Page 99 - En el país del Sol
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Prólogo, edición y notas de Rodolfo Mata
Pero pronto llegamos al campo abierto. Primero
los Estuarios cuyo avance limita, como invencible
antemural de las selvas niponas, la falda de una
montaña poblada de coníferas caprichosas que
crecen hacia los lados exactas, idénticas a las que
hemos visto en biombos, abanicos y tibores.
Sobre las pequeñas bahías ornadas con el
reflejo de los extraños árboles, cruzan al remo y a
la vela los funés, pequeños, como amarillas
góndolas y los sampanes de alta proa y cuya vela
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es un transparente de bambú. Y luego praderas
de brillantes verdes, pequeñas hortalizas,
simétricos plantíos cultivados como los jardines
de un palacio y entre cuyas matas se ve a cada
instante la inclinada silueta de un campesino
bajo su sombrero ancho y en punta como el
techo de un kiosko. Grandes mariposas de color
metálico azul pavo, revuelan arrastradas por la
columna de aire del tren y como único ruido,
la expresión sea “monte Fuji”. Se optó por uniformar el término a
“Fujiyama”.
27 Igual en ambas versiones. En “La gloria del bambú”, la palabra
“transparente” vuelve a aparecer.
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