veían los altos dignatarios del imperio: príncipes,

          generales de vistosos uniformes junto a los


          embajadores y ministros de las potencias


          extranjeras. Pero hacía tiempo que yo había

          dejado de fijarme en los personajes cuyos


          nombres y títulos declinaba a mi oído mi


          distinguido acompañante... Toda mi atención,


          todo mi amor de artista por la naturaleza, había


          sido atraído por un jardincillo que se distinguía

          desde la verandah del salón.


                 Un feérico jardín minúsculo hecho para los


          festivales de algún genio hermano de Oberón y

          Titania; un parque en miniatura que de noche


          alumbraría una luciérnaga y que llenaría de ecos






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