Page 229 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata


                 Rápidamente hizo pedazos el ataúd. Pero cuál


          sería su pavor al escuchar un profundo suspiro y


          al mirar al cadáver incorporarse lentamente con

          los ojos abiertos.


                 –Esposa querida, decía el aparecido, dame la


          mano y ayúdame a levantarme.


                 Helada de espanto la viuda llegó con su


          siniestro acompañante hasta la sala del festín. –

          Allí no vio a nadie, ni a su novio ni al viejo


          servidor.


                 Sólo vio a los comensales del festín ante

          quienes el filósofo resucitado pronunció estas


          palabras: “Tú, dijo a su mujer, no has vuelto a


          casarte; tu joven novio fue una encarnación de


          mi espíritu que quiso poner a prueba la fidelidad


          que me juraste; pero no se juega con el amor!

          Ven conmigo!”


                 Los comensales del festín que huyeron


          despavoridos, volvieron al día siguiente a la casa

          de Tjuang-Tsé, y en el fondo del jardín, bajo el


          ruidoso cobertizo, vieron el ataúd hecho astillas y






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