Page 135 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata
Yo tomé asiento entre los miembros de la
embajada china y los ministros de Siam y Corea...
Frente a nosotros, un gran estrado limitado por
pilares de madera revestidos de brocados
maravillosos que el fulgor de las bujías llenaba de
moarés estremecidos; a la izquierda el altar,
donde la “perla del loto”, el Buda sin miradas,
emergía del ancho cáliz de la flor hierática; y a
nuestro frente el ataúd de madera impoluta y
blanquísima entre un bosque de sombrías
coníferas, de lotos de carmín y de morados
crisantemos, salidos de los jardines imperiales.
Una pausa, una calma expectativa y en medio
de ella, entre las nébulas azules que flotaban
sobre los incensarios de bronce, como fantasmas
de otra edad que llegaran del fondo del pasado,
aparecieron los bonzos avanzando con rítmico y
solemne andar. Llegando al estrado se dividieron
en dos filas y formaron un cuadro, mientras que
en el centro, sobre sillones de roja laca, tomaban
asiento tres de los sacerdotes más ancianos. El
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