Page 138 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          El maestro de ceremonias iba y venía


          conduciendo a los viejos compañeros de armas


          del ilustre muerto que, recogidos en su duelo,

          permanecían breves instantes frente al féretro y


          arrojaban en el perfumatorio breves puñados de


          incienso. Luego comenzó el general desfile frente


          al ataúd; cada uno de nosotros hizo un salutación


          y arrojó los granos de olibán sobre las brasas

          ardientes... y cuando todos desfilaron, el noble


          daimio quedó solo, solo en su ataúd de virgen


          madera, rodeado de los fúnebres pajes blancos

          que instantes después lo llevarían al campo de


          cremación para ser incinerado...





          Hubo un tiempo del remoto y épico pasado en


          que el viejo daimio, el difunto Conde Kuroda,

          corría sobre los campos de batalla, llevando en


          su diestra el blanco estandarte del sol naciente y


          tras de sí el alígero tropel de las Victorias...

          Entonces tuvo glorias y honores, la fortuna


          amontonó el oro en sus arcones, tuvo vasallos y






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