Page 226 - En el país del Sol
P. 226

En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


                 Pobre hija mía, exclamó el sarcástico sabio, te


          compadezco, y en prueba de ello voy a ayudarte


          en tu tarea.

                 La viuda aceptó el ofrecimiento y le dio al


          sabio otro abanico blanco, y como el filósofo


          poseía una virtud misteriosa conjuró a los céfiros


          hasta lograr que la tumba se secara. La joven


          viuda, radiante de dicha, se fue dejando a Tjuang

          sumido en profundas reflexiones.


                 Cuando Tjuang volvió a su casa tenía aún en


          la mano el abanico y su mujer celosa y excitada le

          preguntó de dónde venía. El sabio le contó el


          episodio agregando: “Ya ves que la mujer es más


          pérfida que las aguas del Océano”. Pero la


          esposa se indignó, replicando que esa viuda era


          una cínica, desvergonzada, afrenta de su sexo, y

          en el colmo de la indignación arrebató el abanico


          a su marido para hacerlo mil pedazos.


                 Poco después Tjuang-Tsé enfermó y murió al

          fin a pesar de los solícitos cuidados de su mujer.


          Poco antes de morir dijo a su esposa: “Lástima






                                                            226
   221   222   223   224   225   226   227   228   229   230   231