Page 227 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata
que hayas roto ese abanico... lástima, pues
hubiera podido servirte”.
El ataúd con el cadáver dentro quedó en la
cámara de luto hasta que los adivinos fijaron el
día de los funerales y la casa se estremeció con
los alaridos plañideros de la viuda desesperada.
Pero la mujer, en medio de su paroxismo
doloroso, a pesar de su duelo, entre el iris de sus
lágrimas distinguió a un joven que se confundía
en el grupo de los dolientes.
Cada día la viuda y el joven venían a llorar
ante el difunto, pero sobre sus pensamientos se
desahogaban en ardiente lluvia como flores
purpúreas los pensamientos de pasión.
Pocos días bastaron para el mutuo acuerdo y
la viuda ardiente procuraba cuanto antes
concluir el nuevo matrimonio.
Sin embargo, existían obstáculos
insuperables.
Él no tenía dinero y se rehusaba a que las
fiestas nupciales tuvieran por teatro la cámara en
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