Page 225 - En el país del Sol
P. 225
Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata
sus reflexiones filosóficas se fue con ella a un
lugar tranquilo, rehusando cuanto alto empleo le
fue ofrecido por el Imperio.
Un día que filosofando se paseaba, notó que
había llegado a un cementerio; sobre un sepulcro
reciente, una joven de luto riguroso estaba
sentada soplando con un gran abanico blanco la
huesa húmeda todavía. El filósofo intrigado
preguntó a la joven qué hacía allí y ella le
respondió que esa tumba encerraba los restos de
su esposo tiernamente adorado, que dejándola
viuda en la tierra había destruido su vida para
siempre. Pero hija –preguntó Tjuang– qué haces
con ese abanico? –Nos amábamos tanto,
respondió ella, que cuando mi esposo agonizaba
me hizo prometerle que no me volvería a casar
antes de que la tierra de su tumba no estuviera
enteramente seca y ahora, prosiguió, volviendo a
llorar a mares, ahora la tierra no quiere secarse a
pesar de que hace mucho tiempo la oreo con mi
abanico.
225

