Page 137 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata


          gongos metálicos rompían en una vibrante


          estridencia y los atambores, sordamente,


          estallaban en un ronco sollozo... Por instantes

          también, al decrecer la melopea, vibraba un


          sonido argentino, una fugaz nota de cristal, como


          si la clepsidra del tiempo cayera hecha pedazos


          en el fondo de la eternidad... Aquel murmullo era


          como una “berceuse” de ensueños fúnebres. A

          su obstinado rumor el caos se hacía palpable y


          las ráfagas de la tumba y las cenizas de los


          osarios parecían flotar en la atmósfera cuyo

          silencio acongojado se diría que iba a deshacerse


          en sollozos...; al cabo poniendo fin a nuestra


          angustia la melopea cesó. Al cabo, los bonzos de


          rostro ascético y emaciado desfilaron


          lentamente, deshaciéndose como fantasmas en

          el fondo nublado por el incienso de los


          pebeteros...


                 Momentos después llegó el turno de los

          oradores fúnebres que con voz hueca y


          monótona inflexión hicieron el elogio del finado.






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