Page 160 - En el país del Sol
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En el país del sol: crónicas japonesas de José Juan Tablada


          cuando llegamos a la sala en que debía servirse el


          almuerzo.


                 El anfitrión concluía de relatarnos la patética

          historia de la hermosa dulcera de Yedo, que a mi


          vez referiré en próxima ocasión a los lectores,


          cuando pasábamos a un gabinete donde los


          comensales extranjeros, el artista ruso y yo,


          cambiábamos nuestros trajes europeos por el

          nacional kimono, tan superior en confort y en


          elegancia... Luego el anfitrión dio la señal para


          que el almuerzo principiara.

                 Rehusando las sillas y las mesas altas que


          Miyabito-San nos ofrecía atendiendo a nuestras


          costumbres, nos agrupamos sobre las muelles y


          frescas esteras, en torno de los minúsculos


          guéridons, que apenas se elevaban del suelo. Fue

          aquel almuerzo exquisitamente japonés, no


          desentonando la unánime armonía más que la


          ineptitud disculpable del artista ruso que tomaba

          los palillos como si fueran el “tiento” y el pincel...


          Un potaje de nidos de “salanganas”, glutinoso,






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